Vergüenza es lo que deberían sentir

Vergüenza es lo que deberían sentir

¿Continuarán quienes defraudaron la confianza ciudadana al involucrarse en escándalos de corrupción?

21 de febrero 2018 , 12:00 a.m.

El próximo 11 de marzo Colombia elegirá a los nuevos integrantes del Congreso de la República. Al conocer los nombres de algunos aspirantes a ocupar una curul tanto en Cámara como en Senado la pregunta que los colombianos nos hacemos es: ¿continuarán con poder político quienes han defraudado la confianza de los ciudadanos al verse involucrados en escándalos de corrupción? La respuesta es ¡sí! Así como lo leen.

En las listas inscritas ante la Registraduría Nacional del Estado Civil aparecen nombres de personas que llegarán a esa corporación representando los intereses de gente que ha sido condenada, o que está privada de la libertad mientras avanzan los procesos en la Corte Suprema de Justicia.

Para la muestra un botón. En Sahagún hacen campaña para llegar a esa corporación los hermanos de Bernardo ‘Ñoño’ Elías y de Musa Abraham Besaile, congresistas capturados por orden de la Corte Suprema de Justicia por estar involucrados en actos de corrupción. Al primero se le acusa de haber recibido millonarias coimas de parte de la firma Odebrecht, para que le adjudicaran importantes obras de infraestructura. El segundo está sindicado de los delitos de cohecho y peculado porque le entregó al abogado Gustavo Moreno 2.000 millones de pesos para evitar ser capturado por ‘parapolítica’. Además se apropió de recursos del departamento de Córdoba en contubernio con el exgobernador Alejandro Lyons.

¿Hasta cuándo seguiremos premiando a los bandidos? Colombia necesita leyes que impidan a familiares de políticos señalados de cometer algún delito ser elegibles.

Por las calles de Sahagún circulan motocarros con afiches de los aspirantes al Congreso Julio Elías y Jhony Besaile. Sus imágenes se ven por todas partes. Con altavoces, luciendo camisetas blancas y llevando en sus manos banderas de sus partidos, los seguidores de estos dos candidatos recorren el pueblo a ritmo de música. Los acompañan mientras ellos, muy orondos, visitan el comercio buscando convencer a la gente de que respalden sus aspiraciones. No tendría nada de raro este desplazamiento por las principales calles del municipio si fueran dos candidatos más. Pero como son los hermanos de los dirigentes del Partido de ‘la U’ detenidos por corrupción, este hecho tiene una connotación especial.

Julio Elías y Jhony Besaile llegarán al Senado con los votos de sus dos hermanos no para legislar con criterio propio, sino para mantener el poder político que durante varios años los detenidos han ostentado. Lo anterior quiere decir que, desde la cárcel, Bernardo ‘Ñoño’ Elías y Musa Abraham Besaile seguirán legislando, pero en cuerpo ajeno. Simplemente ponen su votación para que ellos lleguen. Lo criticable aquí es que la gente siga depositando su voto por quienes los defraudaron. El voto castigo no existe en Colombia, desafortunadamente. El ciudadano del común vota por quienes desde la cárcel ellos señalen, porque lo único que les interesa es poder recibir las dádivas con que les han llenado la barriga.

Es lo mismo que pasó en las elecciones del 2010, ese año fueron elegidos, entre otros, Arleth Casado, esposa de Juan Manuel López Cabrales, condenado por ‘parapolítica’; Teresa García Romero, hermana de Álvaro García Romero, condenado como autor intelectual de la masacre de Macayepo; Mauricio Aguilar, hijo de Hugo Aguilar, exgobernador de Santander, condenado por ‘parapolítica’; Doris Vega Gil, esposa de Luis Alberto Gil, condenado por el mismo delito, y Olga Suárez Mira, hermana de Óscar Suárez Mira, también condenado por ‘parapolítica’. Solo que ahora los delitos tienen que ver con actos de corrupción. Bernardo ‘Ñoño’ Elías y Musa Abraham Besaile utilizaron el poder para enriquecerse.

Vergüenza es lo que deberían sentir estos delincuentes que en mala hora el pueblo cordobés llevó al Congreso. El mismo exgobernador Alejandro Lyons, otro corrupto, ha revelado ante la Fiscalía la forma como se apropiaron de recursos del Estado. Lo criticable es que a sus electores no les importa que estos sujetos estén en una cárcel pagando sus delitos. Es decir, no hay una condena por estas actuaciones corruptas. Desde una celda ellos imponen, sin ningún reato moral, sus candidatos. Como tienen comprada la conciencia de sus seguidores, les es fácil hacerlos elegir. ¿Hasta cuándo seguiremos premiando a los bandidos? Colombia necesita leyes que impidan a familiares de políticos señalados de cometer algún delito ser elegibles.

JOSÉ MIGUEL ALZATE

Columnistas

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