‘Duro oficio el exilio’

‘Duro oficio el exilio’

Hay 400.000 colombianos en el exilio y entre ellos hay muchos defensores de los derechos humanos.

23 de octubre 2018 , 11:54 p.m.

No voy a hacer una nota sobre el legendario libro del poeta turco Nazim Hikmet, quien de sus 56 años vividos pasó 16 en la cárcel y 15 en exilio por enfrentar el fascismo. Ni de las peripecias de Trotsky con los zares y el Kremlin, referidas en su libro 'Mi vida'. Así el largo y pesado exilio no lo haya salvado de la orden de suprimirlo. 

Pero lo que está pasando en Colombia con los defensores de los derechos humanos me ha hecho repasar la película de lo sucedido con personajes de mis afectos y con pueblos enteros. El exilio español de la guerra civil que puso de patitas en el viento, entre tantos miles, a poetas como León Felipe, Rafael Alberti, Luis Cernuda, Juan Ramón Jiménez y el escritor Ramón Gómez de la Serna. Y entre nosotros vino a caer Fausto Cabrera. Y el exilio uruguayo que despachó a Eduardo Galeano, Mario Benedetti y Daniel Viglieti. El abrumador éxodo chileno del que fueron íconos Miguel Littín y Patricio Guzmán. Y el argentino que arrastró a Mercedes Sosa y Juan Gelman.

Y el brasileño y el venezolano y el peruano y el dominicano y el nica y el cubano, es decir, el de casi toda Latinoamérica en sus duros momentos. Y el de Colombia, donde habría que contar en el no lejano pasado a Daniel Samper Pizano, a Feliza Bursztyn, a Alberto Aguirre, Eduardo Umaña Luna, Carlos Gaviria, Alfredo Molano, Daniel Coronell, hasta llegar al más vergonzoso de todos, el de Gabriel García Márquez, quien, ante el aviso de que iba a ser detenido por el gobierno de Turbay y su tristemente célebre Estatuto de Seguridad (recordar el caso del poeta Luis Vidales), tuvo que huir a México, donde lo sorprendería el Premio Nobel.

El exilio obligado
es una forma del crimen, pues
conlleva el dolor, la separación,
la zozobra, el desarraigo, el despojo

El exilio obligado es una forma del crimen, pues conlleva el dolor, la separación, la zozobra, el desarraigo, el despojo. Desde hace más de 30 años me he encontrado en Europa con amigos que tuvieron que salir huyendo por falsas imputaciones. Y, así estén afincados, creen que es el momento de aclarar su historia. Según el Centro Nacional de Memoria Histórica, hay actualmente 400.000 colombianos en el exilio –aparte del desplazamiento forzado interno–, y entre ellos se encuentra un creciente número de defensores de los derechos humanos. Quienes seguimos viviendo en el territorio parece que no tenemos nada que hacer para remediarlo. Por lo menos el suscrito, que se ha aislado a disfrutar con sus libros y lo que le reste de inspiración, si no de la paz de Colombia lograda por Humberto de la Calle, por lo menos de la de Villa de Leyva. Por ello me han impresionado gratamente una reflexión y llamado que, a dos voces, se transmiten en la página Fragmentados, procedente de una ciudad de España, y dicen:

“Más de 300 defensores y defensoras de derechos humanos fueron asesinados en 2017. Centenares más son objeto de vigilancia, acoso e intimidación. Sus opciones: callar, huir o morir. Quiénes son, de dónde vienen, adónde van, quién los amenaza y por qué. Cómo se vive el exilio. La violencia no cesa. La protección no alcanza. Algo tenemos que hacer. Llegó el momento de escuchar las voces de quienes defienden los derechos humanos lejos de sus tierras. Cada mes, una historia. Aquí empieza Fragmentados, relatos entre fronteras”.

Se trata de un grupo de mujeres jóvenes a quienes duele este martirologio y, valiéndose de sus conocimientos de la ciencia política, la sociología, la pedagogía, el periodismo y la comunicación, se han comprometido con esta empresa autogestionada desde Barcelona para ofrecer al público de las redes la descarnada información de la infamante barbarie a través de declaraciones en vivo de los personajes acorralados, como una forma de protección y acompañamiento de estos líderes en peligro. Me asombró, emocionó y enorgulleció ver que lideran esta idea de Fragmentados, relatos entre fronteras mi hija Salomé Arbeláez Jaramillo, la también colombiana Alejandra Garzón, la española Laia Martínez Nebot y la mexicana Pau González.

La paz hay que salvarla, así la pateen y mancillen sus enemigos, y luego publiquen su foto diciendo que no es una paz perfecta.

JOTAMARIO ARBELÁEZ
jotamarionada@hotmail.com

Empodera tu conocimiento

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.