Más cuentachistes

Más cuentachistes

Acaba de pasar en Ucrania, donde su cómico más célebre barrió en las elecciones presidenciales.

24 de abril 2019 , 07:15 p.m.

La sátira política es una de las formas más antiguas y eficaces de la sátira como género literario. Y con toda la razón: si la idea es burlarse de algo, someterlo al escarnio, el rechazo, la mueca, la indignación –el “ludibrio”, decían los romanos: el chiste como una especie elevada del desprecio–, nada hay más grotesco ni merecedor de la risa que el poder. Nada produce a la vez más carcajadas y espanto que la política y su gente.

Por eso surgió la sátira, justo por eso: para poder deslizar contra los dioses y los poderosos una crítica sutil o implacable, una forma velada o audaz de la censura que fuera también una venganza: el momento épico, y a veces único, en el que los gobernados podían por fin sacudirse el polvo de la humillación y el mal gobierno. Quitarse el yugo y apalear con él, sin piedad, a quienes se lo habían impuesto a su pueblo.

El destino de los cómicos era por eso, casi siempre, el destierro o la muerte: caer en desgracia cuando sus víctimas descubrían, más tarde que temprano, el sentido verdadero de ese juego muchas veces cifrado que tanto hacía reír a los demás; reír y llorar. Entonces los poderosos se veían la cara en el espejo de la sátira, su alma turbia reflejada en él, y desataban su ira, que salgan los leones.

Entonces la gente vota por el abismo; por el remedio, un veneno, aun cuando es peor que la enfermedad.

Y dentro de la sátira, desde el siglo II, si no desde antes, hay un recurso muy popular, el de la imitación del poderoso: la representación humorística y teatral de quien gobierna. Al punto de que la caricatura viviente, allí personificada, resulta más elocuente y reveladora que el modelo original. De eso se trata: que al final nadie sabe dónde está el chiste ni el horror, de qué lado del espejo. Como en El gran dictador, de Charles Chaplin.

Ahora, sin embargo, el mundo asiste a una nueva moda política; o quizás a una etapa más en la evolución de la sátira como género literario e instrumento de la crítica. Ya no es la personificación de los poderosos por parte de los cómicos, su imitación grotesca y certera, sino la toma del poder real por parte de quienes hasta la víspera lo usaban solo como tema y modelo para hacer reír a su público. Los comediantes al poder, ahora sí en serio.

Ya había habido intentos democráticos por escoger en alguna parte a un burro, a un perro, a un simio, a un talco para pies: algún partido los lanzaba con la convicción, no exenta de lucidez, de que acaso esos candidatos fueran mejores que los demás, los de siempre; al menos no tan nocivos. Y muchos recordamos con nostalgia los días dorados del mundo cuando la gran opción política estaba encarnada en las ideas de la Cicciolina.

La tragedia ahora es peor: en Italia se impuso, desde hace unos años, el movimiento de un comediante que aún cuando lo era se caracterizaba por los mismos valores de su acción política de hoy: la mediocridad, la demagogia, la megalomanía y el fanatismo. Se llama (es su nombre artístico) Beppe Grillo y es el poder detrás del trono en el partido de gobierno, coaligado con el todavía más funesto de la Liga Norte.

Y acaba de pasar en Ucrania, donde su cómico más célebre barrió en las elecciones presidenciales. Allí, a ese punto tan bajo, se llega sin duda por el agotamiento de la gente con los políticos y sus miserias y sus sórdidas y estériles peleas, su sombra cada vez más dañina. Y con toda la razón. Pero también se llega allí porque el Estado en sí mismo se ha ido erosionando y desacreditando con el tiempo; su esencia, que es la legitimidad, desaparece.

Entonces la gente vota por el abismo; por el remedio, un veneno, aun cuando es peor que la enfermedad.

El nuevo totalitarismo: cuando la sátira ya no lo es más. El chiste se hace realidad.

catuloelperro@hotmail.com

Sal de la rutina

Más de Juan Esteban Constaín

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.