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Antonio se quedó frío

Antonio se quedó frío

Se fue el pintor, el escultor, el cantante, el íntegro ser humano repartidor de sonrisas.

24 de agosto 2021 , 08:00 p. m.

La pandemia se acaba de llevar a uno de los amigos de mi alma, con quien habíamos hecho planes de dejar el mundo mejor que cuando llegamos, y he aquí que se está dejando tan enfermo como sus víctimas. Antonio Frío, el pintor, el escultor, el cantante, el íntegro ser humano repartidor de sonrisas, acaba de pasar al piso de abajo. Que podría ser el de arriba. Me he comunicado con su hija Cindy Adarme inquiriéndole qué paso, y de su recuento no quiero privar a los lectores amigos de lo que implica una tragedia de estas en el corazón de una familia.

“El viacrucis de nuestra familia empezó los primeros días de julio, cuando enfermamos mi padre, mi madre, mi cuñado y yo. Mi madre y mi cuñado mejoraron, pero papá y yo fuimos internados al hospital por complicaciones, yo el 12 y papá el 14 de Julio, lo cual me dio el privilegio (reflexiono ahora), de pasar por raticos desde mi habitación, la 310, a la habitación de él, la 305, a acompañarlo, hacerle masajitos en su espalda, ayudarle con cositas que podría necesitar y orar desde mi amor por la recuperación de los dos.

Mientras mi juventud y fortaleza me sacaron en menos de 8 días de esa cita con la muerte en vida, papá se quedó... y la tarde del domingo 18 de Julio, luego de un abrazo de esos que unen las almas y que me llevaré para la eternidad, tuve que dejar a mi papá allí. Me miró con sus bellos ojos llorosos y dijo: “Me alegra, mijita, que tú sí hayas salido...”. Desde ese día empezó lentamente a complicarse, pasando de cánula a máscara y luego, 8 días después, decidieron pasarlo a la UCI n.º 6, para monitorearlo mejor y colocarle una cánula de alto flujo. Casi todos los días iba a llevarle cositas al hospital. Le llevé su libro para dibujar, sus lápices, esferos y carboncillos, con los que plasmó lo que serían sus últimas obras de arte. Un radio con la música que él adoraba y todo aquello que necesitara para llenarlo de ganas de vivir. Durante ese tiempo, cuentan los médicos y enfermeras que fue muy juicioso, toleraba la pronación aun cuando no le gustaba y le dolía, hacía sus ejercicios y monitoreaba demasiado sus parámetros, a tal punto que esto le causaría mucha ansiedad. Una noche más oscura que de costumbre, un 27 de julio, su cuerpo se cansó de luchar por evitar la intubación.

Su amor por su trabajo lo había llevado a sacar de su bolsillo para costear la restauración, cosa que no alcanzó a terminar de hacer.

No lograba dormir, sentía mucho ahogo y en sus ojos se veía una mezcla de miedo y resignación. Aun así se aferró a la vida que tanto amaba y autorizó el procedimiento. Justo antes, en una videollamada que desearía no haber visto nunca, se despidió... sus palabras hacia mí fueron: "Cindy, hay que restaurar mis monumentos". Los mismos que la falta de cultura, aprecio por el buen arte y algo de los efectos nocivos de la pandemia hicieron que los vándalos robaran partes de sus obras en bronce de la escultura La ofrenda del zipa Tisquesusa y de El visionario, ubicadas en Zipaquirá. Su amor por su trabajo lo había llevado a sacar de su bolsillo para costear la restauración, cosa que no alcanzó a terminar de hacer.

Papá duró intubado hasta el viernes 13 de agosto, día en el cual ya estaba ganando su batalla contra el covid, a punto de poder ser extubado. Pero su reacción al proceso no lo permitió. Entraba en estado de “delirio”, condición que evita un retiro tranquilo de la anestesia. A ese punto, estaba en el límite para proceder con la traqueostomía. Así que ese día se la hicieron y salió bien, gracias al gran trabajo de los médicos y enfermeras, en especial al doctor Kuan. Sin embargo, ese fin de semana, algo fulminante acabó con nuestras esperanzas. Dos bacterias, la klebsiella y la pseudomona, en términos de horas, invadieron su sangre y su cuerpo. Su sistema inmune dejó de funcionar y un shock séptico deterioró su cuerpo en tres días, al punto de que el día de mi cumpleaños, martes 17 de agosto, a la 1:11 a. m., nos dejó su crisálida enferma, para emerger volando hacia el paraíso. Papá me regaló su vida de cumpleaños... como un obsequio para seguir adelante con la mía, para darme un impulso y decirme... tú puedes ser fuerte y seguir adelante, aun si mi cuerpo no está contigo, estará siempre mi alma”.

Ay, Cindy, así sea.

JOTAMARIO ARBELÁEZ

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