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¿Contra la democracia?

¿Contra la democracia?

El peligro de la libertad: cuando la tenemos, nos desbordamos.

25 de mayo 2021 , 09:25 p. m.

Aristóteles hablaba de la concordia como esa “amistad civil”, ese estar con amigos que no piensan igual, pero se respetan, se toleran los errores y excesos propios de cualquier equivocación, y, sobre todo, los amigos comparten un proyecto, el cual es la causa de esa amistad, pero Jason Brennan tiene una visión muy diferente sobre el mismo tema, cuando dice que la política nos separa, nos embrutece, nos corrompe y nos convierte en “enemigos cívicos”. En Colombia, no podemos hablar de amigos, obviamente, pero sí de un país que a todos nos debe importar, en el que todos quepamos y no al que unos pocos incendian, vandalizan y socavan.

Lo anterior está en el marco de la democracia liberal, tan mencionada e idolatrada y realmente entendida por muchos años como la mejor o la más conveniente forma de gobierno, pero con carácter tan camaleónico como lo dice Yascha Mounk, quien cree que para las masas significa esa aspiración legítima del pueblo de llegar a gobernar; para las minorías, aquella aspiración de lograr el respeto de sus derechos frente a una mayoría opresiva, y el de conservar su riqueza para aquel sector de la élite económica.

Y es precisamente la democracia colombiana la que permite esa libertad a los protestantes de salir a las calles a hacer sus exigencias al Gobierno Nacional, y es Gustave Le Bon quien menciona un miedo que ha surgido a esas masas, que en siglos anteriores el mundo liberal y el conservador consideraban individuos poco educados, incapaces de ser racionales al momento de elegir y sin capacidad de realizar una deliberación informada sobre la definición del bien público y por eso no podían acceder al voto ni a cargos de responsabilidad. Al parecer, ese miedo hace referencia a una nueva masa compuesta de jóvenes ilustrados y en general de personas con aquella capacidad de razonar y elegir cuando lo requieran.

Thomas Hobbes también habla del miedo, pero aquel que motiva a la gente, ese miedo a morir violentamente y el deseo de vivir la vida cómodamente, y son todas esas motivaciones que llevan al hombre a buscar la paz. En esa filosofía de Hobbes se encuentra esa autoridad absoluta del Estado, el cual permite garantizar la seguridad, evitar la anarquía, donde puede estar amenazada la vida por la violencia, como está ocurriendo en el país desde el 28 de abril y donde la cifra de heridos y muertos sigue creciendo y los bloqueos no paran.

Al hombre formar parte de una masa desciende varios peldaños en la escala de la civilización; “aislado, era tal vez un individuo cultivado; en masa es un instintivo y por consiguiente un bárbaro. Tiene la espontaneidad, la violencia, la ferocidad y también los entusiasmos y los heroísmos de los seres primitivos”, dice Le Bon, y asegura que este posee la facilidad para dejarse impresionar por palabras e imágenes que lo llevan a actos lesivos de sus intereses más obvios.

La democracia en el mundo ha sufrido una tensión, especialmente en países como Gran Bretaña y Estados Unidos, fundados, según dice Mounk, con el fin de oponerse a esta forma de gobierno y que ahora se quieren mostrar democráticos y actualmente se les atribuye la bondad de dejar que el pueblo gobierne. Lo curioso es cuando piden que se cumpla la democracia en otras partes del mundo. Más de 50 congresistas norteamericanos pidieron en una carta al secretario de Estado, Antony Blinken, suspender las ayudas a las autoridades colombianas, lo cual incluye la venta de armas a la Policía por la dura represión que se estaría presentando en las protestas.

De la misma forma, en un comunicado, Marta Hurtado, portavoz de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos en Ginebra, señaló: “Estamos profundamente alarmados por los acontecimientos ocurridos en la ciudad de Cali en Colombia, cuando la Policía abrió fuego contra los manifestantes que protestaban contra la reforma tributaria, matando e hiriendo a varias personas”.

Según el más reciente informe de la Unidad de Inteligencia de The Economist, solo hay tres países en democracia total en Latinoamérica: Uruguay, Chile y Costa Rica. Colombia aparece en la posición número 46 en la región con un puntaje de 7,04 y un estilo de democracia flexible. Uruguay se ubica en la primera posición en la región y es el número 15 en el listado mundial; Nicaragua, Cuba y Venezuela son los peor calificados de la zona y son catalogados como regímenes autoritarios. Teniendo en cuenta los habitantes del planeta, solo 8,4 % viven en una democracia plena y están ubicados en 25 países del mundo.

Platón hizo críticas a la democracia por algo que hoy defendemos a capa y espada, la libertad, a la cual percibía como “una verdadera plaga anárquica que contagia a los seres humanos y se transmite a los animales”. En la época de la Grecia clásica, este filósofo veía esa forma de gobierno como la decadencia del régimen oligárquico, que describía como la ausencia de un régimen de autoridad y por ello la señalaba como ingobernable, es decir, para Platón la democracia era una forma de anarquía.

Siguiendo con Platón, le preocupaba esta forma de gobierno —tan aceptada en muchos países del mundo y especialmente en Hispanoamérica— donde la psiquis de los ciudadanos se torna tan sensible que la sola mención de la autoridad los vuelve irritables y, en definitiva, dejan de lado las leyes para que nadie pueda comandarlos. Para él, precisamente, la democracia resulta de un régimen oligárquico deteriorado que da lugar a un fenómeno absolutamente nuevo: la hegemonía de la libertad.

Lo que ha ocurrido en los últimos días en Colombia es precisamente eso que señala Platón, una pérdida de la autoridad y una hegemonía de la libertad, donde cualquiera puede bloquear una vía, y ninguna autoridad lo puede tocar porque en ese caso nos caerían las ONG internacionales con el látigo del respeto a los derechos humanos, casi siempre mirando desde la izquierda.

Platón profundiza sobre esta forma de gobierno y ve a la democracia como un gobierno de pobres, ignorantes e ineficientes con una suerte de individualidades, específicamente zánganos empobrecidos, ciudadanos enriquecidos y un pueblo medio. El problema de Colombia no es que tenga una democracia débil, tal vez, el problema es la misma democracia.

José Luis Querubín

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