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Un año sin clases: daño irreparable

Un año sin clases: daño irreparable

Muchos niños en el país llevan un año alejados completamente de las instituciones educativas.

10 de mayo 2021 , 09:25 p. m.

El magnate de la tecnología Bill Gates dijo en una de sus entrevistas que él jamás hubiera podido crear a Microsoft sin la educación que recibió en la escuela secundaria y también lamentó haber abandonado la Universidad de Harvard, según lo relata Oppenheimer en ¡Crear o morir! Por otro lado, Alberto Echeverry, doctor en Historia de la Educación y la Pedagogía, relata cómo en la época de la Colonia, cuando todavía no éramos el país que somos en la actualidad, la educación era manejada por la religión católica, que tenía una gran influencia y control sobre ella, pero no permitía que los afrodescendientes, los indígenas y los hijos naturales, entre otros, se beneficiaran de ella porque estaba pensada para unos pocos privilegiados de la sociedad.

Hemos avanzado mucho desde antaño, pero todavía prevalecen algunos problemas que la pandemia generada por el covid-19 ha desnudado. Estamos cumpliendo un año del cierre de colegios, universidades y demás instituciones educativas debido al inicio de la cuarentena decretada por el Gobierno Nacional. Es la primera vez que en el país se suspenden las clases por una razón diferente a las establecidas, como temporada de vacaciones, de Semana Santa o de receso.

Lev Vygotski, el sicólogo ruso, basaba su teoría en que el aprendizaje y la adquisición de conocimientos resultan de algo que no hemos tenido durante la pandemia, la interacción social, entendida como aquella realizada por las personas de manera presencial. Para este sicólogo, el desarrollo cognitivo de los individuos se encuentra directamente relacionado con las relaciones presenciales de los niños con sus compañeros.

Las clases pararon unos días, para buena parte del país, pero se retomaron pocas semanas después desde las casas, en medio del confinamiento. Uno de los problemas que evidenció la pandemia fue el traslado de los tableros y los marcadores a la virtualidad, a los computadores de la casa y a reunirnos por diferentes plataformas, que fueron las herramientas que permitieron continuar las clases desde la distancia, así fuera en el marco de la virtualidad. Muchos profesores pasaron dificultades porque no estaban preparados para la educación a través de la web, algo que se evidenció también en otras partes del mundo.

Dar y recibir clases sentado en la casa, en un computador, no fue nada fácil, tal vez al principio fue algo novedoso y no tan incómodo, pero al pasar los días empezaron a surgir retos que tocó ir enfrentando durante la marcha. Daniel Cassany, experto en educación en línea, cree que la mayor dificultad presentada durante esta nueva modalidad de educación es que hay una cantidad muy grande de niños que no cuentan con equipos, no poseen un computador que les permita trabajar varias horas al día y también hay muchos problemas de conectividad a internet que llevan muchos años sin resolverse en Colombia y en muchos países del mundo.

En las ciudades del centro del país como Bogotá, Cali, Medellín y otras, se pudieron solventar algunos problemas como los mencionados, pero en la Colombia profunda, como es la Amazonia colombiana, muchos niños y jóvenes quedaron totalmente desconectados de la educación formal, debido a la falta de equipos y acceso a internet. En Leticia, los niños de las comunidades indígenas y los mestizos tuvieron que hacer un alto en su educación; por ejemplo, los niños del colegio San Juan Bosco de la capital del Amazonas, al inicio del confinamiento fueron retornando a sus casas debido a las medidas de bioseguridad tomadas en todo el país. En un inicio se les repartía guías y de esa manera continuaban con su educación, pero debido al distanciamiento social para evitar el coronavirus y a los recorridos que debían cumplir fue imposible seguirlo haciendo. Los niños del Amazonas en su mayoría viven en la zona rural de Leticia, a muchas horas de camino por tierra, canoa o lancha, y al no contar con servicio de internet, fue imposible continuar con su educación.

San Juan Bosco les ofrece a los niños el servicio de hospedaje y alimentación gratuito para hacerle frente al complejo panorama educativo vivido en esa zona. El rector de este internado, Helberth Abreo Cubides, asegura que el colegio alberga 1.162 niños de múltiples comunidades indígenas y también algunos mestizos que en su mayoría viven en la zona rural del Amazonas y unos pocos, en el casco urbano de Leticia.

Esta situación no solo se presenta en el departamento del Amazonas, pues debido a la topografía de nuestro país hay otras zonas similares de difícil acceso, donde los niños quedaron totalmente sin posibilidades de estudiar.

El balance, tras un año de confinamiento, es preocupante y nos mostró la difícil situación que padecen muchas zonas de Colombia donde el servicio de internet es escaso, deficiente o simplemente inexistente. Muchos niños llevan un año alejados de las instituciones educativas, no solo porque no pueden ir, sino porque durante ese tiempo no han recibido algún tipo de educación: ni virtual ni presencial. Algunos centros educativos ubicados en zonas rurales del país tuvieron que suspender totalmente las clases y todavía no sabemos el daño que esto ha ocasionado, porque no solo se trata de la suspensión de las clases para muchos niños del país, sino también de la pobreza, la falta de equipos, la falta de transporte, la falta de una nutrición adecuada y la falta de acceso a herramientas como internet.

Si Colombia quiere tener más emprendedores, innovadores, científicos, deportistas o simplemente niños felices, es decir, aquellos que tengan la oportunidad de recibir una educación de buena calidad, o en casos extremos simplemente una educación, y que tengan la posibilidad de escoger lo que quieren ser en la vida, deberá poner el foco y dedicar todos los esfuerzos en mejorar el sistema educativo del país, porque en la actualidad Colombia sigue anclada en la escuela tradicional, es decir, aquella que tiene como principios pedagógicos la memorización, la repetición, el control excesivo y que promulgaba el pedagogo Joseph Lancaster, conocido por su frase célebre “la letra con sangre entra y la labor con dolor”. Y, más grave aún, esta pandemia ha puesto en evidencia no solo lo serios problemas en nuestro sistema educativo, sino la carencia de herramientas necesarias para que los niños puedan desarrollar sus diferentes habilidades.

José Luis Querubín

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