Quintero en los The Best, entre Messi, Cristiano y Van Dijk

Quintero en los The Best, entre Messi, Cristiano y Van Dijk

Messi y Cristiano han forjado un mano a mano desde hace 13 años. Volverán a luchar por otro laurel.

22 de septiembre 2019 , 10:51 p.m.

La majestuosa Scala de Milán, uno de los tantos emblemas del arte italiano, cambiará esta tarde el sonido de la ópera por el rugido del gol. Será escenario de la entrega de los premios The Best, de la Fifa, que corona al rey del fútbol de cada temporada.

Sus 2.030 butacas estarán colmadas de estrellas y personajes con toda la pompa que acostumbra la matriz del fútbol. Pompa un tanto exagerada, el fútbol es eminentemente un fenómeno popular. Semeja la investidura de un monarca, solo que esta dura un año. Pena que Fifa, acaso por un arrebato de su pope Gianni Infantino, perdió el nombre de Balón de Oro para su gala. No quiso continuar el acuerdo económico alcanzado por Joseph Blatter y el título, brillante y perfecto, quedó para su propietaria, la revista 'France Football'. Que hace otra entrega, en diciembre. Y si bien lo oficial es lo de la Fifa, el rótulo impuesto es Balón de Oro. The Best no termina de pegar, no sirve traducido, carece de gancho.

Como Federer y Nadal en el tenis, Messi y Cristiano Ronaldo han forjado entre sí un mano a mano desde hace trece años y una vez más estarán en el podio luchando por otro laurel. Un mérito extraordinario, pues ese suele ser el lapso de una carrera entera en un futbolista y ellos lo llevan peleando el trono. Alguno puede arrebatárselos un año, como Modric en la edición anterior, pero enseguida desaparece y ellos siguen.

Este año el pulso es contra el holandés Virgil van Dijk, el superfavorito. Las casas de apuestas, siempre muy bien orientadas, pagan 1,25 euros al triunfo del holandés, contra 3,25 de Messi y 17 de Cristiano, el menos opcionado. Van Dijk es un zaguero eficiente y con

marcado liderazgo. Por comparación con Sergio Ramos, por ejemplo, también es un jefe de manada, pero defiende mejor, es más ordenado. Y para ser un fantástico defensa no necesita pegar una patada. Ha tenido un año excelente, muy parejo sobre todo, con lucidas actuaciones y lo redondeó al conquistar con el Liverpool la Liga de Campeones de Europa, hoy por muy lejos el torneo con mayor repercusión a nivel de clubes y que, en año no mundialista, decide virtualmente al ganador del premio. Ya recibió el galardón de Mejor Jugador del Año de la Uefa a fines de agosto. Muchos se quejan diciendo: “¿por qué no puede ganarlo un zaguero…?”. Sí puede. Beckenbauer lo consiguió dos veces, ¡pero era Beckenbauer, eh…! Un jugador colosal. Otros preguntan por qué generalmente se valora más a los goleadores; porque cumplen la tarea más complicada. “En fútbol, lo más difícil es hacer gol, todo lo demás se puede arreglar”, decía el uruguayo Juan Ramón Carrasco.

Messi está segundo en las consideraciones. Fue el de mayor regularidad en el alto nivel, tuvo al menos 40 partidos sensacionales, siendo figura total para que el Barcelona ganara la Liga Española y llegara al final de la Copa del Rey y a la semifinal de la Champions. Fue el goleador mundial de la temporada con 51 anotaciones (y artillero de la Champions con 12 tantos). Le agregó 22 asistencias. Eso en Barcelona. Hasta el partido de ida contra el Liverpool, tenía el The Best y el Balón de Oro sobre la mesita de luz. Esa noche tuvo también una actuación descomunal e hizo dos goles, uno impresionante con un tiro libre lejano. Pero la debacle general del Barça en el desquite en la tierra de Los Beatles cambió el panorama: bajó ostensiblemente sus posibilidades y crecieron las de Van Dijk. El club catalán viene cayendo en picada hace tiempo y eso indudablemente arrastra al diez.

Cristiano Ronaldo tuvo el año menos agraciado de su carrera, no obstante lo cual sumó el Scudetto, aunque Juventus lo había ganado ya siete veces consecutivas sin él dada su insultante superioridad en Italia. Y le agregó la Liga de Naciones con Portugal, un torneo nuevo y corto en el que marcó 3 goles a Suiza en la semifinal. Pero tuvo pocas actuaciones descollantes, apenas otro triplete anotado al Atlético de

Madrid en una noche mágica. Y señaló la marca más baja de goles en sus últimas diez temporadas: 28. Sin embargo, se le reconoce que era su primer año en Italia y no fracasó, aunque fue a un equipo muy fuerte y ya armado como Juventus.

Por todas estas puntualizaciones, en el premio de la Uefa –un buen termómetro–, Van Dijk obtuvo 305 puntos, Messi 207 y Cristiano 74. Fifa recuerda que los criterios de selección son el rendimiento deportivo (individual), y la conducta general dentro y fuera del campo entre el 16 de julio de 2018 y el 19 de julio de 2019. Pero lo que se observa, en general, es que se está perdiendo el carácter individual del premio. Se toma al equipo más ganador y, de él, a su jugador más representativo, como sucedió con Luka Modric el año anterior. Modric pasó inadvertido durante meses, pero era la figura más destacable del Real Madrid, campeón de Europa. Y había que premiar a uno del club ganador. Antes era diferente. Por eso cabe preguntarse si el The Best y el Balón de Oro son para el mejor rendimiento individual del año o para el jugador más destacado del equipo campeón de la Champions.

También se vota con memoria reciente. De lo que se hizo diez meses atrás no se acuerda casi nadie. Y fue tan importante como lo demás. Siempre queda en las retinas el gol del último partido, pero antes hubo que ganar treinta o cuarenta, sin esos no se llegaba a la final.

El The Best comenzó a perder credibilidad cuando entraron a votar los periodistas, y sobre todo, el público. El objetivo era democratizar la elección, pero quienes más saben de fútbol son los jugadores y los entrenadores. Ahí se elegía bien el premio. Y no había posibilidad de ningún sesgo. La Fifa no intervenía, solo organizaba la votación y difundía los votos con nombre y apellido.

A favor de Van Dijk juega el tema del aburrimiento general con Messi y Ronaldo. No porque no merezcan estar en la terna, sino por cansancio. Llevan tantos años allí que la mayoría prefiere un cambio. Pero está claro que todos los que han alternado con ellos fueron bajándose y desapareciendo, y ellos siguen con el esmoquin año tras año. Pese a que llevan quince y dieciséis temporadas de carrera, continúan siendo inalcanzables para los demás, más normales.

Entre estos monstruos estará mezclado hoy Juan Fernando Quintero, zurdo de oro. Su gol a Racing, fabuloso gol de tiro libre desde unos 27 metros a un ángulo que parecía imposible, competirá por el Premio Puskas al gol del año. Tendrá que vencer a un toque exquisito de vaselina de Messi ante el Betis y a otro con historia, el de Daniel Szori, un chico húngaro de 18 primaveras. Su equipo, el Debreceni, igualaba 1-1 con el Ferencvaros, el técnico lo mandó al campo a hacer su debut en el minuto 89 y en la primera pelota que le llegó –un centro– marcó un tanto increíble de chilena para una victoria de 2 x 1. Para un cuento de hadas. El de Juanfer es favorito por calidad, el del húngaro por la hazaña.

JORGE BARRAZA

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