Matar al jefe

Matar al jefe

‘Iván Márquez’ y el ‘Paisa’ planearon en detalle la ejecución sicarial de ‘Timochenko’.

14 de enero 2020 , 07:39 p.m.

No será Gaitán, ni Uribe Uribe, ni Lincoln ni Luther King, y mucho menos Julio César, pero que pretendieran pasarlo a engrosar la lista de los líderes políticos asesinados de la historia –en este caso por sus antiguos secuaces–, por mantenerse firme en una paz bombardeada desde diferentes flancos, sobre todo de la derecha, es algo que a todas luces repugna en esta tiniebla.

Según informes de un guerrillero espantado con el plan, que lo contó a las autoridades, ‘Iván Márquez’ y el ‘Paisa’, desde la disidencia en armas recién retomadas, planearon en detalle la ejecución sicarial de Timochenko, de suponerse que por traición al no estar de acuerdo con ellos en que “fue un error entregar las armas” y por obstinarse en mantener el partido Farc en su compromiso con la paz, luego del aleve asesinato de 173 reinsertados, que el Gobierno adjudica a las disidencias y a otros grupos armados, pues no volvió a hablar de crímenes pasionales. O para crear un estado de pánico que definitivamente daría al traste con la paz que se tambalea. En lo que sería un aporte glorioso a las huestes que conspiran contra el acuerdo. Y que se ponga de nuevo de moda el plomo. El informante dio, incluso, el retrato hablado de los encargados del gatillo, a quienes sorprendió la autoridad ad portas del homicidio y dio de baja en un tiroteo.

Los muy suspicaces empezaron pensando que era una escandalosa noticia esa de acusar a ‘Iván Márquez’ y el ‘Paisa’ de ordenar la ejecución de su antiguo jefe (o antagonista). Como si no hubiera sido un hecho previamente detectado y contrarrestado por la Fuerza Pública, que se gana un punto supremo. Se trataba de una información periodística que no buscaba tender cortinas de humo sobre hechos tan delicados y recién descubiertos como las igualmente criminales chuzadas.

Rodrigo Londoño Echeverri, quien al ingresar a las Farc de 17 años en 1976 adoptó el seudónimo de Timoleón Jiménez y el alias de Timochenko, ingresó 10 años después a la cúpula y heredó la comandancia ‘fariana’ tras la muerte de ‘Alfonso Cano’. Tomó la decisión, frente al ala guerrerista que comandaba ‘Iván Márquez’, de emprender la salida negociada con el Gobierno en pro de la paz. Estratégicamente nombró a su sempiterno rival en las filas como jefe del equipo negociador. Cosa que hizo, se supone, a regañadientes. Tanto que ni siquiera se sintió a gusto como congresista y tomó las de Villadiego. A formar una disidencia armada que no la admiten en las otras. Y, a lo que parece, a declarar la guerra entre las Farc armadas y la Farc pacífica.

No se superan los tiempos de Caín y Abel. Ya los vivimos con los Castaño. Y nos quedamos tan contentos porque paramilitar que mata paramilitar... Y, aunque no se trate de agresión física, se ha visto el caso de hermano contra hermano por la manera como uno parte sus versos o asiste play a los cocteles que el anacoreta veta.

Los oficios del político y sacristán nadaísta Humberto de la Calle lograron, luego de una extensa y difícil etapa de negociación en La Habana, culminar con la firma de la paz. Por eso me siento con el derecho de meter baza en tan delicado asunto. Además porque cuando mi intervención en el Caguán, dedicada al sacrificio de Jaime Garzón, doné mi estilográfica Mont Blanc al secretariado, para cuando le correspondiera firmar la paz. Sacrificio inútil, pues el presidente Santos decidió que se firmara con un ‘balígrafo’.

Los jóvenes sesenteros picados por el virus rebelde tuvimos simpatía por la guerrilla del perseguido ‘Tirofijo’. Eran las épocas del guerrillero heroico y del hombre nuevo, de los ejemplos de Camilo Torres y el Che. Además de la revolución social, aspirábamos a una revolución planetaria; además de la reforma agraria, la reforma de la conciencia.
Nos tocó ver pasar bajo nuestras toldas citadinas a tantos muchachos que marchaban al monte, de donde ninguno volvió. Teníamos ansias revolucionarias pero nos cargaba el partido, que nos exigía la autocrítica y nos prohibía fumarnos un cacho. Más de uno de los que marchaban al monte se quedó por la traba. Fueron los únicos que se salvaron.

jotamarionada@hotmail.com

Empodera tu conocimiento

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.