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‘Desquite’ en Ícono

‘Desquite’ en Ícono

‘Recrea de manera contundente el destino de muchos niños campesinos arrasados por la violencia’.

10 de agosto 2021 , 09:00 p. m.

El escritor y profeta de la nueva oscuridad, como le gustaba autoproclamarse, Gonzalo Arango, nacido en 1931 y muerto en 1976, se propuso interpretar la realidad a su modo y por ello se tomó las libertades de cantar las glorias repelentes de ciertos facinerosos, como los insoslayables ‘Águila Negra’ y ‘Desquite’.

Del primero, a quien atisbó por unas horas cuando compartió el patio de un penal por haber publicado un manifiesto subversivo, escribió: “Lo imaginé muerto. Era ridículo. Hasta en la muerte este hombre era imposible, extraordinario. Para su estatura formidable no existía ataúd. Muerto sería inhumano. Él sería un cadáver grande como la grandeza. ¡Su tumba sólo podía ser el mar, la colina, el olvido de Dios!”. Y lo fue, pues ahora la memoria de este bandido no consta ni en Google. De ‘Desquite’, en la Elegía que le dedicara en 1965, publicada en La Nueva Prensa, decía: “Lo mataron porque era un bandido y tenía que morir. Merecía morir sin duda, pero no más que los bandidos del poder”. Era la época en que los escritores debían utilizar expresiones extremas, porque se suponía que un adjetivo atinado era más certero que una bala, según sugerencias del existencialismo sartreano.

La Elegía a ‘Desquite’, publicada como columna e incorporada al volumen Obra Negra, y que lleva circulando más de cincuenta años en hojas impresas, fotocopias, y ahora profusamente en las redes, es un poema roñoso donde se le da la vuelta a la torta del engendro fratricida, y trata de explicar las razones de quienes solo vivieron para desquitarse de los oprobios causados en sus hogares por las brasas de “la Violencia”, ese periodo vergonzoso que antecedió a la guerra de la que tratamos de salir luego de más de medio siglo. Y de la que muchos se empeñan en negar su existencia, y por consiguiente la inutilidad de firmar la paz.

El editor Gustavo Mauricio García, de Ícono, tuvo la idea de publicarla en forma independiente, con preciosas e impresionantes ilustraciones integradas al diseño por Alejandra Álvarez, quien se firma con el seudónimo de Amarillaverdelimón. Contó para ello, cosa que se agradece, con la Beca para proyectos de editoriales independientes, emergentes y comunitarios, concedida por el Programa Distrital de Estímulos de Instituto Distrital de las Artes, Idartes.

Se le da la vuelta a la torta del engendro fratricida, y trata de explicar las razones de quienes solo vivieron para desquitarse de los oprobios causados por las brasas de ‘la Violencia’.

Excepcional y plausible que una entidad estatal se regocije financiando una página vibrante y retadora de los poderes establecidos. Recuerdo que la vez que el Profeta estuvo en la cárcel de La Ladera, donde tal vez coincidió con el bandido cantado, fue por haber repartido un manifiesto en el sabotaje con “pedos químicos” al Congreso de los Escri-vanos Católicos en la Universidad de Antioquia. De donde lo rescató felizmente su amigo el abogado Alberto Aguirre. Años después de su muerte, aparecieron las Memorias de un presidiario nadaísta, en edición de homenaje donde participaron los que celebraron su cautiverio, la Gobernación de Antioquia, la Universidad de Antioquia y El Colombiano. Esta obra fue recientemente reeditada por Eafit, donde se han publicado ya cinco títulos y se adelanta la edición de las obras completas del Profeta, hoy nonagenario en el más allá. Y de quien el próximo 25 de septiembre se cumplen 45 años de su partida.

Dice el editor de Ícono refiriéndose a la Elegía a ‘Desquite’, disponible hoy en las principales librerías del país: “Este relato merecía ser editado de manera independiente porque, aunque corto, recrea de manera contundente el destino de muchos niños campesinos arrasados por la violencia.

Imposible no citar, como colofón, la frase que contiene el vaticinio del profeta, del que no se sabe cuándo terminaremos de salir: “El hombre que erraba por las montañas como un condenado, ya no existe. Yo pregunto sobre su tumba cavada en la montaña: ¿no habrá manera de que Colombia, en vez de matar a sus hijos, los haga dignos de vivir? Si Colombia no puede responder a esta pregunta, entonces profetizo una desgracia: ‘Desquite’ resucitará, y la tierra se volverá a regar de sangre, dolor y lágrimas”.

JOTAMARIO ARBELÁEZ
jotamarionada@hotmail.com

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