Santos-Peñarol 1962, otra como River-Boca…

Santos-Peñarol 1962, otra como River-Boca…

Incluso con la inefable Conmebol actual, Santos hubiese recibido una sanción y sería descalificado.

02 de diciembre 2018 , 11:45 p.m.

Con el estilo escueto y sobrio del periodismo de hace medio siglo, ‘O Estado’ de São Paulo tituló en su página deportiva del 3 de agosto de 1962: ‘El Santos empató: es campeón de América’. Hoy lanzaría ediciones especiales, pero entonces lo ilustraba con tres fotos, una crónica ultraparcializada y las alineaciones de los equipos. Así cubría una final de Copa Libertadores jugada en el propio estado de San Pablo el diario más importante. El fútbol ya era el deporte rey, pero no tenía la corona dorada que luce hoy. 

De cualquier modo, la noticia no tendría nada de extraordinario si no fuera porque Santos en verdad no se coronó campeón. Al menos no esa noche violenta, accidentada e interminable que enmarcó al más insólito de los 5.527 partidos de la Copa Libertadores (incluido el reciente Boca 2-River 2). Y no fue un error del diario...

Ya eran las primeras horas de la madrugada de ese 3 de agosto y la torcida santista seguía celebrando en las tribunas. En el camarín, los jugadores brasileños se abrazaban y cantaban el clásico “e-cam-pe-ao…”. Después de más de cuatro horas de partido, agresiones e interrupciones, Santos había igualado 3 a 3 con Peñarol y se coronaba campeón de América (al menos eso parecía...), dado que en la ida en Montevideo había vencido 2 a 1, con dos goles del fantástico Coutinho. Todo era jolgorio en Vila Belmiro. Sin embargo, a José Macía ‘Pepe’, el potentísimo puntero izquierdo compadre de Pelé, algo no le cerraba. Quería celebrar pero no le salía. ¿Qué pasaba...? Nos lo contó personalmente en junio de 2012:

—Cuando terminó el partido, para nosotros y para la gente éramos campeones. Todo el mundo celebraba. Pero, al volver al vestuario, en el pasillo, el lateral derecho uruguayo González (Edgardo) me dijo: ‘Mirá que no valía, eh...’.Se refería al empate. Le entendí perfecto porque mis padres y toda mi familia eran españoles, y yo hablo castellano. Me dejó confundido. Entré al vestuario y lo comenté, pero no le dieron importancia al tema, siguieron festejando, aunque yo seguía pensando en eso que me había dicho González. Al día siguiente nos enteramos qué significaba: el réferi lo había terminado con el 3 a 2 para Peñarol y debíamos disputar un tercer partido.

¿Qué había sucedido...? De todo. Vencía Peñarol 1-0 con gol de Spencer y le dio vuelta el Santos a través de Dorval y Mengalvio. Apenas comenzado el segundo tiempo, en 6 minutos, de nuevo Peñarol pasó al frente con tantos de Spencer y Sasía: 3-2. El público, ya exaltado, ahora parecía explotar. Y un suceso lo enardeció más. ‘Pepe’ Sasía lo recuerda en su libro ’Orsái en el paraíso’: “El lío fue conmigo porque en el segundo gol de Spencer, yo le tiré tierra en los ojos a Gilmar, el arquero de ellos. Saltó a buscar un centro y quedó ciego, atrás entró Alberto y cabeceó al gol”.

Vila Belmiro era entonces una caja de zapatos. El público no estaba pegado al campo de juego, estaba cosido y clavado. Increíble que una final de América se jugara en dicho escenario, pero era lo que había. No existía la televisación de los partidos. Menos de noche, porque la luz de todos los estadios era pobre, amarillenta. Se adivinaba más de lo que se veía. El juez chileno Carlos Robles no advirtió la sucia picardía de Sasía, pero la torcida sí, y comenzó a arrojar piedras, palos, botellas. Tras el tercer tanto peñarolense, el árbitro se acercó a la alambrada a sancionar un tiro de esquina y recibió de lleno un botellazo arrojado por la parcialidad de Santos; le pegó en la parte posterior del cuello, quedó bamboleante, lo llevaron al vestuario, y allí estuvo una hora y media. ¿El partido...? Detenido. ¿La gente...? Tronando. Iban 7 minutos del segundo tiempo al momento de la suspensión.

