Sobre una novela de Juan Gossaín

Sobre una novela de Juan Gossaín

Releer 'Al final del sueño' me permitió encontrar los valores intrínsecos que no había notado antes.

03 de julio 2020 , 09:30 p.m.

La primera edición de 'Al final del sueño', novela de Juan Gossaín, fue hecha en diciembre de 2006. Es decir, faltan seis meses para que el libro cumpla dieciséis años de haber sido publicado. ¿Por qué escribir sobre una obra que ya pasó de una década de haberse puesto en librerías? Muy sencillo: porque es una novela muy bien escrita, donde campea ese fino humor que caracteriza muchos de los relatos del escritor oriundo de San Bernardo del Viento. Además, porque, no obstante el paso de los años, su argumento no pierde vigencia, y porque su lenguaje tiene esa magia que nutre a los narradores del Caribe colombiano, que sabe a sal marina y tiene fuerza de vendaval. Estas son razones válidas para escribir sobre una novela que se resiste al óxido del tiempo, conservándose fresca.

Mario Vargas Llosa dijo alguna vez que lo mejor de la relectura de un libro es encontrarse de nuevo con ese mundo descubierto en la primera lectura, y que en razón del tiempo transcurrido trata de borrarse de nuestra mente. Pues bien: releer 'Al final del sueño' fue un ejercicio intelectual que me permitió encontrar los valores intrínsecos que en la primera lectura no encontré en la novela: una prosa eficaz, erudita, bien manejada, donde la oración tiene una cadencia acariciante, y donde hay un ritmo melodioso en la construcción de las frases. Además, un personaje femenino que se roba la atención por las vicisitudes que su belleza le hace vivir. Y, desde luego, un narrador fornido que tiene papel protagónico en la historia, que despliega sus excelencias verbales para contar detalles íntimos de una relación.

¿Por qué no escribir sobre una novela que diez años después de haber sido leída por primera vez vuelve a despertarnos el ánimo con el encanto de su lenguaje? Esta fue la pregunta que me hice el día que terminé de releerla. ¿Quieren saber por qué? Simple. Porque esa historia de un pintor francés que se arrepiente de ser marica fascina al lector por todo lo que tiene de expresión auténtica de dos personajes que por momentos reflexionan sobre el amor, la vejez, la muerte, el sexo y la locura, buscando entenderse, perdonarse sus atrevimientos y, en instantes de ira, cantarse sus verdades. Eso es lo que pasa entre Pierre, el francés que escribe versos, y Teresa Carrasco, la mujer despampanante que lo cautiva la noche en que él inaugura un restaurante de mariscos frente al malecón, en Cartagena.

En 'Al final del sueño', Juan Gossaín logra un manejo artístico del erotismo. Se advierte en la forma como narra la atracción que Teresa Carrasco despierta en quienes la ven cuando cruza por la playa. La gente decía que se ponía ropa que permitiera que el viento “hiciera travesuras en sus muslos, con el fin de exhibirlos sin recato”. Pierre la descubrió una tarde mientras pintaba frente al mar. Cuando la vio venir tenía él un pañuelo de colores anudado al cuello. Era tan hermosa “que su presencia le ardía en los ojos, como el resplandor del sol al mediodía”. Es esa belleza la que lleva al francés que llegó al Caribe como turista en un crucero a renunciar a su condición sexual. Lo paradójico es que hizo el amor con ella una sola vez, mar adentro, en una isla. Fue, dice él, la noche más maravillosa de su vida.

¿Cómo es esa belleza de Teresa Carrasco que conturba a quienes la ven caminar por el sector de las murallas? El narrador omnisciente que alterna el relato con la primera persona cuando se expresan los personajes la describe así: “Un ejemplar prodigioso de la raza humana, más alta de lo habitual en estas tierras, con una larga cabellera que le caía suelta sobre la espalda”. De esa mujer que sufre por ser tan bella, que cuando quería verse fea aparecía más provocativa, se enamoró el francés que pintaba cuadros y escribía versos “primorosos pero insulsos”. Ese amor hacia una mujer que tenía unas piernas largas, “que se entrecruzaban al andar, en un balanceo, del modo que no caminan sino las garzas”, llevó a Pierre a una situación que inspiraba lástima.

Esa inseguridad que vive Pierre frente a los sentimientos que hacia él tiene la hermosa mujer se refuerza con la actitud de ella después de casarse. Como ese día no hicieron el amor, ella salió a buscar placer en otro lado. Lo encontró en un mulato grande y musculoso llamado Malibú, un hombre ordinario, sin oficio conocido. Lo hizo porque al intentar “soliviantarle los calores”, exhibiéndose ante él de manera sensual, al terminar de desvestirse el francés ya estaba dormido. Esto llevó a que en la relación surgieran problemas. Y aumentó en Teresa Carrasco lo que ella llamaba su desdicha, la que sufrió en sus tiempos de juventud, cuando las mujeres del vecindario, que la odiaban por ser tan bella, dejaron de hablarle porque se convirtió en el deseo sexual de sus maridos, que le dirigían miradas lascivas cuando salía de su casa.

La calidad literaria de 'Al final del sueño' está en el lenguaje poético que Juan Gossaín utiliza para exaltar la belleza de Teresa Carrasco. También en la forma de entrar en el alma de los personajes para contar sus angustias. Es una historia donde cuerpo y alma se hibridan y los sufrimientos afloran. Una novela que se crece en la mente del lector por lo que tiene de expresión de las miserias humanas, de las angustias existenciales y de los dolores del alma. La Carrasco sufre la angustia de ser bella. Cree que va a morir asesinada, como pasa con la mujer de la novela que Pierre le dicta mientras está dormido; un suceso, por supuesto, ‘macondiano’. En síntesis, leer este libro es “navegar por las aguas impredecibles de la pasión, las ambigüedades del matrimonio y los temibles senderos de la madurez”. Así dice la contracarátula.

Juan Gossaín habla aquí de las pasiones humanas. Está explicito cuando, como autor, se involucra en el relato para dar respuesta a la pregunta que le hace el editor sobre si Teresa Carrasco llegó virgen al acto sexual que tuvo con el mulato Malibú la noche de su matrimonio. También en los decires que empiezan a preocuparla, porque la gente piensa que debe ser lesbiana por haberse casado con un marica. Esto la lleva a visitar al psiquiatra, quien le dice que solo sufre frigidez. Se casó con Pierre porque estaba cansada de que la miraran como un objeto del deseo sexual. En el monólogo sobre su vida, ella analiza con cabeza fría su situación. Y concluye que las palabras bonitas con que los hombres la halagaban le hicieron entender que la belleza de una mujer no le garantiza una vida plena de felicidad. Ser bella fue su suplicio.

José Miguel Alzate

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