‘Jirones de niebla’: lo que Colombia nunca olvidará

‘Jirones de niebla’: lo que Colombia nunca olvidará

La novela es una radiografía de lo que vivieron cientos de municipios en la época de la violencia.

07 de enero 2019 , 11:47 p.m.

Llama la atención en la última novela escrita por Gustavo Páez Escobar el interés en rescatar del olvido la forma cómo, durante la violencia partidista de los años cincuenta, los sacerdotes hacían proselitismo en favor de los candidatos conservadores. ‘Jirones de niebla’, de reciente publicación, es una novela donde se recrea con buena imaginación lo que fue esa época aciaga en la historia de Colombia. Lo que se narra sobre Palmasola, un pueblo boyacense, imaginario, levantado por los lados del cañón del Chicamocha, fue lo mismo que vivieron cientos de poblaciones colombianas que fueron asoladas por el enfrentamiento entre liberales y conservadores en los años comprendidos entre 1946-1953. La historia dice que esta guerra civil no declarada dejó cerca de 300.000 muertos.

En la introducción de ‘Jirones de niebla’, Gustavo Páez Escobar le brinda al lector la primera pista sobre el argumento de su novela. En una página titulada ‘Niebla’, el escritor que en 1972 obtuvo el Premio Nacional de Cuento convocado por este diario dice: “A Patricio Perdomo no se le borrará de la mente la imagen fantasmal en la que fueron abatidos el día de elecciones, en la plaza del pueblo, tres vecinos, por un soldado atemorizado ante la turba enfurecida”. En la página siguiente arranca una historia donde un narrador omnisciente cuenta cómo el padre Arístides, párroco de Palmasola, desde el púlpito les dice a los feligreses por qué deben votar por los candidatos del Partido Conservador. En las 220 páginas del libro está la historia de una familia que vivió en carne propia esa violencia.

La novela narra la vida de una familia que de ricos hacendados pasan a ser gente sin dinero. Sin embargo, conservan la prosapia de los apellidos y, también, la vivienda aristocrática donde nacieron los hijos, venida a menos por la acción del tiempo. Ana Mercedes Ronderos, la matrona, que heredó de sus padres grandes haciendas, se casa con Hipólito Eslava, un hombre que por su mala cabeza deja perder la fortuna heredada por su mujer. Lo único que ella logra salvar, con sus ahorros, es la casa donde nacieron los siete hijos, que había sido hipotecada por el esposo. En esa vivienda, levantada en un costado del parque, que tenía una sala imponente, un comedor tipo europeo y siete habitaciones confortables, transcurre en parte la historia que Gustavo Páez Escobar narra en un lenguaje fluido.

Estructurada en capítulos cortos, cada uno con un título que explica su contenido, ‘Jirones de niebla’ muestra cómo transcurre la vida en un pueblo de fuerte raigambre conservadora, donde los liberales son expulsados por los líderes de ese partido con la complicidad del párroco. Para conservar la vida, Abelardo Eslava, el hijo mayor del matrimonio Eslava Ronderos, un hombre de ideas liberales, debe irse a vivir a Balcones. El propio párroco de Palmasola fustiga a la gente para que lo expulsen. Un Jueves Santo el hombre regresa a su pueblo. La gente lo vio en el parque, recostado contra la estatua del Libertador. Pero más se demoró en ubicarse en ese punto que en el pueblo la gente enterarse de su regreso. Cuando se lo dijeron, el padre Arístides bramó: “¡A qué viene esta ave de mal agüero?”.

La presencia en Palmasola de Abelardo Eslava desata la ira de Nicolás Sandino, un hombre que nunca aceptó que el hijo de Ana Mercedes Ronderos conquistara a una mujer de quien él estaba enamorado: Oriana Morantes. Esta hermosa mujer, dueña de un cuerpo escultural, llegó al pueblo para ejercer la prostitución. Al conocerla, Abelardo Eslava quedó prendado de ella. Tanto que la sacó a vivir juiciosa. Formalizada la relación, tuvieron cinco hijos. Nicolás Sandino vio en ese regreso la oportunidad de cobrarse el desprecio que Oriana le hizo cuando le propuso casarse con él. Acompañado por varios notables del pueblo, que ese día vestían riguroso traje negro, la emprendió contra su enemigo. Ante el asombro de Oriana, un puntapié certero en la cintura puso a tambalear a Abelardo.

El ataque contra uno de los pocos liberales que habían nacido en Palmasola fue brutal. Tanto, que al padre Arístides le llegó la noticia de que lo habían matado. Al escucharla, el sacerdote solo dijo: “Es lo que se merece esa rata”. Luego sentenció: “El liberalismo es pecado”. Antes de caer desmayado por los golpes contundentes que le infringían, Abelardo Eslava alcanzó a gritar: “¡Viva el Partido Liberal!”. Lo hizo para responderle a su agresor, que minutos antes le había dicho: “¿Aún le quedan fuerzas para vivar a su partido?”. El cuerpo desgonzado de la víctima fue exhibido por la calle real como escarmiento a los liberales que todavía no habían abandonado el pueblo. Lo pasearon, incluso, frente a la casa familiar. A Abelardo le salvó la vida un policía que se lo arrebató a la turba para evitar que lo siguieran golpeando.

La forma cómo fue atacado Abelardo Eslava desató su sed de venganza contra los líderes conservadores que lo llenaron de oprobios. Un domingo de elecciones organizó en Balcones, un corregimiento netamente liberal, un grupo de hombres para tomarse a Palmasola. Quería cobrarse el ataque de que fue víctima. Llegaron al pueblo a las once de la mañana. Después de depositar su voto, Eslava les ordenó: “¡Ataquen, compañeros!”. Entonces se desató una lluvia de piedras contra la casa de Nicolás Sandino, tan fuerte que el ejército no pudo contenerla. Los revoltosos vieron al hombre resguardado bajo una palmera, observando cómo destruían su casa. Al descubrirlo, le lanzaron piedras. El ejército, al reaccionar con las armas, mató ese día a las tres personas que el autor menciona en la introducción de la novela.

‘Jirones de niebla’ es una radiografía exacta de lo que vivieron cientos de municipios colombianos en la época de la violencia. Se suma a toda esa cantidad de novelas que sobre este hecho se escribieron para dejar una memoria de los sucesos violentos que ocasionó el enfrentamiento liberal-conservador. Escrita con lirismo, con minuciosidad en el relato, con unos diálogos bien concebidos, la novela narra hechos que Colombia nunca podrá olvidar. A la par que cuenta los hechos violentos ocurridos en Palmasola, narra también una historia de amor: el romance que viven Paloma, la hija del matrimonio Eslava Ronderos, y Plinio Perdomo, un boticario aventurero que llega a Palmasola para poner una farmacia. Este la enamora con frases poéticas. Pero se separan trece años después.

JOSÉ MIGUEL ALZATE

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