Se nos fue Ramón Illán Bacca

Se nos fue Ramón Illán Bacca

Sus novelas deberían ser leídas por los colombianos para que descubran el gran escritor que fue.

26 de enero 2021 , 09:25 p. m.

¿Se necesitó que Ramón Illán Bacca muriera para que muchos colombianos supieran de su existencia? La verdad, sí. Uno se extrañaba de que un escritor de su talla no tuviera un reconocimiento mayor en el ámbito nacional. Un excelente narrador, un cuentista afortunado en el manejo de lo ficcional, un novelista creador de personajes cargados de vivencias y, sobre todo, un ensayista que supo entender en los libros leídos lo que el escritor quería expresar, debió haber merecido mejor suerte. El novelista nacido en Santa Marta, pero afincado en Barranquilla, donde fue declarado hijo adoptivo, no alcanzó la popularidad de autores de su región como Germán Espinosa, David Sánchez Juliao, Héctor Rojas Herazo, Alberto Duque López, Manuel Zapata Olivella o Julio Olaciregui.

¿Cuál pudo haber sido la razón para que este abogado con formación humanística, que ejerció como juez en varios municipios de La Guajira, no alcanzara el reconocimiento nacional? Es difícil explicarlo. La calidad de su obra literaria no se discute. Alguien dijo que era un autor estudiado, pero no leído. Esto quiere decir que fue un escritor de élites académicas, no de lectores comunes. En el interior del país sus libros no tuvieron mercado. Sin embargo, en la costa Atlántica fue un autor referenciado. Cuando en Barranquilla uno preguntaba por los buenos escritores, el nombre de Ramón Illán Bacca aparecía como un referente. Sobre todo porque había sido ganador del Premio Nacional de Novela Plaza y Janés y del Concurso Nacional de Novela Cámara de Comercio de Medellín.

El poco reconocimiento como escritor de Ramon Illán Bacca a nivel nacional puede deberse a su sencillez y, desde luego, a su humildad frente a lo que representaba para la literatura caribeña. Siéndolo, nunca se sintió una figura descollante de las letras nacionales. Tanto que, con frecuencia, se quejaba de que sus libros poco se vendían. A su amigo Víctor Ahumada, un librero de Barranquilla, con quien conversaba sobre literatura, le dijo un día que las regalías de sus libros no le alcanzaban para vivir. Fue esta una de las razones para que a su edad continuara dando clases de literatura en la Universidad del Norte, donde era apreciado por sus conocimientos literarios. La otra razón para que su obra se conociera poco fuera de la costa Atlántica fue que nunca buscó que sus libros fueran promocionados.

Un cuento de Ramón Illán Bacca, titulado De culto y viejo, autobiográfico, dice: “Soy un escritor de culto: tengo pocos lectores y menos compradores”. Desde luego, quien habla en el cuento es un narrador en primera persona, que no es otro que el propio escritor. Hasta el nombre del personaje es el mismo suyo, Ramón. Y lo que los teóricos del cuento llaman prosopografía, que no es otra cosa que la descripción física de un personaje, le enseña al lector la imagen de Ramón Illán Bacca en la tercera edad. Veamos: “Sus brazos enjutos y lampiños se mueven con parsimonia, como si la prisa por llegar correspondiera nada más a la mitad de su cuerpo. Parece un hombre pesado y tosco”. Así era, físicamente, el escritor fallecido. Aunque los años le pesaban, conservaba, eso sí, su sentido del humor.

Deborah Kruel, la primera novela de Ramón Illán Bacca, publicada en 1990, que fue Premio Nacional de Novela Plaza y Janés, ha sido considerada una obra de culto. Sin embargo, en Colombia no ha sido muy leída. Se inicia con una información sobre la presencia en La Guajira de un bombardero alemán. Un investigador de nombre Gunter Epiyú emprende una tarea de espionaje para saber quién es Deborah Kruel. Aparece en la novela un personaje que la crítica ha calificado como un alter ego del escritor, llamado Benjamín Avilés, un apasionado lector de novelas que a través de monólogos bien estructurados revela el misterio del personaje femenino. Esta novela fue calificada por el propio Ramon Illán Bacca como un “cotilleo samario con el telón de fondo de la Segunda Guerra Mundial”.

Las otras dos novelas importantes de Ramón Illán Bacca son Maracas en la ópera (1996), y La mujer barbuda (2011). La primera narra la historia de una casa de citas, Villa Brastislava. A través de este sitio, el escritor retrata la vida de tres generaciones de la familia Antonelli-Colonna. En La mujer barbuda, por su parte, cuenta la historia de una mujer llamada Perpetuo Socorro, que tiene una barba abundante. Hija de Tiburcio del Valle, trabaja en un circo. Un día, el circo se va para Venezuela en un barco, y naufraga frente a las costas de La Guajira. En estas tres novelas está el talento literario de un escritor que supo narrar su región con fuerza narrativa. Novelas que deberían ser leídas por los colombianos para que descubran un gran escritor. Sería el mejor homenaje a un hombre que vivió en función de la palabra.

José Miguel Alzate

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