El habitante del quinto piso (3)

El habitante del quinto piso (3)

En 1967, Poemas de la ofensa, libo de Jaramillo Escobar, recibió el Premio Cassius Clay de Poesía.

23 de septiembre 2020 , 11:04 a. m.

Una vez fracasada la gira universal nadaísta de 1960, que apenas tocó tres o cuatro ciudades, y desaparecidos de Cali el Profeta Gonzalo Arango –quien en 2 días cumple 44 años de haber despegado en un accidente– y su carnal Amílkar U (u Osorio) –que va a cumplir 35 de haberse evaporado en otro accidente, el uno en una carretera y el otro en una laguna–, el obsequioso de Jaime Jaramillo Escobar o X-504, que ahora va por 88, tuvo la largueza de permitirnos el uso de su apartaestudio de habitante del quinto piso, como bautizó un cuento, para que leyéramos y escribiéramos, a Elmo Valencia, quien hace 6 días cumplió 3 años de presentar su renuncia tras haber llegado a los 91, y a mí que me preparo a celebrar mis 80 sumergido en estas memorias en La montaña mágica, nada menos que en MaraVilla de Leyva. Como habíamos aprendido en el zen, “así es la vida, siete veces abajo, ocho veces arriba”.

Yo tenía copia de la llave y por lo general llegaba temprano, casi al tiempo que él salía para su trabajo, a sentarme a la máquina (escribía por entonces Santa Librada College), y mi estupor era mayúsculo al encontrar a mano derecha de la Remington Rand cada día dos o tres nuevas páginas impecables, no solo sin un error de redacción o tipeo, sino en algunos casos justificadas. Por esos días el Poe estaba sumergido en una lectura intensa del Canto a mí mismo, de Whitman, traducido por León Felipe, y en la de Los cantos de Maldoror, de Lautreamont, por Julio Gómez de la Serna. Lo curioso fue que la influencia de este par de colosos se le manifestó escribiendo, no solo versos largos como el patriarca de Manhattan y envenenados como los del Conde, sino a la manera de William Blake, de quien no recuerdo ningún libro en su biblioteca. Se trataba de Los poemas de la ofensa. A mi entender, uno de los tesoros del siglo.

El obsequioso Jaime Jaramillo Escobar, o X-504, tuvo la largueza de permitirnos el uso de su apartaestudio para que leyéramos y escribiéramos Elmo Valencia y yo.

Y de dónde te salen esos poemas tan perfectamente extraños en los temas y el tratamiento, le pregunté una tarde en que coincidimos y me invitaba a cenar, cuando aún cenaba. Parecen producto de los mil y un desvelos. Y él me confesó esta enormidad. Todas las medianoches, en el duermevela, cuando se me pone la mente en un blanco y trago saliva se me aparece sobre un atril con labrados rococó un enorme y espeso tomo de pasta de roble labrado y cantos dorados cuyas hojas van pasando activadas por un aire de lentitud y yo, en principio muy sorprendido, en esta humilde libreta que pongo al alcance de mi mano derecha voy copiando con este lápiz de punta afilada las oraciones que leo. Ya me ha pasado en varias semanas, noche tras noche. Yo tenía la idea de que la musa le dictaba a uno al oído, pero no que se dejara copiar. Ya me estoy acostumbrando a ese método. Es posible que a otros poetas les pase, o les va a pasar. Está preparado. Mis escritos anteriores los archivaré para siempre. Llevaban el título de Poemas de X-504 antes de que le diera rabia.

Ni qué decir que a partir de ese momento, en mis accesos a la cueva del monstruo, de la que se habla en sus poemas, me tomaba la libertad de acostarme en la cama del Poe, con mi libreta y mi lápiz a mi mano derecha, y trataba de entrar en el duermevela a ver si se me aparecía el dichoso libro. Pamplinas. Por más que pusiera mi blanco en mente y ensalivara mi trago, no se me aparecía el libro de mierda. Debía ser porque no era la medianoche. Entonces invoque al señor Buda. Ya había terminado mi Santa Librada College, que me granjeó mucho aplauso, el que no recibí cuando no me dieron diploma. Y comencé a escribir Zen y santidad, que terminaba proclamando que “los nadaístas somos los verdaderos santos / y sanseacabó”.

Pues bien, pasados cinco años, en 1967, Poemas de la Ofensa recibió el Premio Casisus Clay de Poesía convocado por la Editorial Tercer Mundo, de Belisario, mientras Elmo Valencia recibía el Premio de Novela por Islanada, obra escrita también en la máquina del Poe. Con Zen y santidad no gané ni un culo. El señor Gotama rio cuando le hice el reclamo y me dijo que eso era para que siguiera escribiendo. Que es lo que, pasados 60 años, continúo haciendo.

Jotamario Arbeláez
jotamarionada@hotmail.com

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.