El verdadero profe

El verdadero profe

Está claro que el único ‘proyecto de nación’ que ha funcionado y funciona es la Selección Colombia.

06 de septiembre 2018 , 12:00 a.m.

José Néstor Pékerman es uno de los mejores técnicos de fútbol que hay en América y quizás en el mundo, y no exagero. Lo era ya desde mucho antes de llegar a Colombia sin ningún título importante en sus manos, salvo los mundiales juveniles con la selección argentina, pero con una trayectoria de rigor, disciplina, seriedad, discreción, buen juego y amabilidad que siempre le valieron el cariño y el respeto de la gente.

Y no solo acá, donde llegamos a adorarlo, con toda la razón. No. También en su propio país, en el que la costumbre es la contraria, Pékerman es considerado un gran entrenador y un caballero, al punto de que don Julio Grondona, quien fue durante años el dueño absoluto del fútbol argentino –un gangster, don Julio, alma bendita–, le rogó en el 2006 que siguiera siendo el técnico de la selección mayor. Se lo suplicó.

Pero Pékerman, que sí es un hombre de principios, le dijo que no y se fue. Sin especulaciones, sin patadas debajo de la mesa: dio la mano y se fue, un señor. Atormentado, eso sí, por la convicción de que ese mundial, el de Alemania, lo habría podido ganar. El Mundial en el que hizo debutar a Messi (sin aprovecharlo como debía) y en el que cometió el error de remplazar a Riquelme por Cambiasso cuando se jugaba la vida.

Esa es un poco la crítica de fondo que siempre se le ha hecho a Pékerman, tanto acá como allá, y es que en los momentos decisivos, cuando mejor tendría que jugar, con más agresividad y determinación, es también cuando más temeroso parece, como buscando con calma y método la bala perdida de los penaltis en vez de imponerse y ganar, aun teniendo con qué. Así perdió Colombia contra Inglaterra en Rusia, por ejemplo.

Durante seis años Pékerman pareció librarnos de esa funesta tradición. Nos demostró que sí se puede, nos llevó a jugar en serio el Mundial.

Pero esas son ‘cosas del fútbol’, como suele decirse: discusiones tácticas y filosóficas sobre los partidos, nada más; cuestiones de gustos y de opinión, y de eso se trata todo. Que si jugás con carrilero y doble cinco, que si querés línea de tres o de cuatro, que si por ahí te gusta un nueve de área o dos punteros que te rompen los costados: las polémicas eternas de esto, así con voseo y todo: salí, apretá, volvé, hablá.

Pero el fútbol no tiene que ver solo con el fútbol, y quien crea lo contrario ni siquiera sabe de fútbol. Por eso es la religión de nuestro tiempo: la única que queda en pie; la única que sí nos salva los domingos. Y eso va mucho más allá, para la sociedad contemporánea, gústenos o no, de si un técnico juega con líbero o con un solo delantero. Si pone a un tronco y no a un crack, esa es la vida.

Y como dice César Luis Menotti, que sí es un sabio de verdad, el fútbol se llenó de unos pelotudos –son sus palabras– que nunca en su vida pisaron una cancha y salen a pontificar, tablero en mano, sobre lo divino y lo humano. Voseando, con arrogancia y dogmatismo como si la suya fuera una ciencia exacta: 4-3-1-2, 4-2-3-1. Cuando la única ciencia exacta que conocen es la envidia y la maldad, la intriga, la mezquindad.

En Colombia está muy claro que el único ‘proyecto de nación’ que ha funcionado y funciona es la Selección Colombia, el fútbol. Por eso, en ella se concentraron siempre, y se concentran, tantos rasgos tan complejos de nuestra identidad: el clientelismo, el talento, la chambonería, la mala suerte, la buena suerte. La épica del triunfo, la épica del fracaso. Contar centavos, jugar mal aun jugando bien. La fe y la desgracia.

Y durante seis años Pékerman pareció librarnos de esa funesta tradición. Nos demostró que sí se puede, nos llevó a jugar en serio el Mundial. Sin miedo, sin dejarse manosear por lo peor que tiene nuestro fútbol. Quizás por eso se va.

Ojalá no lo remplace el pasado. Pero ya lo extrañamos, un profe de verdad.

JUAN ESTEBAN CONSTAÍN
catuloelperro@hotmail.com

Columnistas

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