Los ciudadanos-empresarios

Los ciudadanos-empresarios

Son ejemplo de solidaridad, ante la crisis, quienes están yendo más allá de lo que les corresponde.

23 de marzo 2020 , 11:04 p.m.

No quiero hablar de los políticos oportunistas que pescan en río revuelto y que en cada tragedia aparecen salvando el mundo con un trino. No quiero hablar de los senadores que se han vuelto epidemiólogos de turno ni de los congresistas que, siendo médicos, se creen jueces. Tampoco quiero mencionar a los que, en medio de semejante emergencia, se han dedicado a ‘carbonear’ y sueñan con ver pelear a Claudia López e Iván Duque.

De los que hay que hablar, en cambio, es de aquellos que en esta crisis están yendo más allá de lo que les corresponde. Hablar de los que entienden que cuando pasan estas cosas no son líderes gremiales, no son banqueros elegantes, ni ‘doctores’ ni eruditos, sino que, por sobre todas esas cosas, asumen el papel más importante que se requiere en estos tiempos: el de ser ciudadanos.

Están los actores y cantantes que han resuelto llevar entretenimiento a distancia. Los médicos, enfermeras y psicólogos –y no me refiero solo a los héroes que están saliendo todos los días a los hospitales a atender la emergencia, sino también a aquellos otros que están ofreciendo sus servicios como voluntarios para atender consultas en línea y así evitar congestionar los servicios de urgencias–.

También estoy hablando de los grupos de vecinos en ciudades como Bucaramanga o Cartagena, que suman fondos para comprar mercados a quienes están por debajo de la línea de pobreza.

Y en medio de todas estas circunstancias aparecen los empresarios. Los más grandes que están dando ejemplo. Los que tienen nombre propio, como don Arturo Calle o Christian Daes, o los que hacen parte de sociedades anónimas más grandes pero que entienden que es la hora de ser ciudadanos y no negociantes.

Esa misma empresa privada que ha estado ahí cuando el país más la ha necesitado, dándole una mano a la gente en Armero, participando en la reconstrucción del Eje Cafetero o cuando se produjeron los trágicos hechos de Mocoa.

Los ciudadanos-empresarios en Antioquia, por ejemplo, han donado más de 16.000 millones de pesos para fortalecer las unidades de cuidados especiales en las clínicas, mientras los ingenios azucareros del Valle, Cauca y Risaralda se han comprometido con una donación equivalente a 200.000 botellas de alcohol para atender las necesidades de control del coronavirus en hospitales. Así mismo, merecen reconocimiento los grandes supermercados que han decidido pagarles anticipadamente a sus pequeños proveedores.

También están las nuevas empresas como Rappi, que abastecen de comida a más de 500.000 profesionales de la salud y aunque me caigan rayos y centellas, ahí están los bancos, que progresivamente han ido anunciando las ayudas que les están ofreciendo a sus usuarios y que, seguramente, tendrán que ser más amplias con el paso de los días y dependiendo de la duración de esta crisis.

Habrá que pensar, eso sí, en ese 90 por ciento de empresarios pequeños y medianos que generan el 80 por ciento de los puestos de trabajo en el país y que en esta coyuntura necesitarán del apoyo de todos. Tendremos que buscar maneras creativas para seguir comprando sus productos y estimulando su existencia.

Lo paradójico de todo esto es que unos días antes de que la crisis del coronavirus estallara en Colombia, el sector privado registraba uno de los índices más bajos de confianza entre los ciudadanos en toda la historia. Según una medición de la organización Acdi/Voca, el 87 por ciento de los colombianos no confiaba en el sector privado.

Ojalá al final de esta crisis surja renovada la conciencia de que no existen países fuertes, sin una empresa privada igualmente vigorosa, y ojalá los colombianos comencemos a valorar la responsabilidad social de aquellos que cuando más lo necesitábamos estuvieron ahí dándonos la mano.

JOSÉ MANUEL ACEVEDO

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