Una advertencia para la clase política

Una advertencia para la clase política

Los colombianos ejercimos este derecho sin otro compromiso que apostarle a un país sin corrupción.

04 de septiembre 2018 , 12:00 a.m.

¿Qué lectura se le puede dar al resultado de la consulta anticorrupción? Si se tiene en cuenta que 11’671.420 colombianos depositaron su voto en una jornada donde no hubo certificado electoral, ni transporte gratis ni dádivas por haber votado, la primera lectura que se le puede dar al resultado es que la gente votó a conciencia, motivada solo por el deseo de ponerle freno a un fenómeno que tiene hastiado al país. Para que los votantes concurrieran a las urnas no se les ofreció tamales, ni puestos en la nómina oficial ni contratos con el Estado, como ocurre cuando se convoca a elecciones para corporaciones públicas o para cargos de elección popular. Es decir, los colombianos ejercimos este derecho sin otro compromiso que apostarle a un país sin corrupción.

El pasado domingo, los colombianos votamos libremente, no movidos por intereses partidistas ni motivados por ofertas de dinero. Que casi doce millones de personas hayan salido a depositar su voto sin esperar nada a cambio, solamente queriendo aportar un grano de arena para construir una Colombia manejada con transparencia, convencidas de que con ese voto están protestando contra los vicios entronizados en la actividad política, es prueba del descontento por la forma como los corruptos se apoderan de los recursos públicos. El domingo se votó contra la contratación amañada, contra el robo continuado en las entidades del Estado, contra el atornillamiento en las corporaciones y contra los beneficios que reciben los ladrones de cuello blanco.

¿Seremos capaces de extirpar algún día el cáncer de la corrupción? Si todos los colombianos nos movilizamos para exigir penas duras contra quienes se roban los dineros públicos, es posible que sí.

La segunda lectura que debe dársele a la inmensa votación depositada por esos colombianos que sienten rabia cuando se enteran de cómo se roban los dineros públicos es que lo del domingo pasado fue una clara advertencia para la clase política: o cambian o los cambiamos. Con esa votación, que superó la depositada para elegir a Iván Duque, se les notificó a los políticos que hay una Colombia dispuesta a no permitir que los corruptos se sigan apropiando, a través de la contratación, de los dineros con destino a la salud. En la consulta se les dijo en forma contundente: “Si siguen en las mismas, habrá penas ejemplares”. Si los congresistas entienden el mensaje que les dio el pueblo, no tienen otra alternativa que aprobar los puntos consignados en el tarjetón de la consulta.

Alegra el alma ver cómo millones de colombianos salieron de sus casas un domingo solo para cumplir una cita con el futuro de la patria. Esto comprueba que ha calado hondo en los ciudadanos la idea de buscar la forma de cerrarles las puertas a los corruptos en las entidades del Estado. Aunque no se alcanzó el umbral para que los siete puntos fueran un mandato para los congresistas, sí se logró que el país se sintonice con la necesidad de implementar leyes que castiguen a quienes se apoderan de los recursos públicos. En este sentido, la consulta del pasado domingo fue una manifestación inequívoca contra esos políticos que llegan al Congreso solo con el propósito de enriquecerse, no pensando en aportar conocimiento para construir un país con equidad social.

¿Seremos capaces de extirpar algún día el cáncer de la corrupción? Si todos los colombianos nos movilizamos para exigir penas duras contra quienes se roban los dineros públicos, es posible que sí. Recuérdese que Simón Bolívar, cuando era dictador del Perú, expidió un decreto implantando la pena de muerte para quienes malversaran los fondos públicos. Fue firmado el 12 de enero de 1824. Lo que demuestra que desde los inicios de la República este delito ha sido común entre los servidores del Estado. De ahí que haya llegado a la dimensión en que ahora está. Si condenamos socialmente a los políticos corruptos y a quienes se prestan para que esquilmen al Estado, estaremos dando un paso importante en este sentido.

Lo ocurrido el 26 de agosto se puede calificar como un grito con fuerza de levantamiento popular. “¡No más corrupción!”, gritaron casi al unísono 11’671.420 gargantas adoloridas porque los niños se están muriendo de hambre, porque la plata para las obras públicas se la están robando, porque los recursos para la salud no están llegando a donde deberían llegar. Ese grito retumbó en toda Colombia. Un grito que debería servir como imprecación contra quienes se han apoderado de la plata de los colombianos. Ojalá los corruptos entiendan que con esa votación se les dijo: “¡No más! ¡Basta ya de apropiarse de lo que es del pueblo!”. Para exigir transparencia, esos votos tienen más fuerza que una manifestación de 100.000 personas frente al Congreso de la República.

JOSÉ MIGUEL ALZATE

Columnistas

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