Diálogo generacional

Diálogo generacional

¿Será mucho pedirles al Gobierno y a estos congresistas que les den un ejemplo a los más viejos?

11 de noviembre 2019 , 11:59 p.m.

En silencio, y sin aspavientos, 18 representantes a la Cámara y unos cuantos senadores tuvieron un interesante encuentro hace unos días que, a lo mejor, no quisieran que trascendiera todavía mientras la iniciativa cuaja de verdad, pero que me atrevo a revelar desde ya porque envía una señal poderosa en momentos en que América Latina ha vuelto a escoger la alternativa de salir a la calle con la idea de dizque lograr transformaciones políticas estructurales por esa vía.

Los asistentes a ese primer encuentro no forman parte de una misma colectividad, vienen de orígenes heterogéneos, tienen aspiraciones divergentes y maneras de ver la vida ciertamente distintas. Los unen, eso sí, dos cosas: están obsesionados con hacer política de una manera diferente y tienen todos y todas menos de 45 años de edad. Hacen parte, en fin, de una misma generación que ya no habla de lo que va a hacer cuando llegue al poder porque ya se encuentra ejerciéndolo y quieren proponerle a la ciudadanía, desde distintas orillas, un modelo de construcción de sociedad en medio de las diferencias.

Este gran diálogo generacional que apenas está comenzando –y que yo abusivamente estoy llamando así sin que todavía sepa cómo lo presentarán sus verdaderos protagonistas– incluye a miembros del Centro Democrático, de la Alianza Verde, del Partido Liberal, de Cambio Radical y de la izquierda progresista representada por congresistas de la lista de los Decentes, entre otros. Parten de la base cierta de que el 60 por ciento de la Cámara hoy está integrada por jóvenes con menos de 45 años y de que varias capitales del país serán gobernadas a partir del 1.° de enero del año entrante por gente que hace parte de esta misma generación.

Están lejos todavía de identificar lo que los une, pero se han esforzado desde el comienzo por encontrar puntos en común para tratar de patear el balón hacia adelante, para hablar en clave de “seguir” y no de “parar”; y si lo logran, le mostrarían a la región entera un camino alternativo en la búsqueda de convergencias y reconciliación y les darían una lección a los políticos mañosos de generaciones pasadas que siguen insistiendo en sus pequeñeces, chantajeando al Ejecutivo a cambio de puestos y contratos o empeñados en sacarse el clavo frente a sus adversarios, así se lleven el país por delante en sus empresas mezquinas.

Esta es una enorme oportunidad para que otro joven, el presidente Iván Duque, convoque a estos nuevos políticos para entablar una conversación que no tiene que untarse de ‘mermelada’ para que fluya y, al contrario, puede desactivar focos de radicalización inconvenientes y poner contra las cuerdas a quienes insistan en ello. Un encuentro al que no tendrían que asistir ni Uribe, ni Gaviria, ni Vargas Lleras, ni Petro ni Yepes. Un diálogo en el que los que están entrando a la política, y no los que ya se van, son los que tomen la vocería y piensen el país proyectado dentro de 20 o 30 años para edificar propuestas de valor que fácilmente podamos compartir todos, sin perjuicio de las tensiones naturales que deben seguir existiendo en una nación plural y fascinantemente disímil como la nuestra.

¿Será mucho pedirles al Gobierno y a estos congresistas que les den un ejemplo a los más viejos, nos saquen de esta sensación de crisis en la que creemos encontrarnos, concreten este diálogo generacional y nos den la esperanza de que no todo está perdido?

El ambiente es propicio. El Gobierno dará, seguramente, una señal de cambio interesante en algunas de las posiciones claves como los ministerios de Defensa, Interior y Cancillería, y el país, con una mesa de conversación incluyente, puede respirar prontamente un aire distinto sin los riesgos de inestabilidad política que hoy experimentan otros vecinos.

JOSÉ MANUEL ACEVEDO M.

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