Lo que queda

Lo que queda

¿Puede un símbolo religioso significar algo muy profundo por fuera de la religión misma?

17 de abril 2019 , 07:00 p.m.

Ahora pasa todo tan rápido en el mundo —ahora y siempre, pero ahora más que nunca— que a veces parecería también como si primero ocurrieran las noticias, y luego, un momento después, los hechos que ellas narran y revelan. En cuestión de segundos, como nunca antes había sido en la historia, lo sabemos ya todo, o casi todo. Nos enteramos con tal premura que vamos más rápido que el fuego, por delante de su voz.

Así fue el lunes cuando las llamas se abrían paso por entre la catedral de Notre-Dame, una de las más bellas y famosas de Europa, un lugar común. Era un incendio en vivo y en directo, visto con horror e impotencia desde todos los rincones de la Tierra. El humo subía al cielo en grandes bocanadas, como torres, un fantasma que se escapa y se va; Bernard Pivot escribió que ojalá tantas lágrimas pudieran servir para aplacarlo.

Hay cientos de casos que se pueden mencionar de símbolos de la fe cuya importancia cultural va más allá, mucho más, de sus valores místicos o teológicos o eclesiásticos.

Daba igual: como con casi todo ahora, lo importante de ese incendio no era tanto que estuviera ocurriendo, que también, sino la opinión que cada quien quería fijar muy rápido sobre él. El comunicado de prensa del día, la necesidad abrasiva —valga decirlo así— de no quedarse sin dar una declaración. Y ojalá, una declaración original, aguda, brillante, transgresiva, que no coincida con lo que los demás están diciendo. Ir más allá.

Lo de siempre: unos lloran desgarrados, se lamentan; otros cuentan sus historias, ‘cuelgan’ sus fotos. “Estoy contigo, París, me duele el corazón...”, emojis con lágrimas. Hasta que salen los que increpan a los que están sufriendo y les dicen que son unos ‘sobreactuados’ y que por qué ahora sí y antes no, por qué aquí sí y allá no, por qué con esto sí y con aquello no. Luego salen los que dicen que cada quien verá con qué sufre y con qué no.

Hay en el caso de Notre-Dame, sin embargo, una discusión de fondo que se plantea en el sufrimiento, o no, ante su posible destrucción, que gracias a Dios esta vez no fue.
Esa discusión tiene que ver con la fe y la razón y su enfrentamiento histórico; el choque de dos mundos que en apariencia se niegan y se excluyen. En otras palabras: ¿puede un símbolo religioso significar algo muy profundo por fuera de la religión misma?

La respuesta es obvia y es que sí, por fortuna. Hay cientos de casos que se pueden mencionar de símbolos de la fe cuya importancia cultural va más allá, mucho más, de sus valores místicos o teológicos o eclesiásticos. Eso ha engendrado, sí, la maldición del turismo: la adulteración del alma de todo hasta vaciarla y pervertirla; la prostitución de unos lugares que se vuelven imanes de nevera y baratijas, si es que les va bien.

Pero eso es así también porque esos lugares, esos objetos, esas obras, a pesar de todo, son un testimonio conmovedor de lo humano: un vestigio de lo que nuestra especie, tan ruin en otros sentidos, es capaz de hacer. Sí: en esos monumentos están presentes muchas veces el dolor y la injusticia de la historia que los hicieron posibles, la infamia. Los horrores de las religiones, las ideologías, el poder. Quién va a negarlo, ahí está la memoria.

Y sin embargo, es como si esa fuera otra religión, la de la humanidad en sus mejores cosas. Un acto de fe, por lo menos: una romería de siglos para reconciliarnos con la belleza, la grandeza, la eternidad. Mientras duren. No en vano, cuando la Revolución francesa, en noviembre de 1793, los ateos hicieron de Notre-Dame, por decreto, un templo dedicado a la “Diosa Razón”. Allí querían oficiar sus misas y lo lograron, por qué no.

¿Que nos deberían doler otras cosas, que otras maravillas de la humanidad o de la naturaleza también arden y nadie las ve ni las llora? Sí, quizás. Motivos nunca faltan, jamás.

Pero cada quien verá con qué sufre y con qué no. Amén.

catuloelperro@hotmail.com

Empodera tu conocimiento

Más de Juan Esteban Constaín

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.