La maleta viajera

La maleta viajera

La poesía no solo debe ser hecha por todos, sino para todos.

29 de agosto 2018 , 12:00 a.m.

La poesía colombiana, por la que tanto veló María Mercedes Carranza, no quedó huérfana. No solo le siguen dando vida los numerosos festivales del poesía que se celebran en el territorio, comenzando por el más trascendente del planeta, el de Medellín, sino una encantadora persona particular, amiga devota de la poeta desaparecida, quien en su honor desde hace 18 años celebra una tertulia en su residencia, la Tertulia de Gloria Luz Gutiérrez, que coordina el poeta Federico Díaz-Granados, quien además ha convertido la Biblioteca del Gimnasio Moderno en el centro neurálgico de la cultura nacional.

No contenta con la infalible celebración mensual ante un estupendo público cautivo, de lecturas y presentaciones de libros de cultores de la palabra, y para abarcar amplios sectores de la calle, se ideó Gloria Luz el evento La Maleta Viajera, a fin de llevar la tea de la poesía a escuelas públicas, colegios, universidades, cárceles, zonas deprimidas, poblaciones marginales, hospitales, pacientes VIH, mujeres de la calle, con el debido respeto. Porque la poesía no solo debe ser hecha por todos, sino para todos. El programa ha contado con el apoyo entusiasta del Ministerio de Cultura. Alguien que pasó por la vida sin conocer la poesía es como si no hubiera vivido. Como si no hubiera conocido la alegría ni la pena.

Y allí entro como invitado, con muchos otros poetas, en virtud de mi reciente premio Dámaso Alonso, la celebración de la sesentena de mi irreverente movimiento nadaísta y la confesión de mis nuevas migas con Cristo, que se vienen cuajando desde hace 50 años, como comienzo a proclamarlo con cierta tardanza.

El evento busca llevar poesía a escuelas públicas, colegios, universidades, cárceles, zonas deprimidas, poblaciones marginales, hospitales, pacientes VIH, mujeres de la calle, con el debido respeto.

Intervine en el Colegio Carlos Arturo Torres, en Kennedy, en cuatro sesiones continuas de una hora con chicos díscolos de todos los cursos y edades. Les conté de cómo me había hecho nadaísta al perder mi bachillerato en Santa Librada, cómo por haber escrito el poema Santa Librada College, casi 30 años después me acordaron el grado de bachiller honoris causa, la medalla de ilustre egresado y hoy han bautizado con mi nombre su auditorio, dándoles a entender que lo importante no es solo graduarse, sino saberle sacar partido al fracaso. Que los nadaístas habíamos intentado fracasar, y fracasamos en el intento. Percibí en la mirada de mucho muchachón que intentaría ser poeta.

Los días siguientes, bajo el solemne patronazgo del padre Carlos Jiménez, me presenté en tres sacros lugares: en la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, donde conté a las señoras del culto mi conexión a través de una mesa de médiums con tres espíritus selectos, quienes me reclutaron para la verdadera causa de Jesucristo, prometiéndome senderos de satisfacción con mi poesía, por la que recibiría cinco premios nacionales y mundiales de literatura. Y ya van seis. El último debí ganarlo con el solo sudor de mi pluma. En la Fundación Eudes, ante un auditorio de pacientes de VIH, exalté el poder de la palabra como elemento de sanación, y la fuerza de la esperanza en el milagro a través de las investigaciones científicas.

En la iglesia de Nuestra Señora de las Angustias, en el barrio Santa Fe, sede de damas disolutas, hablé de la última vez que había entrado con fervor a una iglesia a los 7 años, hace setenta, a pedirle al padre de la parroquia pruebas sobre la existencia de Dios. Y del mensaje iniciático que había recibido con proyección a la edad madura de este impenitente pecador por la carne. Que vino a cumplirse cuando la revista Soho me invitó a pasear por el cielo en un parapente para contar la experiencia, con tan mala pata que el aparato se vino a pique cuando estaba en pleno éxtasis trascendental escuchando las celestas angélicas, y ya a punto de caer sobre la represa de San Rafael, recordé que era el arcángel protector de los viajantes intrépidos, encomendé a él mi resto de vida en la gracia santificante y el parapente volvió a alzar vuelo ante el estupor del piloto. Deo gratias. Gratia plena.

JOTAMARIO ARBELÁEZ

Columnistas

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Ya leíste los 800 artículos disponibles de este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido digital
de forma ilimitada obteniendo el

70% de descuento.

¿Ya tienes una suscripción al impreso?

actívala

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.