Secciones
Síguenos en:
Las cosas que no me gustan de este país (II)

Las cosas que no me gustan de este país (II)

¿Cómo construir una Colombia donde brille la honestidad? Es tarea difícil.

02 de marzo 2021 , 09:25 p. m.

Hace algunos meses escribí una columna que llevaba este mismo título. Dije entonces, recordando unas palabras de Juan Gossain, que a los colombianos nos tenía cansados la corrupción. Sin embargo, nada ha cambiado. El país sigue siendo el mismo. Los problemas sociales, los asesinatos de cientos de desmovilizados, los casos de corrupción que la prensa registra a diario, el incremento descarado de los sueldos de los parlamentarios, las triquiñuelas de la clase política para sostenerse en el poder y el exterminio de líderes sociales obligan a volver sobre el tema. ¿Tiene sentido hablar acerca de esto? En la medida en que la sociedad se convenza de que lo que ocurre en Colombia puede frenarse si levantamos la voz para condenar socialmente a los responsables de todo lo que pasa, tal vez sí.

En este país, al delincuente de cuello blanco lo volvemos a tratar como si nada hubiera hecho. Después de que sale de la cárcel le abrimos el corazón para que se sienta bien. Claro, como salen con plata, nos olvidamos de los delitos por los cuales fueron condenados, y los saludamos como si fueran personas honestas. Y ellos, orondos, se pasean por las calles sin sentir vergüenza. ¿No fue esto lo que hizo Salvatore Mancuso cuando, recién desmovilizado, se pavoneaba por Valledupar en una camioneta Hummer y entraba al club social rodeado de escoltas? Entre esas cosas que no me gustan de este país están esas escenas en las que los mafiosos que ha sido dados de baja son despedidos por cientos de personas que lloran su partida. Como que olvidan cuánto daño le hicieron a la sociedad.

En Colombia no existe la condena social contra quienes se han enriquecido con los dineros públicos. Aquí, los políticos que han caído a una cárcel por corrupción, o por haber tenido oscuras relaciones con los paramilitares, siguen ejerciendo el poder a través de otras personas. El caso de Cúcuta, donde el exalcalde Ramiro Suárez Corzo, condenado a 27 años de prisión por la muerte de un ciudadano y, además, por sus vínculos con la ‘parapolítica’, ilustra lo que afirmo. Hoy goza de casa por cárcel. Y, lo más grave, continúa con poder político. Desde la prisión puso alcaldes. Ahora está detrás del proceso de revocatoria contra el alcalde Jairo Yáñez. ¿Cómo es posible que la gente siga a un político con estos antecedentes? Esto indica que no tienen en cuenta los valores que deben adornar a un líder político.

No me gusta un país donde la gente olvida tan fácil. Álvaro García Romero, un cacique político del departamento de Sucre, fue condenado a cuarenta años de cárcel por haber sido el determinador de la masacre de Macayepo, ocurrida el 16 de octubre de 2000, donde fueron asesinados quince campesinos. En su tierra, la gente no tuvo ningún reato moral para votar por su hermana. Aprovechando sus votos, ocupó su curul en el Senado de la República. Ahora la Jurisdicción Especial para la Paz acepta su sometimiento a esta instancia: comparecerá en calidad de agente de Estado no integrante de la Fuerza Pública. ¿Qué busca con esta estrategia? Que le reduzcan su condena y, de contera, solicitar casa por cárcel. Esto es una burla a las víctimas.

Cuando los delincuentes logran burlar a la justicia, es porque algo anda mal; o es muy laxa o los fallos se compran. Los colombianos sabemos que la Corte Suprema de Justicia ha sido cuestionada. El proceso que sigue la Fiscalía General de la Nación contra el exfiscal anticorrupción Luis Gustavo Moreno dejó al descubierto cómo este alto tribunal fue permeado por la corrupción. Que un magistrado, Gustavo Malo, fuera condenado por los delitos de cohecho propio, concierto para delinquir, prevaricato por acción, prevaricato por omisión y utilización de asuntos sometidos a reserva dejó muy mal parada a una institución que debe estar integrada por hombres integérrimos. Pedirle dos mil millones de pesos a un político para favorecerlo no es ético. Es ir contra la moral que debe caracterizar a un magistrado.

¿Le puede gustar a uno un país donde la justicia se corrompe? De ninguna manera. Jorge Pretelt Chaljub, quien fue presidente de la Corte Constitucional, pidió 500 millones de pesos al abogado Víctor Pacheco para fallar a favor de Fidupetrol una tutela con el fin de no pagar una multa de 25.000 millones de pesos, impuesta por la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia. Denunciado ante la Comisión de Acusación de la Cámara, fue condenado a casi siete años de prisión. De otro lado, en Cúcuta, la fiscal Ana María Flórez favorecía al jefe del frente Fronteras de la Autodefensas, Jorge Iván Laverde Zapata. Hoy es prófuga de la justicia. Estas son, entre muchas otras, las cosas que no me gustan de este país. ¿Cómo construir una Colombia donde brille la honestidad? Es tarea difícil.

José Miguel Alzate

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.