Paraísos en la tierra

Paraísos en la tierra

Lo que debía ser la plenitud edénica se nos fue convirtiendo en un infierno de pasiones y celos.

13 de agosto 2019 , 07:00 p.m.

Desde que nos expulsaron del paraíso hemos querido volver –y esa es la promesa del catecismo de la otra vida–, sin pensar que a estas alturas debe de ser un lugar inhóspito, con un pasto crecido de seis mil años. Y que el rentista Satanás anda ahora muy ocupado regentando la tierra. Sin embargo, en todas partes hay espíritus puros presas de esa atracción: un lugar fuera de la pesadilla civilizada, sin ningún tipo de gobierno, sin artefactos inventivos que contribuyan a la idiotez y el dominio de la tribu, donde se respiren a plenitud los aires de la paz y la convivencia, donde los cuerpos y las almas compartan su desnudez, donde deje de ser el soberano el dinero y lo sea el amor.

Eduardo Escobar refería ayer en estas páginas lo ocurrido en Antelope, Oregón, donde una horda mayúscula de adeptos a disciplinas del hinduismo, predicadas por el maestro Osho, con una espiritual gerente llamada Shilla, hicieron un pueblo dentro de otro, y se dedicaron a vivir de acuerdo con sus felices desacuerdos hacia el sistema. Pero el sistema es inflexible y a la larga terminó encontrándoles la caída, hasta disolver la anarca comunidad y acabar con el santón y la gerente presos. Toda esta saga la cuenta el documental premiado en el Festival de Sundance Wild Wild Country (está en Netflix).

Ello me recuerda los primeros años sesenta, cuando el poeta Ernesto Cardenal se ordenó sacerdote en el Seminario de Vocaciones Tardías de La Ceja, Antioquia, y regresó a Nicaragua a fundar la Comunidad Contemplativa de Nuestra Señora de Solentiname, refugio de artistas y poetas. Centro de oración y de conspiración contra el dictador Anastasio Somoza, quien terminó ordenando su bombardeo. Pero el que cayó fue Somoza, y Cardenal pasó a hacer parte de la Junta de Gobierno sandinista.

También los nadaístas, desde el año 61, tuvimos esa tentación de exiliarnos del Estado que nos oprimía y terminaría aniquilándonos, cuando desde Medellín llegaron a Cali Patricia Ariza, Dina Merlini, Helenita Restrepo y tres jovenzuelos a invitarnos a Elmo Valencia y a mí a viajar a una isla abandonada en el Pacífico que terminamos bautizando Islanada. De ello quedó constancia en la novela con ese nombre que escribió Elmonje. En la realidad, y con menor poesía, se llamaba El bajo Jediondo. En la ficción viajamos Gonzalo Arango (Adán) y su pareja Dina (Dina), Leonardo (el novelista) y su pareja Mónica (Patricia), Orín (Eduardo Escobar) y su pareja Birguita (Fanny Buitrago), y París (este servidor), que hizo el viaje sin compañera. Antes de tomar el vapor en Buenaventura rumbo a Tumaco, rescatamos y adoptamos un cerdo joven que era conducido al matadero y lo bautizamos Descartes. Pasamos nueve meses en la isla donde el capitán Polifemo regresaría a recogernos, y lo que debía ser la plenitud edénica se nos fue convirtiendo en un infierno de pasiones y celos y discrepancias y resquemores propios del sillón de Freud, lo que nos fue conduciendo a la muerte por consunción. Y cuando regresó el capitán Polifemo, como había profetizado, por nuestros cadáveres, encontró que estos estaban siendo devorados desde la cabeza por Descartes, convertido en el cerdo del sistema. La novela ganó en el 66 el Premio Tercer Mundo, tuvo una edición pirata ya desaparecida, y el Monje Loco espera post mortem un nuevo editor.

En vista de este fracaso viajé a San Andrés, y allí un admirador me ofreció de regalo un buen lote en Providencia para que hiciéramos nuestra comuna. De antemano la bauticé ‘El Nadasterio’, y X-504 la complementó como “de los monjes juguetones”. Para evitarnos los problemas de Islanada, tendría la divisa del Club de Toby: ‘No se admiten mujeres’. Estuvimos varios años en los preparativos para ingresar en ese sí verdadero paraíso que es Providencia. Hasta que el profeta Gonzalo Arango y Jaime Jaramillo Escobar decidieron que no debíamos abandonar la lucha contra el sistema desde sus entrañas, nos olvidamos del embeleco y nos dedicamos a publicar la revista Nadaísmo 70.

jotamarionada@hotmail.com

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