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Una mirada al caso de Uribe Vélez

Una mirada al caso de Uribe Vélez

Debe probar, en un juicio transparente, que nada debe. Y si resulta culpable, ser condenado.

28 de agosto 2020 , 09:25 p. m.

La orden de detención domiciliaria impartida por la Sala de Instrucción de la Corte Suprema de Justicia contra el expresidente Álvaro Uribe Vélez causó en Colombia lo que la prensa ha dado en llamar un terremoto político. Y no era para menos. Es la primera vez en la historia del país que un líder político que ejerció la primera magistratura es cobijado con una medida de privación de la libertad. Como era previsible, la medida de aseguramiento contra el líder del partido Centro Democrático despertó la ira de los miembros de la bancada de ese movimiento, que calificaron su detención como persecución política; y la celebración por parte de los malquerientes del exmandatario, que consideran que por fin la justicia en Colombia actúa contra alguien que se presumía era intocable.

Si se quiere ser objetivo en el análisis de lo sucedido al senador Álvaro Uribe Vélez, hay que mirar los hechos que motivaron su detención domiciliaria con el prisma de la imparcialidad. De un lado, no se debe celebrar la pérdida de la libertad de una persona que le prestó servicios a Colombia como presidente de la república. Sobre todo porque este hecho produce en la opinión internacional un mala imagen para nuestro país. Del otro, la medida tomada en su contra demuestra la majestad de la justicia, que debe caer sin contemplaciones sobre quienes han cometido algún delito, pertenezcan a la élite que pertenezcan. En este sentido, si en el juicio se comprueba que el expresidente cometió los delitos de los cuales se le sindica, debe pagar por ellos. Eso sí, se le debe respetar el debido proceso.

Para los seguidores del detenido expresidente, lo hecho durante sus dos mandatos para devolverle a Colombia la seguridad es histórico. En eso estamos de acuerdo. Álvaro Uribe Vélez le devolvió al país la tranquilidad al perseguir hasta dejar casi acorralada a la guerrilla de las Farc. Al iniciar su mandato no se podía viajar por las carreteras colombianas debido a las pescas milagrosas. Persiguió con todo el poder del Estado a quienes trataban de desestabilizar a Colombia, sumiendo las regiones en territorios de guerra. El Ejército persiguió a quienes no respetaban la vida humana y amenazaban la estabilidad democrática hasta hacerlos huir de sus escondites en la selva, devolviéndole a muchas zonas donde hacían presencia una tranquilidad relativa. Con esto logró que el turismo se reactivara.

No puede ser uno tan antiuribista como para no reconocer las cosas buenas que Álvaro Uribe Vélez logró como presidente. El país recuperó la confianza inversionista, los índices delincuenciales bajaron, la inversión extranjera se incrementó. Eso nadie lo puede negar. Pero tampoco se puede ser tan uribista como para no reconocer que durante sus dos mandatos hubo hechos que despertaron críticas acérrimas. Los ‘falsos positivos’, por ejemplo. Premiar a oficiales del Ejército por resultados operacionales fue abrir la compuerta para que se cometieran excesos. Muchas familias sufrieron en carne propia el dolor de ver caer a sus hijos simplemente para mostrar efectividad en la lucha contra la insurgencia. Por otra parte, los vínculos de varios congresistas con la ‘parapolítica’ enlodaron su gobierno.

Se haría extenso hacer un balance de todo lo logrado por Álvaro Uribe para alcanzar el crecimiento económico. Pero también se llenarían muchas páginas escribiendo sobre lo que puso manchas a su gestión. Que un número importante de sus funcionarios hayan terminado en la cárcel deja dudas sobre la transparencia de su gobierno. Y que magistrados, periodistas y opositores hayan sido chuzados por el DAS deja ver que sus métodos para perseguir a quienes consideraba sus enemigos fueron poco ortodoxos. A esto súmesele su oposición al gobierno de Juan Manuel Santos, que no fue otra cosa que pasarle cuenta de cobro por no haber seguido sus lineamientos. Uribe Vélez abrió el camino a la polarización cuando decidió oponerse a los acuerdos de La Habana, y dividió al país en dos: uribistas y antiuribistas.

La detención de Álvaro Uribe Vélez no es el acabose para la institucionalidad. El país no se paralizó ni la gente salió a incendiar ciudades. Solo la voz de la congresista Paloma Valencia se levantó para pedir una constituyente que, aprobando una corte única, busca proteger a su jefe de las investigaciones que contra él cursan. Pero falló en su intento.

Debemos convencernos de que en este país nadie puede estar por encima de la ley. Si el expresidente cometió un delito, debe ser condenado. Y si demuestra que es inocente, se debe reivindicar su nombre ante la sociedad. No es correcto regocijarse con las dificultades de los demás. Uribe Vélez debe probar, en un juicio transparente, que nada debe. Y si resulta culpable, ser condenado. La justicia debe prevalecer sobre cualquier consideración.

José Miguel Alzate

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