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La crisis del paro

La crisis del paro

Hay un amplio grupo de la población que rechaza los enormes niveles de desigualdad y pobreza. 

15 de mayo 2021 , 10:25 p. m.

La crisis generada por el paro nacional no tiene precedentes. Es esencial encontrar soluciones a través de una franca concertación entre el Gobierno y el Comité Nacional del Paro, y aprender cómo evitar una crisis similar hacia el futuro.

La situación se hizo más compleja por el atraso del Gobierno en entender la dimensión y profundidad de la protesta y sentarse a negociar, así como por la percepción de que no había cumplido con compromisos que adquirió hace dos años. A ellos se agrega la falta de una agenda de los promotores del paro al inicio de las protestas, más allá de su oposición a la reforma tributaria.

Además, no es muy claro que todos los sectores que participan en el paro, y sobre todo los que han bloqueado vías, estén realmente coordinados por el comité nacional. A esta fragmentación de los participantes en el paro se une la falta de articulación con los movimientos políticos. La única propuesta política importante es la que presentó la Coalición de la Esperanza antes de reunirse con el Presidente de la República.

A todo ello hay que agregar el vandalismo desde los primeros días, que parece estar coordinado, pero la inteligencia militar no ha sido capaz de identificar a sus organizadores y frenarlo. El enfrentamiento entre civiles con armas en Cali hace una semana fue, además, un hecho aterrador. Y hay, obviamente, la violencia contra los manifestantes por parte de algunos agentes de la Policía y el Esmad, así como la violencia contra la Policía, que ha dejado muertos, casi todos civiles, y muchos heridos en ambos bandos.

La lección principal es que hay un amplio grupo de la población que rechaza los enormes niveles de desigualdad y pobreza que caracterizan a Colombia, que se han agudizado con la pandemia. La amplia participación juvenil nos indica, además, la percepción de muchos jóvenes de que son una generación sin esperanza. La agenda que se acuerde, así como las propuestas frente a las elecciones del año entrante, debe responder a estos inmensos desafíos que enfrenta el país.

La agenda que presentó en forma tardía el comité del paro tiene muchos elementos que se pueden concertar. La duda principal que se ha planteado en los debates públicos es sobre la propuesta de renta básica de por lo menos un salario mínimo. La razón básica es que su costo es muy elevado.

Apoyo una renta básica para hogares pobres que tenga como referencia la línea de pobreza y para hogares vulnerables mientras dure la pandemia. Pero además, si se van a destinar recursos públicos sustanciales, prefiero que se lance un programa de emergencia de empleo, sobre todo para mujeres y jóvenes, que sorprendentemente no hace parte de la agenda del comité.

El tema del financiamiento también es crítico. Por este motivo, y porque la demanda de recursos para el gasto social se ha elevado permanentemente, hay que acordar una reforma tributaria. La reforma debe concentrarse en eliminar beneficios tributarios en el impuesto de renta de empresas y personas naturales de altos ingresos, incluyendo la eliminación de los que se introdujeron en la última reforma, así como en un impuesto al patrimonio progresivo para personas naturales y quizás en algunos impuestos de emergencia que graven estos mismos sectores. El error garrafal del Gobierno fue haber introducido en el proyecto elementos que afectaban a la clase media.

Debo agregar que la reforma tributaria también es importante para generar confianza en los inversionistas privados internacionales, que son críticos para el financiamiento del déficit, tanto por su alta participación en el mercado interno de TES como por su demanda de nuevos bonos que emita el Gobierno en el mercado internacional. Por eso, aunque no comparto los criterios que utilizan las calificadoras de riesgo, perder el “grado de inversión” tendría costos de largo plazo. Después de que lo perdimos en 1999, tardamos doce años en recuperarlo.

JOSÉ ANTONIO OCAMPO

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