¿Me recuerdas tu nombre?

¿Me recuerdas tu nombre?

Entre dos extremos oscila la fe: entre la erección de los altares y estatuas y su derribamiento.

24 de junio 2020 , 09:25 p.m.

Una de las mejores historias del 2017 fue la de esa anciana en Brasil que le rezaba con devoción y fe de carbonero a un pequeño San Antonio de Padova que en realidad resultó ser una figurita de Elrond, un personaje de 'El Señor de los Anillos'. La buena mujer llevaba años sumida en la equivocación, y cuando sus nietos trataron de corregirla no lo permitió: ya para qué, demasiado tarde. Ese era su San Antonio de Padova y punto.

Ahora: uno ve esa figurita de Elrond, con su túnica púrpura y su pelo largo, con sus manos en ascuas, y sí se parece más a la de un santo cristiano que a la de un elfo de 'El Señor de los Anillos'. Además la anciana tiene toda la razón: la devoción es un acto de fe –de eso se trata– y cada quien verá a qué le reza. La idolatría tiene eso de bueno, que hay quienes son capaces de ver a Dios hasta en un pedazo de pan.

O más que la idolatría es la iconodulia, la adoración de las imágenes. Una práctica tan antigua como la especie humana; una práctica tan antigua como su reverso y su otra cara, la iconoclasia, la destrucción de las imágenes. Entre esos dos extremos oscila la fe: entre la erección de los altares y las estatuas y su derribamiento y extirpación. La historia se escribe y se borra, su texto son también los tachones que no lo dejan ver.

En la Antigüedad era común que la gente adorara por error o por azar, o por lo que fuera, a la estatua equivocada. Y ya después nadie era capaz de deshacer el camino; ya para qué, demasiado tarde. También es que era muy fácil que una estatua se hiciera pasar por otra, a veces, y el desprestigio de los dioses o los héroes permitía una desvergonzada rotación en sus monumentos: bastaba cambiar el nombre y todos tan contentos.

A muchos emperadores romanos les cambiaban la cabeza: el cuerpo era el mismo de siempre, pero el rostro variaba según los caprichosos vaivenes del poder, la gloria, la fama y la infamia. Hubo casos en los que lo único que había que remplazar era el pedestal: otro nombre y otra inscripción bastaban para anular la memoria de aquel que caía en desgracia y ahora soportaba la eternidad con otro disfraz.

En San Petersburgo (Rusia) hay una serie de estatuas de bronce con los ocho arquitectos neoclásicos que le dieron grandeza y lustre a la ciudad. Uno de ellos se supone que es el francés François Thomas de Thomon, pero en realidad es el químico escocés Thomas Thomson. El uno nació en 1760, el otro en 1817. ¿Qué pasó allí? Nada: que el escultor buscó mal en Wikipedia y la estatua quedó con la imagen del genio que no era.

Quién va a corregir ese error, nadie. Entre otras cosas porque hoy ese es un monumento de verdad, un monumento triple: al arquitecto francés del siglo XVIII, del que solo está el nombre, al químico escocés del siglo XIX, que puso el cuerpo y la cara, y a las trampas y descubrimientos que siempre nos regala Wikipedia. Por supuesto, los turistas se toman fotos allí solo con la estatua equivocada. La única que se ve, equivocadas las otras.

Se acuerda uno de la estatua ecuestre del caudillo hondureño Francisco Morazán que está en la plaza central de Tegucigalpa, y de la que Gabriel García Márquez dijo, en su discurso al recibir el Nobel, que no era él sino el Mariscal Ney, héroe del ejército napoleónico. Hoy en día ya nadie sabe quién es quién de verdad, y hay también quienes no saben quién es quién en absoluto. Ni Ney ni Morazán ni García Márquez, qué más da.

Da igual: el busto de García Márquez en Buenos Aires no es él sino Ernest Hemingway, así el nombre diga otra cosa. Un homenaje bellísimo: los dos maestros fundidos en uno solo, como ese día de 1957 cuando se vieron por única vez en París.
Y pensar que un día serían estatuas.

Juan Esteban Constaín
catuloelperro@hotmail.com

Empodera tu conocimiento

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.