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Pablo Montoya se pifia con X-504 (1)

Pablo Montoya se pifia con X-504 (1)

Se fue de lleno contra la enseña del movimiento nadaísta y orgullo de la poesía colombiana.

19 de octubre 2021 , 08:00 p. m.

De entre los escritores de reciente irrupción en el híspido panorama cultural colombiano, seguramente se lleva las palmas Pablo Montoya, por su riquísimo prontuario de estudios, experiencias y correrías. Y reconocimientos superlativos como el Premio Rómulo Gallegos de Venezuela, recibido en 2015, que le sirvió, aparte de gancho para vender más libros, como aliciente para sacarle brillo a su ego. He seguido admirado su trayectoria, y en alguna ocasión lo he abrazado sinceramente, sin haber incursionado de lleno en la lectura de su obra, cuyo tríptico y La sombra de Orión esperan su turno en mi mesa de noche, para cuando termine con Cartarescu, Atwood, Houellebecq y Fernando del Paso, autores que me satisfacen ciento por ciento.

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Novelista, cuentista, ensayista, poeta y profesor universitario, todo el paquete. Ahora decidió encauzar su sueño de columnista u opinador, que no crítico, aceptando la invitación del periódico capitalino Criterio. Y sorpresa. El novel colaborador enfiló su descorche con una desdeñosa descalificación de la obra poética y normativa del recién fallecido nadaísta Jaime Jaramillo Escobar. Nunca se había visto en la historia del periodismo el debut de un columnista tan unánimemente abucheado, hasta con agravios no del todo merecidos como pésimo escritor, nulo periodista, cobarde, envidioso, mentiroso, autoinflado, desdeñoso, desprestigiador, vengativo. Con la consecuente amenaza de no leer nunca sus libros, cosa que él dice que preveía. A pesar de su cultivada inteligencia, dio papaya, como se dice. Se fue de lleno contra la enseña del movimiento nadaísta y orgullo de la poesía colombiana desde los años 60, y quien no hizo sino escribir poemas (y cuentos) portentosos y dedicarse 35 años a dirigir un taller de poesía en la Biblioteca Piloto de Medellín, sin polemizar con nadie pues a nada aspiraba sino a quitarse el incómodo señalamiento de escritor sobrenatural, o como sugiere el enemigo, sobrevalorado. Entre los cientos de mensajes de repudio a la “valorización” desvalorizadora, se distinguió uno de emocionada felicitación firmada por el poeta Juan Felipe Robledo, por curiosa coincidencia cónyuge de la principal editora de Jaramillo Escobar.

A sabiendas de que es un poeta mayor de la literatura en Colombia, así hubiera sido nadaísta, qué vaina, es inconcebible que se orine en su tumba.

Se dejó detectar que respiraba por la herida el bueno de Pablo, cosa que ni le luce ni le conviene. Muchos excelentes prosistas no pasaron con sus versos del 3.5, como denuncia Montoya con auténtico furor. Que cuando participó en su taller lo subvaloró clavándole un 3.5. Gabo el piedracielista podría haber merecido igual calificativo a juzgar por los versos que le publicó Germán Santamaría en la revista Diners, lo que no fue óbice para que fuera sin duda el gran poeta de la novelística. Aunque tengo noticia de que el Poe no utilizaba ese tipo de puntajes, sino que expresaba sus comentarios de viva voz, elogiosos o ácidos cuando correspondía. Ahora es X-504 quien ante este avezado prosista merece menos de ese puntaje. Pero tampoco era para que se quejara de que el profesor tuviera predilección por los jóvenes poetas más carilindos, lo que equivale a sapearlo de homosexual, como si eso viniera al caso, tema que X asumió valientemente desde sus primeros escritos de los años 60, a partir de sus aclamados Poemas de la ofensa. Sus poemas y sus facciones no dieron para que lo invitara a contemplarlo desnudo, cosa que en la columna se pretende cobrar descalificándolo, lo que hace que el público lo interprete como un maricón resentido, así no lo sea. A sabiendas de que es un poeta mayor de la literatura en Colombia, así hubiera sido nadaísta, qué vaina, es inconcebible que se orine en su tumba, y tampoco de paso en la de uno de sus pupilos generosamente por él cantados, Raúl Gómez Jattin.

Alega el columnista consternado por el general repudio que no hay razón para ofenderse porque se ataque a un pretendido ícono, si en el manifiesto nadaísta se pretendía “no dejar una fe intacta ni un ídolo en su sitio”. Sí don Pablo, pero una vez que se cumplió ese propósito, es apenas justo que los longevos iconoclastas ocupen los desocupados iconostasios.

JOTAMARIO ARBELÁEZ
jotamarionada@hotmail.com

(Lea todas las columnas de Jotamario Arbeláez en EL TIEMPO, aquí)

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