Lo que sí está

Lo que sí está

Ese pasado de La Violencia no está resuelto del todo; quizás todavía ni siquiera sea pasado. 

25 de septiembre 2019 , 07:00 p.m.

Suelo no darles respuesta en público, de ningún tipo, a las críticas que se les hagan a los libros que he escrito, ni buenas ni malas esas críticas, ni justas o injustas. Para qué: esos libros ya están allí y hablan por sí solos, y cobran vida en las manos de cada lector, cuya experiencia con ellos es un misterio (al menos para el autor) que los va poblando de impredecibles significados e interpretaciones. Todo libro refleja también a quien lo lee.

Hay casos, sin embargo, en los que más que una respuesta a una crítica concreta lo que cabe es una aclaración, una precisión, la rectificación de una lectura que adultera o falsea, por los motivos más diversos, desde la incomprensión o la premura hasta la mala fe, el espíritu de un libro, lo que está dicho en él. Y este es el caso, así que de entrada les ofrezco excusas a mis lectores, si es que los hay, por poner aquí esta pica en Flandes. 

En su última columna de la revista Semana, el domingo pasado, dice Antonio Caballero, a quien aprecio mucho, que en un libro sobre Álvaro Gómez que publiqué hace un par de meses yo “minimizo”, como si fuera una frase de “pasillos sin consecuencias”, la amenaza que profirió Laureano Gómez cuando en 1934 dijo en un artículo en la prensa: “Nuestro deber es hacer prácticamente invivible el ambiente de la república…”.

Conozco a Antonio y lo considero no solo un gran escritor –un maestro, para mí lo es– sino también un gran lector, serio y lúcido. Por eso me da la impresión de que no se ha leído mi libro, porque lo que yo digo en él es justo lo contrario, a saber: que esas frases incendiarias, irresponsables y brutales de Laureano, en ese momento de la historia, avivaron y desataron la guerra civil no declarada entre los liberales y los conservadores.

Es más: esa cita de Gómez en mi libro va antecedida por estas palabras: “Había allí también, claro, una gran violencia, el germen de un discurso sin matices… Un discurso que iba a recrudecerse con los años y que atizó sin duda la guerra en Colombia. Eso sí, eso nadie lo puede negar…”. Y luego añado: “El lenguaje ya era el de la confrontación, la ruta del abismo sectario parecía no tener marcha atrás, y no la tuvo…”.

Ahora: mi libro también es un intento, eso sí, por demostrar que Laureano Gómez no fue el único responsable de esa guerra civil no declarada, en cuyo origen están la indolencia y el fanatismo, la irresponsabilidad de todos los líderes de esa época, todos, liberales y conservadores, que con su espíritu de secta y su intransigencia propiciaron la degradación del diálogo político, la destrucción de la república.

Laureano Gómez fue, sin duda, uno de los protagonistas e instigadores de esa tragedia, sí, y eso no se puede minimizar, yo al menos no lo haría jamás. Pero él no estaba solo, y el relato de esa época funesta y oscura sí que nos sirve hoy, cual espejo, para ver cómo una sociedad se puede disolver y acabar gracias a la prédica enceguecida del odio y la anulación moral del interlocutor, la tergiversación de sus ideas.

Ese pasado de La Violencia (así en mayúsculas) no está resuelto del todo; quizás todavía ni siquiera sea pasado. Por eso hay que seguir pensándolo y contándolo, cada vez más. Pero con honestidad intelectual y rigor, sin perpetuar en el debate los prejuicios y maniqueísmos de esa guerra que también lo fue por culpa de una forma tan mezquina y dogmática de asumir y juzgar a los demás, de invalidar su pensamiento sin siquiera leerlo.

Sin querer leerlo aun haciéndolo, más bien, pero ya dije que suelo no responder en público las críticas que alguien le pueda hacer a un libro mío.

Aunque quedo tranquilo, pues esta es una respuesta a un amigo que todavía no se lo leyó.

catuloelperro@hotmail.com

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