(No) ver el Halley

(No) ver el Halley

Eso han sido los cometas desde la antigüedad: prodigios que con su cola van espolvoreando misterio.

30 de julio 2020 , 11:47 a.m.

Por si hacía falta algún presagio más en estos tiempos agoreros y pestilentes, tiempos medievales, aunque nos faltan todo el brillo y toda la sabiduría de la Edad Media, su luz inspiradora, ahora pasa por la Tierra un cometa, un fantasma recorre el mundo: se trata del cometa Neowise, descubierto por el telescopio del mismo nombre el 27 de marzo de este año (estamos en el 2020, no sobra recordarlo) y que todavía anda por aquí.

Dicen los que saben que hasta mediados de agosto podrá avistarse en el cielo el Neowise, y no solo en el hemisferio norte, el hemisferio septentrional, llamado así por las siete estrellas de la Osa Mayor que lo rige, sino también en la zona ecuatorial, aquí mismo. Es más: ayer lo vio en Popayán (¡en Popayán!) el magnífico fotógrafo Antanas Jurkšaitis, quien por supuesto le tomó un par de instantáneas bellísimas y certeras.

Las fotos que Antanas le tomó al Neowise pasando por Popayán, digamos que pasando por el barrio de La Pamba, son fotos prodigiosas; y nunca mejor usado el adjetivo, quizás, pues eso han sido los cometas desde la más remota antigüedad: prodigios, maravillas, anuncios y augurios que con su cola (de allí viene la palabra: cometa en griego es el que lleva larga cabellera) van espolvoreando su luz y su misterio.

Son unas fotos prodigiosas las de Antanas, digo, y en ellas se ve una bola verde en el cielo despejado y transparente de la noche, una bola más grande que una estrella, es el Neowise con su cola y todo. Ese cielo así, para qué nos engañamos, solo se consigue en Popayán: esa bóveda estrellada en la que se puede ver cada planeta y cada constelación; ese mapa que fue el mismo, o casi, que vio Odiseo regresando a Ítaca.

Aunque debo confesar aquí una de las grandes frustraciones de mi vida, y es que ese mismo cielo de Popayán me negó en 1986 la posibilidad de ver el famoso y recurrente cometa Halley. A mí y a todo el mundo, yo creo, aunque nadie se atreva a reconocerlo de verdad. Fue ese, junto con el Mundial de Fútbol, el gran evento de ese año, el cometa Halley; no se hablaba de otra cosa en la ciudad.

Hasta que una noche, después de ver las noticias, tenía que ser el 'Noticiero 24 Horas', alguien gritó por la ventana: “¡Ya está aquí!”. Y todos salimos a verlo. Yo me acuerdo perfecto con rabia y nostalgia porque no vi nada, pero nada. Y estoy seguro de que los demás tampoco veían nada, aunque no se me borra la cara y la felicidad de un señor al lado mío que le decía al hijo: “Ahí está, mirá, ahí se ve...”. El niño no veía nada.

Ese fue el paso del cometa Halley por Popayán en 1986: una ciudad que dice haberlo visto y no lo vio, lo juro. Lo más chistoso es que diez años después llegó la noticia de que había un ovni en el barrio Caldas y todos fuimos a verlo también, todas las fuerzas vivas de la ciudad: el alcalde, el obispo, el rector de la universidad, el jefe del Partido Comunista, los dos directorios conservadores, el peluquero. Todos, hasta los liberales.

Y era cierto que había un ovni, todos lo vimos, aunque después se supo la verdad, y es que era una valla de latón vieja y oxidada que reflejaba las luces de los carros al bajar de Coconuco. Pero desde abajo parecía un ovni y fue un acto de fe tan grande como el del cometa Halley: el mismo cometa que anunció la peste bubónica en tiempos de Justiniano, sí, pero el mismo que anunció también el nacimiento de Cristo, y así lo pintó el Giotto.

Por eso la nave europea que se acercó al Halley en el 86 se llamaba así, Giotto. Y Ernst Jünger, un grandísimo escritor alemán, lo vio dos veces, en 1910 y 1986. Por eso escribió un libro que se llama 'Dos veces Halley'.

En 2061 vuelve a Popayán. Ojalá podamos verlo, así sea bajando de Coconuco.

Juan Esteban Constaín
catuloelperro@hotmail.com

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