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¿Seremos ‘idiotas’ en 2022?

¿Seremos ‘idiotas’ en 2022?

'A menudo, los políticos parecen saber bien poco del mundo que les toca gobernar', David Runciman.

24 de junio 2021 , 09:25 p. m.

El próximo año tendremos dos eventos muy importantes para el futuro próximo del país: las elecciones legislativas y las presidenciales. Las dos fechas nos permitirán volver a empezar y tener cuatro años diferentes llenos de esperanza, y es la oportunidad para cambiar aquello que rechazamos o que pensamos está mal. El domingo 13 de marzo de 2022 decidiremos si los honorables representantes y senadores que tenemos hoy en el Congreso nos representan y deben continuar o si, por el contrario, debemos cambiarlos. Por otro lado, el 29 de mayo tendremos la oportunidad de elegir otro presidente, y los ciudadanos deberán pensar muy bien por quién votarán.

Cada cuatro años entramos en un periodo de campañas que ya tiene cansados a los colombianos. Cada día se evidencia un desánimo generalizado en las personas, no sienten que los políticos trabajen para mejorarles la vida, como debería ser, en cambio sí tienen que escuchar las promesas y los continuos engaños mantenidos durante toda la historia del país, mientras su voto sigue siendo burlado, periodo tras periodo. Pero es mejor votar para evitar ser unos ‘idiotas’, en el sentido utilizado por los antiguos griegos, es decir, aquella persona a la que no le importaba o no se ocupaba de los asuntos públicos, porque solo le interesaban sus intereses privados.

El 12 de marzo de 2022 es más importante para los que aspiran a llegar al Congreso o para los que quieren seguir en él que para los ciudadanos, quienes por medio del sufragio universal los eligen. Porque ese día sabrán si van a ganar más de 34 millones de pesos al mes por los siguientes cuatro años, si van a tener esquema de seguridad con carros blindados, si tendrán cuatro años sin preocuparse por la comida, la salud y el empleo; si van a tener cuatro meses de vacaciones cada año y los demás privilegios que ofrece la ley a los honorables senadores y representantes. Sería muy bueno que en Colombia tuviéramos el mecanismo de destierro que fue usado en la antigua Grecia contra los políticos corruptos, que acumulaban mucha influencia. Este fue conocido por los griegos como el ostracismo, el cual consistía en un proceso electoral (en el marco de la democracia, diferente a la que tenemos en la actualidad) en el que los ciudadanos atenienses podían expulsar, por los siguientes diez años, a aquellos políticos indeseados, como lo narra Aristóteles en la Constitución de los atenienses.

Varias encuestas han mostrado que en los últimos años se ha ido perdiendo la confianza en los partidos políticos, y por eso vemos a tantas personas saltando de uno en otro como aquellos animales que se les cuelgan a las leyes a escondidas. El origen de estas entidades tiene que ver con aquellos grupos parlamentarios que compartían una ideología, los cuales buscaban defenderse profesionalmente, asegurar su reelección o para presionar por un nombramiento ministerial y, posteriormente, todo desencadenó en lo que hoy conocemos como aquellas organizaciones que empezaron como comités electorales y dieron lugar a los partidos políticos, como lo dice Fernando Galvis Gaitán. En Colombia, los primeros antecedentes que tenemos datan de la época de la independencia, cuando estábamos divididos entre patriotas y realistas, posteriormente, entre centralistas y federalistas y después, entre bolivarianos y santanderistas. Actualmente podríamos decir que Colombia está dividida entre uribistas y antiuribistas, lo cual nos lleva a pensar en un país dividido desde sus inicios.

En ese marco en el que cada persona hala para su lado, puede en algún momento llegar aquello a lo que tanto tememos: un régimen absolutista. Afortunadamente, dirían algunos, todavía contamos con la democracia, aunque Bertrand Russell señala que los políticos más exitosos son aquellos que consiguen abolir la democracia y convertirse en dictadores, y pone como ejemplo a Lenin, Hitler y Mussolini, que debieron su ascenso a esa forma de gobierno. También dice que así el político utilice una maquinaria ya existente se corre el riesgo de que la domine y la ponga al servicio de su voluntad.

Afortunadamente, en 2022, las víctimas del conflicto de nuestro país también tendrán la oportunidad de elegir a sus representantes en el Congreso, ya que contarán con 16 escaños en la Cámara de Representantes durante los periodos 2022-2026 y 2026-2030. Así, se espera resarcir a todas las personas afectadas por la violencia durante tantos años de conflicto.

El día de las votaciones es de vital importancia porque permite a los ciudadanos pronunciarse sobre aquello que quieren cambiar o simplemente rechazan. Decía Aristóteles que “la desigualdad, harto pronunciada, impulsa a quienes con ella sufren a exigir una modificación constitucional, y enseguida aparecen los demagogos que dan a las masas descontentas la consigna de la insurrección”. Esto es lo que debemos pensar muy bien los colombianos el día que vayamos a las urnas, porque es el momento en el que podemos decidir qué país queremos, no dejarnos llevar por las pasiones, votar con el cerebro o, por otro lado, conformarnos con lo que tenemos.

Algunas personas entienden la palabra ‘política’ como aquello que se refiere estrictamente a lo electoral, tal vez por esa razón la rechazan y la desprecian. Pero la política, como la veía Hannah Arendt, es el estar juntos y los unos con los otros, es compartir con los demás, reunirse con amigos y hablar sobre diferentes temas. Para Thomas Hobbes, el estado natural del hombre era la guerra, porque decía que “los seres humanos, competitivos y vulnerables, siempre acababan intentando matarse”, y consideraba como antídoto para esa violencia algo que durante muchos años hemos despreciado, criticado y rechazado: la política, “un mundo sin política es un mundo en el que la violencia está condenada a salirse de madre”. Y también aseguraba que la política funciona en Dinamarca porque ha vuelto a los daneses más tolerantes, pero también porque los daneses han aprendido a tolerarla.

Se vislumbra una esperanza en la política electoral colombiana. Actualmente está cursando en el Congreso un proyecto del representante a la Cámara del Centro Democrático Gabriel Santos que recortaría el receso legislativo de 4 a 3 meses al año. De los ocho debates que debe superar, lleva cuatro, y de aprobarse, daría un mensaje muy positivo y le demostraría al país la voluntad de renunciar a algunos privilegios que tienen por ley, además serviría para mejorar esa mala imagen que muchos colombianos tienen de esa rama del poder público.

José Luis Querubín

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