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Las tres pandemias

Las tres pandemias

En Colombia se soporta en la actualidad tres pandemias, la virulenta, la bélica y la poética.

01 de junio 2021 , 09:25 p. m.

En Colombia, país privilegiado del tercer mundo, uno de los más felices y a la vez de los más feroces, con dos mares, tres cordilleras y los tres climas, con todas las tendencias políticas que van de la extrema izquierda y la extrema derecha al extremo centro, se soporta en la actualidad tres pandemias, la virulenta, la bélica y la poética.

La primera, que desde nuestros años posbélicos se anunciaba como posible guerra bacteriológica, nos resultó virulenta. Producto chino de alta duración asumido como covid-19, nos tiene prácticamente postrados. Se han contagiado 170 millones en el planeta, de los cuales 3 y medio han muerto. Y en Colombia, de tres millones trescientos mil contagiados han muerto 90.000. Y no hay cama para tanta gente enferma. O por enfermar, que en su desesperación por la falta de recursos para subsistir se han sumado al paro de rechazo a una medida impopular que el Gobierno se empeñó en imponer. Con el resultado de que se agiganta el contagio.

La primera resultó virulenta y nos tiene postrados. La segunda lleva un mes largo ininterrumpido y ha sido quizá la protesta más vehemente de nuestra historia. Y la tercera la sufre la poesía.

Respecto de la segunda, que ya lleva un mes largo ininterrumpido, y que ha sido quizá la protesta más vehemente de nuestra historia, en escrito anterior me aventuré a catalogarla como una torpeza, una estupidez, una descachada del Gobierno y sus asesores, al no hacer caso de las recomendaciones de los partidos ni de la comunidad, de retirar la cuestionada reforma tributaria del ministro Carrasquilla. Se le vino el mundo encima, como se dice, por más que la retirara. Porque en el camino había otros bollos que revisar, como la tal reforma de la salud, que también cayó, de culos como el imponente ministro Carrasquilla, que debe de estar en su madriguera esperando el nuevo nombramiento diplomático. Es tal la gravedad de la protesta, dada la multitud de muertos y heridos, entre manifestantes y policías que también son pueblo, mujeres violentadas y desaparecidos, que para conjurarla se contempló decretar la ‘conmoción interior’, que se impuso ahora con un término sacado de la chistera como es ‘asistencia militar’ en 13 municipios y 8 departamentos. Lo cual caldeará los ánimos a medida que arrecie la represión. Adjudican el Gobierno y sus lazarillos de la virulencia presente a la nueva Marquetalia, Maduro, Petro, Eln, indígenas, JM-19 (háganme el favor) y otros terroristas y vándalos. Pero si sabían que ellos existían y estaban en plan de disturbio, por qué los torearon y les dieron pie para hacer de la suyas. Ello me hace caer en la cuenta ahora de que no fue un error o tontería o imprevisión del Gobierno despertar protesta tan brava. Era una manera premeditada de “hacer invivible la república” o “incendiar el país”, que se viene predicando de antaño, para implantar el terror desde una dictadura, en presunta defensa de las instituciones, dados el avance de las investigaciones en contra de los generadores de violencia institucional ya suficientemente reconocidos y el arrollador avance de Petro en las preferencias electorales. Y si la cosa se sigue radicalizando con el pueblo cada vez más emberracado, se llegará a la guerra civil, incluso con los vecinos entrematándose.

La tercera pandemia la sufre la poesía colombiana. La que debió haber sido inmarcesible Casa de Poesía Silva, que le dejaron al país el presidente Belisario y María Mercedes Carranza, toca a su fin. Porque el director que impusieron a la muerte de la poeta, hijo del insigne escritor Pedro Gómez Valderrama, abogado de la Universidad del Rosario, miembro de la Academia Colombiana de la Lengua, acabó con ella. No solo por su pésima gestión que casi un centenar de poetas señalamos hace 6 años, sino por indelicadezas económicas de marca mayor con sus propios empleados, de quienes requirió los dineros de sus cesantías y no les cumplió y no volvió a pagarle sueldos a nadie. Ahora los empleados se han alzado reclamando sus derechos y todos los medios de comunicación les han abierto sus puertas. Ojalá les respondan. Qué tristeza, María Mercedes.

Jotamario Arbeláez
jotamarionada@hotmail.com

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