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Cerro Maco: institución cultural en San Jacinto

Cerro Maco: institución cultural en San Jacinto

Un conversatorio con estudiantes, en este municipio, sobre la literatura infantil.

18 de octubre 2021 , 10:26 p. m.

Quien lee el título de este artículo se preguntará, de entrada, dónde queda o qué es Cerro Maco. Pues bien: se los voy a explicar. Cerro Maco es una institución cultural que funciona desde hace algunos años en el municipio de San Jacinto, un pueblo ubicado a 97 kilómetros de Cartagena. Se le conoce como El Café Literario de América. Todo porque lo conforman un grupo de soñadores que han hecho de la palabra un vehículo para transmitir sus emociones frente al paisaje, sus angustias existenciales, su deslumbramiento ante la belleza literaria y su visión de la sociedad contemporánea. Son personas convencidas de la fuerza del lenguaje para exaltar la belleza, que escriben cuento y poesía, que hablan de libros y autores y que expresan la alegría que se siente al tener un libro entre las manos.

Los impulsores de esta idea —que a mucha gente en San Jacinto le puede parecer descabellada porque no produce plata—, a fin de bautizar ese sitio de encuentro con la palabra, se apropiaron del nombre del cerro tutelar del municipio, que en realidad se llama Cerro de Maco, para darles trascendencia a esas reuniones que hacen frente a un pequeño quiosco del parque principal, donde se consume un café que se produce en los Montes de María. El cerro, que permite una vista espectacular sobre el paisaje espléndido, ubicado a 810 metros de altura sobre el nivel del mar, está catalogado como un atractivo turístico de la región montemariana. Es el mismo sitio que el compositor vallenato Adolfo Pacheco llevó a uno de sus éxitos musicales, 'La hamaca grande', comparándola con la altura del cerro.

San Jacinto es un pueblo apacible que se extiende sobre una explanada inmensa, de calles amplias y construcciones sencillas. Fundado en 1776, se destaca por la producción artesanal de hamacas en hilo y, sobre todo, por haber sido durante muchos años una tierra azotada por la violencia de los grupos al margen de la ley, que convirtieron el corazón de los Montes de María en escenario de muerte. A esa historia violenta que marcó a muchos de sus pobladores se quiere sobreponer este pueblo que en sus primeros años fuera ocupado por los indios zenúes. Para lograrlo, ese grupo de poetas y escritores que se reúnen alrededor de una taza de café orgánico, tostado en su propio local por el promotor cultural Neyl Reyes Anillo, le apuesta a construir un territorio de paz, iluminado por el fulgor de la palabra.

La oportunidad de escuchar a un escritor desde una zona distante de su entorno geográfico fue el resultado de ese querer acercar a un autor a los lectores para interactuar sobre su obra literaria. Tuve el honor, a través Cerro Maco, de participar en un conversatorio con estudiantes de la Institución Educativa Pío XII. El tema escogido fue la literatura infantil. Se propuso este tema porque una profesora tuvo la oportunidad de leer mi libro 'Cuando en sueños Amanecer conoció el bosque', una novela infantil que intenta despertar en los niños su capacidad de asombro y, al mismo tiempo, sembrar en ellos valores. En una charla de setenta minutos, les expuse a los estudiantes por qué la novela infantil es el instrumento para sembrar valores en el alma de los niños.

Cuando hablaba sobre los escritores que se han acercado a la psicología de los niños, haciendo que ellos entiendan el mensaje que llevan sus libros, que no es otro que mostrarles a través de historias llenas de ternura el verdadero sentido de la existencia, me llegaron a la memoria los cuentos de Charles Perrault, las narraciones de Hans Christian Andersen y los experimentos con la fantasía de los hermanos Grimm. Les dije que García Márquez había descubierto su vocación por la lectura después de leer en un periódico en el que su abuelo había llevado envuelto un atado de panela un cuento de 'Las mil y una noches'. Les narré la historia de Sherezada, la mujer que con sus cuentos fantásticos logra que el sultán no la asesine, como lo hacía con todas las mujeres que llevaba a su palacio.

A un hombre de San Jacinto que tiene un corazón dispuesto para auspiciar diálogos donde la literatura sea la protagonista debo el haber hablado ante los estudiantes de la Institución Educativa Pío XII. Se llama Gonzalo Alvarino. Es poeta, y de los buenos. Tiene el alma abierta a la creación literaria. Lo acompaña siempre un buen libro, y siente la música de las palabras cuando expresa en versos su visión de la vida, sus dolores del alma, sus angustias cotidianas, su fascinación ante la belleza y sus preocupaciones metafísicas. Alvarino organiza desde San Jacinto un encuentro virtual de escritores. Es una forma de mantenerse vivo en su pasión por la palabra y, además, de llevar un mensaje de esperanza a los habitantes de un pueblo que busca superar esa noche oscura de la violencia.

JOSÉ MIGUEL ALZATE

(Lea todas las columnas de José Miguel Alzate en EL TIEMPO, aquí).

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