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¿Por qué escribir sobre García Márquez?

¿Por qué escribir sobre García Márquez?

Porque su obra narrativa es una fuente inagotable de temas que merecen analizarse, entre otras cosas

18 de diciembre 2020 , 09:25 p. m.

Alguna vez, en un conversatorio sobre literatura, un estudiante me hizo esta pregunta. La formuló después de que yo les dijera que esa semana había publicado en una revista un ensayo sobre el escritor nacido en Aracataca en el que analizaba algunas constantes temáticas en su obra narrativa. La respuesta que entonces di parecía más una frase de cajón que un concepto serio de un académico: “Porque García Márquez es el único colombiano que ha alcanzado, gracias a su obra literaria, un reconocimiento universal”. En esa respuesta quise expresar que el autor de Cien años de soledad era el único colombiano que había llenado de gloria a este país. Y que pasarían muchos años para que otro escritor nacido en estas tierras alcanzara lo logrado por el hijo de Luisa Santiaga Márquez.

Sobre Gabriel García Márquez se escribe porque su obra narrativa es una fuente inagotable de temas que merecen analizarse para saber por qué su nombre se incrustó en el pedestal de la gloria. No obstante que sobre su producción literaria se han escrito, según su hermano Eligio, autor de Tras las claves de Melquíades, más de setecientos libros, el tema no se agota con cada nuevo texto que sale al mercado y busca desentrañar su universo narrativo. Son tantas las aristas que toca en su temática que cada página que sobre sus novelas se escribe ofrece una interpretación distinta sobre la vida de los personajes. Su narrativa ofrece posibilidades de acercamiento a un mundo ficcional que está construido sobre argumentos históricos que le dan sustentación al entramado novelístico.

Se escribe sobre el hijo del telegrafista de Aracataca porque le dejó a la humanidad una obra portentosa. Sus novelas hablan de un mundo donde la ficción se confunde con la realidad. Tal es caso del patriarca que, en su decrepitud, permite que las vacas se coman las alfombras del Palacio Presidencial, y que hagan sus necesidades en los propios pasillos. Ese dictador que vende el mar de su patria es un anciano que quiere convertir en santa a la mamá, Bendición Alvarado, porque recuerda que cuando él nació se ganaba la vida pintando pájaros para venderlos en el mercado. Como la Santa Sede no accede a sus pretensiones, decide canonizarla por decreto después de que obliga a todo un pueblo a venerarla. Es el mismo que, para cobrarle una supuesta conspiración contra el régimen, manda a matar al general de división Rodrigo de Aguilar, y luego hace servir su cuerpo en una cena ante el asombro de los comensales.

Se debe escribir sobre Gabriel García Márquez porque su obra narrativa enseña no solo la riqueza anecdótica de la región caribe, sino todas las circunstancias que han hecho de Colombia un país rico en historias para contar, donde a veces la realidad parece superar a la ficción. Que es lo que alcanza el novelista cuando recrea hechos como la guerra de los Mil Días o la masacre de las bananeras, que marcaron la historia de Colombia. En el primer caso, de la imaginación sorprendente de García Márquez brota un personaje único, que con su idealismo lucha por construir una sociedad donde se enarbole la bandera de la esperanza. Eso es lo que hace el coronel Aureliano Buendía cuando se va para el monte a combatir al gobierno. Lo hace porque rechaza el fraude en las elecciones.

¿Por qué otras razones se debe escribir sobre el novelista que más gloria le ha dado a Colombia? Aquí van dos. García Márquez le mostró al mundo la imagen positiva de un país que tiene en sus escritores los notarios disertos de la realidad nacional, toda vez que a través de sus obras interpretan el acontecer histórico para dejar testimonio escrito del momento que les ha tocado vivir, y que los ha marcado como colombianos que han sufrido el dolor de la guerra. El escritor de Aracataca hizo de Cien años de soledad una novela que interpreta a este país que se debate entre la esperanza y la desazón. La esperanza de un futuro en paz, donde cese el ruido de las metralletas, y la desazón de saber que todavía nos estamos matando entre nosotros sin que nos duela la sangre de las víctimas.

Gabriel García Márquez le dio a Colombia presencia universal. Antes de él no contábamos en el inventario de los países que habían dado hombres dotados de una inteligencia superior. Nos miraban como un pobre país subdesarrollado que no había alcanzado desprenderse del tutelaje español ni siquiera en el manejo de su lenguaje. Después de él empezaron a mirarnos con otros ojos. Y nuestra historia, y nuestras costumbres, y nuestro pasado y nuestras creencias empezaron a ser tenidas en cuenta en el continente europeo. Todo porque este hombre descorrió la cortina que impedía vernos tal como éramos, con nuestras virtudes y nuestros defectos. García Márquez nos abrió las puertas para mostrarnos al mundo como un país con dimensión literaria.

José Miguel Alzate

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