En camarines empezó otra guerra de nervios y gestiones cruzadas entre directivos. Robles, decidido a suspender el juego, recibió amenazas de todo tipo de parte de los locales para continuarlo. El técnico Lula admitió haberlo tomado del cuello. El partido había comenzado a las 9:30 de la noche del 2 de agosto. A las 0:12 del viernes 3, los 22 jugadores volvieron al campo para retomar el juego. Pero solo los de Peñarol estaban enterados de un hecho fundamental: los 38 minutos que restaban disputarse no serían oficiales. Para el público, el juego siguió normalmente, pero Robles ya había cerrado la planilla con el triunfo visitante por 3 a 2. En el lapso que se jugó ‘pour la gallerie’, Pagão logró el empate a 3, que supuestamente le daba el título a Santos, con lo cual amainó la furia de las tribunas. De allí las celebraciones del final y de ahí que los diarios titularan ‘Santos campeón de América’.

En los febriles momentos de la suspensión, alguien le sugirió a Robles una idea ingeniosa: “Entre y juéguelo como si no pasara nada, al menos podrán salir con vida”. Funcionó. Ni bien ingresó al campo, Carlos Robles habló con los orientales Goncálvez, Sasía y Maidana y les dijo con gravedad: “Muchachos, ayúdenme por favor, porque si no acá nos matan a todos”. En la tarde siguiente, cuando ya la terna arbitral había abordado el avión de regreso a su país, se supo la verdad: el partido terminó 3-2 y habría desempate en Buenos Aires. A los dos días se conoció un dramático informe del juez con las presiones y agresiones sufridas.

Cuando transcurrían 23 minutos, el línea Massaro fue agredido con otro botellazo en la cabeza, provocándole un corte. Nuevamente, los jueces retornaron al vestuario para asistir al línea y, otra vez, los dirigentes santistas amenazaron a los chilenos para que continuaran el partido. Quizá nunca hubo tanto peligro de muerte en un partido de fútbol.

Al retornar por segunda vez al césped, se reanudó insólitamente el juego y se completaron por fin los 38 minutos de ficción, algo de lo que no existe antecedente en el mundo. El fallo de la CSF, de carácter “inapelable”, estableció: multa de 7.000 dólares, pérdida del partido y suspensión por tres años al Santos para competir internacionalmente. Tan inapelable que a las pocas horas la suspensión quedó sin efecto (estamos en Suramérica…)

En 1982, Alberto Spencer recordaba esa casi trágica noche santista para la revista ‘El Gráfico’: “Se armó un lío infernal. Si el partido se suspendía, nos mataban ahí mismito. Al juez y a todos nosotros. Entonces, Washington Cataldi, delegado de Peñarol, le dijo a Robles: ‘Lo seguimos, pero no vale. El partido ya terminó 3 a 2’. Y cerramos el formulario, como en el básquetbol. Al final nos hicieron otro gol, y la gente se fue tranquila pensando que Santos nos había empatado”.

Incluso con la inefable Conmebol actual, el Santos hubiese recibido una sanción terrible y sería descalificado. Entonces no pasó nada y pudo disputar el tercer partido. Pero el presidente de la Confederación Brasileña era Joao Havelange, y Brasil venía de ser bicampeón mundial 46 días antes. El poder político brasileño en el fútbol era enorme.

El desempate debía jugarse el 17 de agosto en Buenos Aires. Santos movió todas sus influencias y logró que se postergara hasta el 30. ¿La razón? Pelé había vuelto lesionado del Mundial de Chile y necesitaba reponerse. Finalmente, en el estadio de River, ante 60.000 personas se dirimió el título que tenía Peñarol y que quería Santos.

En el vestuario de Peñarol, en esos años había una consigna cuando enfrentaban al Santos de Pelé: “Al Negro no lo toquen; si se enoja, estamos listos”. Si intentaban achicar a Pelé, los liquidaba. Además de monstruo, tenía agallas.

No sirvió: Santos ganó 3 a 0 con dos goles de Pelé y uno de Omar Caetano en contra. Entonces sí pudo celebrar tranquilo. Y los diarios afirmar sin temores que tenían al nuevo campeón de América.

JORGE BARRAZA

Columnistas

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.