El beneficio de la duda

El beneficio de la duda

¿No se cansan algunos de tenerlo todo tan claro siempre? Es que ni Benjamin Franklin, por favor.

09 de septiembre 2020 , 09:25 p. m.

Pobres los próceres siempre en su pedestal, al menos por ahora, la mayoría de ellos, aunque no falta el que esté temblando y mirando hacia todos los lados, muerto del susto. De verdad pobres: fundidos en mármol o en bronce por el resto de la eternidad, obligados a observar esa pose trascendental y heroica sin vacaciones ni domingos. Algunos van a caballo, con la espada en la mano; otros miran al horizonte, sin parpadear.

Por lo general, ya entrados en gastos, me gustan los próceres ingleses, muchos de los cuales eran considerados afuera piratas o truhanes; y lo eran. Piensa uno en sir Francis Drake, por ejemplo, que le dio la vuelta al mundo en el siglo XVI y mientras lo hacía no hubo barco español que no conociera su acero y su codicia. En algunos documentos castellanos de la época lo llaman Paquito Dragón, pero en Londres tiene una estatua.

De los próceres colombianos me encanta Nariño, don Antonio Amador José de Nariño y Álvarez del Casal. Pasó buena parte de su vida en la cárcel por la causa de la libertad, valga la paradoja, y tuvo la mejor biblioteca de su tiempo, en la cual germinaban como enredaderas los hongos alucinógenos de la revolución. Cometió un peculado, sí, pero con el objetivo virtuoso de enriquecer el erario, no sus propias arcas.

Aunque en materia de próceres no hay ninguno mejor que Benjamin Franklin. Basta ver su cara de hombre sabio, la boca siempre apretada porque no le quedaba ni un solo diente encima. Tenía cálculos en la vesícula y para curarlos, sin ningún éxito, decidió tomar durante un mes una pastilla diaria de mercurio: fue el mismo mes en el que todas las mañana se despertaba con un diente menos, como si lo deshojara de su calendario.

Fue filósofo, meteorólogo, demógrafo, ilustrador, editor, polemista, músico, ajedrecista, electricista, diplomático, estadista, en fin: lo fue todo, o casi todo, y por lo general con gran éxito y encanto. De sus tratados científicos el mejor es el que escribió sobre las flatulencias, con la audaz teoría de que la mejor forma de incurrir en ellas, para perfumarlas, era tomar antes una infusión de agua tónica, ginebra y rosas secas.

Franklin fue, como suele serlo todo el mundo, si no qué gracia, un ‘hombre de su tiempo’, porque además fue también uno de los hombres más longevos de su tiempo, y su biografía cubre buena parte del siglo XVIII: desde 1706 hasta 1790, la historia entera de la revolución americana, de la cual fue uno de sus grandes protagonistas y su ideólogo más brillante y honrado. De los ‘padres fundadores’ Franklin es sin duda el mejor.

Era esclavista, claro, como lo fueron todos ellos: esa es la contradicción que signa desde el primer momento, y para siempre, la historia del liberalismo en los Estados Unidos. La idea de la libertad y la igualdad como un patrimonio de los blancos. Pero Franklin fue uno de los primeros próceres de esa gesta en renunciar a sus prejuicios y abrazar sin problema la causa del abolicionismo y la humanidad.

Esa fue, de hecho, su mejor lección en la vida: la del escepticismo y la propensión a cambiar de parecer guiado siempre por la razón, la sensatez y la duda. Cuando se firmó la Constitución de 1787, que él ayudó a escribir y a debatir, lo dijo sin ninguna vergüenza: “Cuanto más viejo me hago, más dudo de mis propios juicios...”. No se me ocurre una mejor definición de la madurez o la sabiduría.

Leer algo así en una época como la nuestra, en la que tanta gente, cada vez más, parece estar tan segura de todo, sin fisuras ni matices ni la menor vacilación, no deja de ser un pequeño acto de reparación y sosiego: una dicha, un alivio, un consuelo.

¿No se cansan algunos de tenerlo todo tan claro siempre? Es que ni Benjamin Franklin, por favor.

Juan Esteban Constaín
catuloelperro@hotmail.com

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.