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‘La aldea debajo de la montaña’

‘La aldea debajo de la montaña’

Una novela escrita por Bruno Elías Maduro que, desde el inicio, invita a avanzar en su lectura.

12 de julio 2021 , 01:27 a. m.

Cartagena ocupa un lugar importante en la historia de la literatura colombiana. Es la cuna de personas que un día tomaron la palabra como opción de vida y, sobre todo, como herramienta para construir mundos imaginarios. Por su capacidad para crear historias, por saber manejar el lenguaje con donosura y por la estética que inunda sus libros, varios escritores nacidos en esta ciudad incrustaron sus nombres en el gran libro de nuestras letras. Germán Espinosa, Roberto Burgos Cantor, Julio Olaciregui, Jorge García Usta y Marvel Moreno son algunos referentes de lo que Cartagena le ha aportado al país en materia literaria. Y, sin haber nacido allí, autores como Gabriel García Márquez, Héctor Rojas Herazo, Manuel Zapata Olivella y Juan Gossain ayudaron a consolidar ese buen nombre.

Este párrafo inicial para decir que un nuevo nombre empieza a sobresalir entre esa gran pléyade de buenos escritores cartageneros. Se trata de Bruno Elías Maduro, un abogado que acaba de publicar una novela que después de leída uno se atreve a decir que hay en ella un narrador capaz de crear atmosferas inolvidables en una prosa lúcida, bien trabajada, que cautiva al lector por su fuerza narrativa y, sobre todo, porque como un orfebre del buen escribir teje historias donde los personajes tiene carácter y, al mismo tiempo, una asombrosa capacidad para resistir las adversidades. Como esa mujer llamada Mercedes, que desde las primeras líneas de la novela demuestra tener un corazón grande para entender el mundo en el que se desenvuelve con actitudes de liderazgo.

'La aldea debajo de la montaña', la novela escrita por Bruno Elías Maduro, es una obra de aventuras asombrosas. Como las que vive el pueblo de Pivijay cuando todas las mujeres se van detrás de un circo, dejando a sus maridos, para regresar después embarazadas y con hijos que ellos deben levantar como si fueran suyos. Simona, la Cacica del pueblo, que impone su autoridad, ordena a todos los hombres que deben aceptar el regreso de sus mujeres. “Son niños y tenemos que aceptarlos”, dijo con voz de estruendo cuando vio que algunos lugareños querían negarse a recibirlas con hijos de otros. Simona es una tía de Mercedes, la mujer que llegó a su casa después de atravesar caminos tortuosos arreando una vaca y una mula. Hace parte de la expedición que funda un pueblo en la Sierra Nevada.

“Si un libro no apasiona, uno no tiene nada que hacer con él”, escribió William Ospina. Esto es verdad. Un libro que no logre captar la atención del lector en el primer capítulo es un libro que no apasiona. Utilizo la frase del autor de 'Ursúa' para decir que 'La aldea debajo de la montaña' es una novela que, desde la primera línea, genera el deseo de avanzar en su lectura. Esta frase: “Mercedes había tenido un sueño aterrador”, hace que quien tiene el libro en sus manos quiera saber qué sueño tuvo el personaje. Más cuando, unas líneas adelante, dice: “Se despertó al final de la madrugada y vio el cubrelecho revuelto por el estropicio de sus piernas”. En el primer párrafo, ese lector que Raymond Williams dice que debe vivir como propio el relato descubre que está ante un narrador talentoso.

En 'La aldea debajo de la montaña' confluyen una serie de personajes extraídos de la realidad, que vivieron en esos espacios geográficos que el escritor lleva a su creación literaria para interpretar a una sociedad que lucha por defender ese pedazo de tierra donde construyen sus sueños. Mercedes hereda de sus antepasados esa fuerza de voluntad para salir avante en lo que se propone. Gracias a ella, ese sueño de fundar un pueblo se hace realidad. Tiene carácter para liderar el grupo de personas que fundaron un poblado al pie de una montaña. En la delineación de las calles, en la forma en que deben construir las viviendas y en el establecimiento de normas de convivencia, Mercedes es el alma de ese núcleo social. No le importa, incluso, convertirse en la maestra que les enseña a leer y a escribir a los niños.

La novela de Bruno Elías Maduro tiene pasajes de una gran belleza literaria. El lenguaje con el que describe los rasgos físicos de los personajes, con el que exalta la naturaleza que circunda el espacio geográfico o con el que narra sucesos que se viven en las poblaciones que aparecen en la obra es precioso. Hay allí no solo un excelente narrador, sino un poeta inmenso. La novela tiene escenas creíbles. Como las de un hombre que tiene capacidad para inventar cosas. Se llama Alfonso. Es el hijo de Mercedes en su matrimonio con Luis Mariano Rodríguez. De niño abandona el estudio para encerrarse en una pieza: quiere inventar un instrumento que sirva para hacer llover. “Un genio que raya en la locura”, dijo el médico que lo examinó cuando su madre se lo llevó, preocupada porque tenía pesadillas.

La historia de los hombres que se van para La aldea de las tigresas, un poblado cercano, dejando a las esposas, recuerda lo que pasó en Pivijay cuando las mujeres abandonaron sus hogares para irse con el circo. Aquí son los hombres los que se van. A las esposas les dijeron que se iban a jugar un partido de fútbol. Pero se fueron para La aldea de las tigresas, atraídos por los cuentos que circulaban sobre los placeres que allá brindaban las mujeres. Cuando se dieron cuenta de que estaban allá, las esposas organizaron un grupo de hombres que, armados, fueron por ellos. Pero estos terminaron seducidos, y también se quedaron. Meses después, los maridos regresaron a sus casas bajo los efectos de un bebedizo que las tigresas les hicieron tomar para evitar que hicieran el amor con las esposas.

Una narrativa alegre, una prosa ágil, un estilo literario limpio, un hábil manejo de la anécdota y unos personajes que por sus vivencias se quedan en la memoria hacen de 'La aldea debajo de la montaña' una novela para leerse con delectación si se quiere escanciar ese lenguaje que como agua fresca corre por sus páginas. Personajes como el viejo Baldía, que cultiva una huerta comunal; la Tica Zawady, una mujer que para vengarse de su marido se le entrega a un turco; la Nena Juliao, que cuando da a luz un bebé reconoce como padres a tres hombres que reclaman la paternidad; Mercedes, que termina vendiendo bollos de mazorca en las tiendas, y Ramona, a quien todos consideran una mujer sabia, encarnan esa variedad de conductas que se dan en una sociedad. Bruno Elías Maduro escribió un buen libro.

JOSÉ MIGUEL ALZATE

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