María Kodama

María Kodama

Me refirió que desde que comenzó a andar con Borges la apodaron Lolita.

22 de octubre 2019 , 07:26 p.m.

Y llegué a Montería, a su IV Feria de la Lectura ‘Un río de libros’. Con mis poemas y manifiestos de bolsillo, a caza de aplausos y de lolitas, herencia de la lectura temprana de Nabokov. En mi conferencia vi con sorpresa en primera fila a María Kodama, viuda de Borges. Al otro día fui a su conversatorio con William Ospina y me ubiqué en el puesto desde donde ella me había observado. Con su conocida elocuencia y memoria, William la fue conduciendo por los territorios del ayer, como lo hicieron al día siguiente con similar sapiencia Alejandro Gaviria y Carlos Marín. De esos ires y venires verbales fui tomando estos datos:

Su padre era el japonés Yosaburo Kodama, quien, apenas 5 años menor que Borges, hubiera podido ser el padre de María Antonia Schweizer, su madre. A los 5 años, su profesor de inglés le lee uno de los Two English Poems. A los 10 años lee Las ruinas circulares. No entiende nada, pero queda maravillada. A los 12 años, edad de la Lolita de Nabokov, y en vista de su afición literaria, un amigo de su padre la lleva a una conferencia de Borges. Adolescente de 16, lo tropieza en una librería y lo saluda diciéndole que lo conoce y lee desde niña. Él a duras penas la vería entre luces y sombras. Se da cuenta de su juventud y la invita a estudiar juntos anglosajón antiguo. Ella no sabe qué es eso, pero le dice que sí. Él ya tiene 54.

Borges quería morir casado con ella. Y ella terminó accediendo. En obediencia a que él le decía que no quería que su muerte fuera un espectáculo, lo enterró en la misma Ginebra

El 26 de abril de 1986, siete meses antes de su muerte en Ginebra, una pareja contratada se casa por poderes a su nombre en el Paraguay. Él le había pedido múltiples veces que se casaran, pero la novia se obstinaba en decir que no. Esquivaba el matrimonio. Aun sin él, ya por ley era su heredera universal. Pero Borges quería morir casado con ella. Y ella terminó accediendo. En obediencia a que él le decía que no quería que su muerte fuera un espectáculo, lo enterró en la misma Ginebra, ante la protesta de los argentinos. ‘De Ulrica a Javier Otálora’ fue la inscripción que hizo poner en la losa. Ulrica es el único cuento de amor que él escribió. Si ella era Ulrica y Otálora era Borges, la Kodama resultaba casada con un colombiano. Le obsequié un ejemplar de mi reciente libro La novia dijo no.

Bioy Casares afirma que él le había dicho: “Quiero ser enterrado junto a los míos, en La Recoleta”. Ella afirmó de Bioy que era un traidor, porque en su voluminoso libro Borges cuenta lo que este aparentemente le dijo durante 40 años después de cenar, cuando ya ambos estaban muertos. Durante el primer conversatorio, un atorrante se levantó indignado y libreto en mano comenzó a apostrofar a Kodama ante el pasmo de los presentes, que terminaron sacándolo del recinto. El hombre ni sabía a quién defendía, pues pronunciaba Bioy Cáceres. Parecía contratado por un personaje que circulaba entre los poetas y vive del cuento de que Borges le hizo un prólogo y le robó un verso.

Más tarde, en el hall del hotel, encontré sobre una poltrona un pequeño sobre de cartulina. Al abrirlo vi con su letra el nombre María Kodama acompañado por la tarjeta plástica con el número de su habitación. ¿Qué hacer? ¿Ir a buscarla personalmente para entregársela? ¿Quedármela y guardarla como un fetiche en los Sagrados Archivos del Nadaísmo? ¿O ingresar en su habitación a esperar a que ella entrara con otra llave y decirle que quería entrevistarla? Opté por devolverla a la recepción, con el convencimiento de que era un signo de que algo especial me esperaba con este ícono mundial. A la hora de la despedida, los organizadores, de sorpresa, me acomodaron solito en la van con Kodama. Emprendimos una conversa que se prolongó por seis horas, pues me fue dado acompañarla en el aeropuerto hasta el momento de su tránsito. Me refirió que desde que comenzó a andar con Borges la apodaron Lolita. Le recité el primer párrafo de ese libro. Se sorprendió cuando le respondí que mi signo era Sagitario, pues es el de sus mejores amigos. Y me dijo que me esperaba en su casa de 2 Alejandro Díaz para María, en Buenos Aires.

jotamarionada@hotmail.com

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