‘Memorias de un tal por cual’ (3)

‘Memorias de un tal por cual’ (3)

Él dice que resultó bueno para blasfemar. Pero aun para eso se necesita un mínimo toque de pundonor.

30 de julio 2019 , 07:00 p.m.

El meollo del libro Memorias de un h. p. (Alfaguara, 2019) es que todo el mundo termina siendo hermano del memorioso. Comienza citando a todos los recientes expresidentes: “–César Gaviria. –Presente –contesta el h. p.”. Y así sucesivamente con Andrés Pastrana, Álvaro Uribe, Juan Manuel Santos. A continuación de lo cual son todos pasados por las armas por los esbirros del dictador. A ellos añade otros ejecutados: Timochenko, Iván Márquez, Romaña, Ordóñez. Lo cual podría ser una enorme muestra de valentía, por cuanto les pone el pecho a posibles –o imposibles– denuncias por calumnia e injuria y amenazas veladas. O una muestra de zafiedad, por cuanto se supone que los madreados y sentenciados le han respondido con sonrisas condescendientes. Cualquier respuesta lindaría con el ridículo. Lo que me estaría pasando a mí con estos despachos. No se juega nada con su rosario de h.p.tazos. Así qué gracia.

Si alguna de las personas agredidas acometiera contra él con reclamos legales por lo que escribe con una pretendida valentía suicida, estoy seguro de que sus colegas –y yo con ellos– redactarían un manifiesto para defenderlo. Porque a un escritor de talla –y que talla– no se lo puede destripar por lo que piensa, así la expresión de sus pensamientos sea deplorable. No viene al caso la comparación, pero cuando a De Gaulle le sugirieron guardar a Sartre porque estaba muy agresivo e irrespetuoso, sentenció: “No se aprisiona a Voltaire”.

Continúa degollándome el seudo patriarca otoñal: “¿Sí saben que el nadaísta de Cali, mi detractor, depuso su odio contra mí y me empezó a zangolotear gomorresina en incensario? Andará buscando puesto el pobrecito... Será mandarlo de agregado cultural a Zambia para que se lo coman los negros. Por detrás o en carne asada”. Se necesita ser muy marica, en el mal sentido de la palabra, para desearle al adversario como doloroso castigo aquello que más le gusta.

Si piensa que esta sarta de borborigmos va a hacer parte del boom de los libros de dictadores, no está ni tibio. Ni porque lo publique Alfaguara

No me escandalizo por lo que dice de Jesús, a quien en forma infantil sindica de pedófilo por aquella frase de “Dejad que los niños vengan a mí”, sino porque abochorna el lenguaje y el improperio. Acudir al “Cristo h. p.” es dicterio de maleante en apuros, que reitera hacia el Padre en El desbarrancadero: “¡Dios no existe! ¡Qué va a existir ese viejo h. p.!”. Él mismo dice que resultó bueno para blasfemar. Pero aun para blasfemar se necesita un mínimo toque de pundonor. Otras víctimas, amén del “pelotudo” de Gabo, son el escritor Abad Faciolince, el nadaísta pacifista Jotamario Arbeláez y los representante de Cristo en la tierra Pío Doce por flatulento, Pablo Sexto, que dizque le birló un muchacho en Milán, y J. Mario Bergoglio, que después llamóse Francisco, a quien prometió declararle la guerra en las redes.

En El desbarrancadero, esa crónica deslumbrante y atroz de la penosa muerte de su hermano y la de su padre y hasta la suya propia, vuelve añicos a su señora madre. De ella afirma, de lo que se infiere la herencia, que “solo tenía un punto posible de comparación: su lengua soez que h.p.tiaba a marido, hijos, vecinos, policías, curas, lo que se le atravesara”. No me corresponde defender a quien piadosamente llama La Loca, pues para eso echó al mundo a otros diez y nueve Vallejos, que no se han atrevido a pararle el macho.

A quien sí defiendo es a Héctor Abad, a quien le repite el epíteto ya usado por otro truhán de “triunfante huerfanito sexagenario”, en referencia al precioso y exitoso libro donde relata el vil asesinato sicarial de su padre. Es algo tan viscoso como que alguien tildara a Vallejo de ‘triunfante viudito desconsolado’, aludiendo al reciente deceso de su pertinaz machucante mexicano.

Si piensa que esta sarta de borborigmos va a hacer parte del boom de los libros de dictadores, no está ni tibio. Ni porque lo publique Alfaguara.

Solo me resta manifestar mi aprecio y devoción por el Vallejo de ayer. Y presentarle disculpas si en algo lo logré ofender, defendiéndome. Y nada más.

jotamarionada@hotmail.com

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