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¿Cuándo se detendrá este derramamiento de sangre?

¿Cuándo se detendrá este derramamiento de sangre?

Colombia no ha podido encontrar el camino que la lleve a alcanzar una paz duradera.

13 de agosto 2021 , 08:00 p. m.

Los colombianos nos hicimos a la idea de que con la firma del acuerdo de La Habana entre el gobierno de Juan Manuel Santos y el entonces grupo insurgente de las Farc se detendría ese derramamiento de sangre que hace tantos años vive Colombia. Lo mismo pensamos cuando, en el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, se acordó la desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia, grupo armado que, según el Observatorio de Memoria del Conflicto, asesinó a 260.000 personas. Y también cuando, en el mandato de Virgilio Barco Vargas, se logró la desmovilización del M-19, movimiento subversivo que, además de asesinar al líder sindical José Raquel Mercado, se tomó la embajada de la República Dominicana y acabó con la vida de 11 magistrados en la toma del Palacio de Justicia.

Fue lo mismo que pensamos cuando el 2 de diciembre de 1993, en el tejado de una casa en el sector de Las Américas, en Medellín, fue dado de baja Pablo Escobar Gaviria, el narcotraficante más sanguinario nacido en Colombia. Y lo mismo pasó cuando, el 9 de junio de 1965, el Ejército acabó con la vida de Efraín González, un delincuente que sembró terror en Boyacá. Algo similar sucedió con la muerte, el 17 de marzo de 1964, de José William Aranguren, más conocido como ‘Desquite’, el hombre que el 5 de agosto de 1963, en la vereda La Italia, municipio de Victoria, asesinó a 39 trabajadores de Obras Públicas de Caldas. Este hecho pasó a la historia como la masacre de La Italia. Todas estas muertes y los procesos de paz que llegaron a buen puerto nos hacían pensar en que el desangre se detendría.

Pero fueron esperanzas vanas. Colombia no ha podido encontrar el camino que la lleve a alcanzar una paz duradera. Muerto Pablo Escobar, surgieron otros narcotraficantes. Para asombro de un país que a diario llora a sus muertos, apareció Dairo Antonio Úsuga, alias Otoniel, comandante del ‘clan del Golfo’, organización narcoterrorista que no solo asesina a militares, sino que acaba también con la vida de líderes sociales. Asesinado Carlos Castaño por su propio cuñado y extraditados a los Estados Unidos varios jefes paramilitares, entre ellos Salvatore Mancuso, los colombianos llegamos a pensar que las masacres iban a pasar a la historia. Pero no fue así. En lo corrido de 2021, con corte al 29 de julio, según Indepaz, en Colombia han ocurrido 60 masacres, que han dejado 221 víctimas.

Todas estas muertes y los procesos de paz que llegaron a buen puerto nos hacían pensar en que el desangre se detendría.

Firmado el acuerdo de La Habana con la guerrilla más antigua del continente, los colombianos nos hicimos ilusiones sobre la posibilidad de alcanzar, por fin, una paz duradera. Pero pronto ese sueño se truncó. El grupo no fue monolítico en torno al proceso de paz, y varios líderes guerrilleros volvieron a empuñar las armas. Hoy la ‘Nueva Marquetalia’, comandada por ‘Iván Márquez’, amenaza con volver a teñir de sangre el campo colombiano. Que es lo mismo que están haciendo las disidencias de ‘Gentil Duarte’. Los vínculos de estos grupos delincuenciales con el ataque a la Brigada 30 de Cúcuta y con el atentado contra el helicóptero en el que se transportaba el Presidente son prueba de que están dispuestos a recurrir a lo que ellos llaman todas las formas de lucha con el fin de sumir al país en un baño de sangre.

¿Cuándo se detendrá este derramamiento de sangre? Parece que nunca. El nuestro es un país violento. Aquí es difícil que se depongan los odios, que se logre la reconciliación, que se alcance la convivencia pacífica. A la violencia desatada por los grupos armados se le suma el fenómeno de los atracos callejeros, donde por robar un celular o un par de tenis asesinan a los jóvenes. Mientras tanto, el sicariato no cesa. No pasa día sin que la prensa no registre un asesinato. Como si fuera poco, el paro nacional degeneró en actos de vandalismo que dejaron, según registro de Indepaz, más de 80 muertos. Y hasta el pasado 8 de agosto, según informe de la Fiscalía General de la Nación, 33 firmantes del acuerdo de paz han sido asesinados este año, y 282 desde su firma, el 24 de noviembre de 2016.

Los colombianos no salimos del asombro por lo que pasa en el país. Cuando se sabe que las propias instituciones del Estado estuvieron comprometidas en acciones violentas que llenaron de dolor a centenares de hogares humildes queda uno perplejo.

Los ‘falsos positivos’ fueron acciones criminales que dejaron mal parado al Ejército. Los asesinatos extrajudiciales de civiles para hacerlos pasar como bajas en combate, práctica que afectó el país durante los dos mandatos de Álvaro Uribe Vélez, son una página negra en la historia de Colombia. El 12 de febrero de este año, mediante auto 033, la JEP reveló que 6.402 colombianos fueron víctimas de estos actos macabros. Qué dolor el que se siente ante estos hechos. ¿Cuándo se detendrá esta orgía de sangre?

JOSÉ MIGUEL ALZATE

(Lea todas las columnas de José Miguel Alzate en EL TIEMPO, aquí)

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