Gracias, ‘New York Times’

Gracias, ‘New York Times’

Si hay algo que avergüence a Colombia ante el mundo son los piadosamente llamados ‘falsos positivos’

21 de mayo 2019 , 07:00 p.m.

Debe entenderse que el Ejército de Colombia es la entidad encargada de protegernos de las amenazas externas o internas, que está compuesto por lo general por personas que tienen como divisa el amor a la patria y el respeto por la ley, de la que son vigilantes, y que por ello merecen gratitud y respeto. Lo mismo debería pasar con los gobernantes. Pero hasta en las mejores familias se cuecen habas. Y a veces a calderadas.

Si hay algo que avergüence a Colombia ante el mundo y ante sí misma, y merezca sanción dado lo atípicamente aberrante, son los piadosamente llamados ‘falsos positivos’, esa modalidad criminal aplicada por el Ejército, bajo el gobierno de Álvaro Uribe, consistente en reclutar jóvenes sin recursos ni trabajo, en ocasiones prácticamente discapacitados, con el señuelo de trabajar en el campo, y una vez allí ser abaleados en una torpe simulación de combate, una vez muertos vestidos con trajes de guerrilleros y, provistos del armamento pertinente, presentadas sus fotografías como victorias o ‘positivos’ por los respectivos comandantes de las brigadas. “No estarían recogiendo café”, fue el comentario del señor presidente ante la primera noticia.

Según el ‘Informe sobre muertes ilegítimamente presentadas como bajas en combate por agentes del Estado’, entregado por la Fiscalía a la JEP en 2018, estas ejecuciones extrajudiciales, como se las denomina en el Derecho Internacional Humanitario u homicidios en persona protegida, de acuerdo con el Derecho Penal Colombiano, alcanzaron la cifra de 2.248, lo cual ya es aterrador, aunque algunas ONG y publicaciones de docentes universitarios elevan la cifra a 10.000 casos, lo cual se ha tildado de extravagante. Como se dijo de los 300.000 muertos de la primera violencia. Y esa cifra se quedó corta.

Días pasados, The New York Times publicó un artículo de Nicholas Casey, ‘Las órdenes de letalidad del ejército colombiano ponen en riesgo a los civiles, según oficiales’.

El crimen oficial continuado, una vez descubierto, no ha quedado impune. A la fecha hay 2.100 procesos judiciales que involucran agentes del Estado. Como existe una presunción de inocencia de los procesados, allí deberá entrar la JEP a demostrar la posible culpabilidad, tal vez extensiva, y establecer una verdadera justicia y reparación. Habida cuenta de que la Fuerza Pública actúa supeditada a la política gubernamental y al poder civil. Pues es bien sabido que en el Ejército se cumplen órdenes superiores. A no ser cuando el uniformado actúa y se desborda “por su cuenta y riesgo”. Como sucedió con el oficial que ejecutó en estado de indefensión al exguerrillero Dimar Torres, lo cual generó que el comandante de 4.000 hombres, a nombre de la dignidad del Ejército, pidiera públicamente perdón, por lo cual cayó en desgracia.

Días pasados, el prestigioso periódico norteamericano The New York Times publicó un artículo de Nicholas Casey, ‘Las órdenes de letalidad del ejército colombiano ponen en riesgo a los civiles, según oficiales’. Basándose en informes de preocupación de tres altos militares, se denuncia que el comandante del Ejército, Nicacio Martínez, ha expedido una directriz equiparable a la que suscitó en su momento los ‘falsos positivos’ de los años 2002-2008, por los que tantos militares han sido acusados. La noticia cayó como una tormenta, y obligó a las explicaciones del Presidente, del Ministro de Defensa y del Comandante, quienes, a pesar de enfatizar que la directriz era correcta y no atentaba contra la ley, tuvieron que proceder a desaparecerla. Qué tal, se revive la modalidad de los ‘falsos positivos’ y se asciende a oficiales que, según senadores gringos, están vinculados a la anomalía.

El país debe manifestar su orgullo y gratitud por el proceder de los oficiales denunciantes, que ya deben estar siendo detectados seguramente para descalificarlos y ponerlos en la picota como traidores, cuando lo que están haciendo es velar por el honor del Ejército.

Se supone que los adictos a Uribe todo se lo toleran. Pero por algo le habrán desertado cantidades de seguidores. Gracias debiera dale al NYT.

Sal de la rutina

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