Otro milagro alemán, el fútbol

Otro milagro alemán, el fútbol

La liga bajó el telón de la temporada 2018-2019 con promedio de 43.467 espectadores por partido.

20 de mayo 2019 , 12:04 a.m.

La economía devastada, las fuerzas de ocupación gobernando el país, los escombros de la destrucción como centro de la escenografía en muchos pueblos y ciudades, hambre, tristeza, desolación y carencias de todo tipo. Era la foto de Alemania en 1948, tras la Segunda Guerra Mundial. Pese a ello, el fútbol alemán volvió a ponerse en marcha. Como pudieron, se juntó un puñado de equipos regionales con jugadores, en su mayoría, 'amateurs', y el Núremberg (¡que acaba de bajar a segunda…!) se proclamó campeón venciendo en una final al Kaiserslautern, 2 a 1. Fue un intento modesto; no obstante, sirvió para retomar la paralizada Bundesliga, la cual ya no se detendría más y crecería hasta ser, hoy, el campeonato con mayor asistencia de público en el mundo, desde hace años.

De por qué el fútbol está tan arraigado en la sociedad alemana es siempre un curioso tema de conversación. Desde luego, la pelota es el juguete universal y el entretenimiento preferido de la humanidad en su conjunto; reina en todos los continentes. Acaso por tratarse Alemania de un país culto, un pueblo lector, asistente a conciertos y diversas actividades intelectuales, pensamos que el fútbol debería estar en un nítido segundo plano. No es así: 13’300.905 simpatizantes asistieron a los partidos del campeonato.

El torneo alemán cerró el sábado con el Bayern Munich, una vez más, campeón, que es su buque insignia y, a la vez, su problema mayor. Fue la séptima corona consecutiva del club de Franz Beckenbauer y Gerd Müller. La diferencia abismal de poderío entre el Bayern y el resto han convertido al fútbol interno en una liga de uno, lo que reduce el interés del público global, pese a todas las estrategias de la Bundesliga por atraer a cada vez más aficionados foráneos. El Bayern es, por un lado, un emblema de la excelencia y el poderío germano; por el otro, una tiranía exitosa, el problema que quita expectativa a los televidentes; todos quieren pluralismo a la hora de ganar títulos. En tal sentido, el inglés es un fútbol más democrático, la alegría se reparte mejor.

La liga alemana bajó el telón de la temporada 2018-2019 (falta la final de la Copa Alemana el sábado próximo, entre el Bayern y el Leipzig RB, pero eso se cuenta aparte). Y el balance arrojó una cifra fantástica de 43.467 espectadores de promedio en cada uno de los 306 partidos. Inglaterra, la segunda del mundo, reunió 38.188 'fans' por juego; España, 27.091; Italia, 24.982; Francia, 22.652, y Portugal, 11.664. Significa que, a lo largo del año, en Alemania fue 1’615.374 personas más a los estadios que en Inglaterra, considerada esta la liga más excitante del mundo.

“El fútbol es un fenómeno único”, dice Jorge Arriola Müller, exdirigente nacido en Berlín, de padre peruano, madre alemana y corazón limeño. “Fíjate, está escrito en los libros que el llamado 'Milagro alemán' nace con la conquista del Mundial del 54. Alemania se sentía aún abatida y humillada por la derrota y por el rechazo de los otros países, pero ganar la copa levantó la autoestima del pueblo, y ahí comenzó la reconstrucción, lo hizo revivir”. Efectivamente, el llamado 'Milagro de Berna', cuando Alemania derrotó a la, hasta entonces, invencible Hungría de Puskas, impactó tanto en la tierra de Goethe que el equipo campeón debió ser paseado por las principales ciudades del país. Recibieron a sus integrantes como héroes. De villanos del mundo a campeones del mundo. Sí, el fútbol era muy bueno con ellos, les devolvía el orgullo. Luego, refrendado con otras tres copas mundiales y cantidades de éxitos internacionales.

El sábado, el Bayern se proclamó en su casa ante el Eintracht Frankfurt. Lo goleó 5 a 1 y hubo una colosal fiesta posterior. Fueron 75.000 hinchas, ni uno solo más que en la primera jornada o en la segunda o en la tercera… En los 17 partidos jugados en el área, se colmó la capacidad de 75.000 lugares. Si uno es turista y desea ir a ver un juego del Bayern, generalmente, no puede; es muy difícil conseguir una entrada, están todas cautivas. En el caso del Borussia Dortmund, el subcampeón, no es más sencillo: es el club con más seguidores del planeta. Alcanzó una media de 80.841 boletos vendidos por juego y un total de 1’374.297 asistentes, con un estimado de 70 millones de euros solo de taquilla por liga.

“El fútbol alemán ha hecho un trabajo muy largo al respecto —refiere Abel Völkner, periodista peruano afincado, hace 33 años, allá—. Yo llegué en 1986 y había mucha expectativa por el fútbol, la gente iba al estadio, pero iba el típico hincha de fútbol, el fanático de su equipo, no parecía estar extendido a toda la sociedad. Porque, además, aquí hay muchos deportes fuertes, como el balonmano, el 'hockey' sobre hielo, básquetbol, patinaje… Pero a partir de la preparación para el Mundial 2006, hubo un gran cambio, comenzando por los estadios y, sobre todo, los accesos a los estadios, los puestos de comida, dar un buen asiento, comodidades de todo tipo. Esto expandió el fútbol a todos los sectores sociales y, especialmente, a las familias. Ha crecido notablemente la presencia de la mujer en los estadios, ves muchísimas. La seguridad es absoluta y la organización, sencillamente perfecta. Las empresas están involucradas como patrocinadores y llevan gente. Se ha convertido en un espectáculo de calidad, entonces, da gusto ir”.

Los clubes son sociedades civiles, en algunos casos con participación empresarial. Hay un cuidado extremo por las instalaciones, al punto de que el césped, que se arruina con la nieve y las heladas, es cambiado hasta tres veces en el año, a un costo de 100.000 euros cada vez. Pero eso es nada para los fantásticos ingresos que generan. Los estadios son reacondicionados constantemente, cada dos o tres años. La idea es que el aficionado se sienta cómodo, en un ambiente confortable.

“Los equipos son de mucha tradición y tienen enorme arraigo en sus comunidades, es el caso del Bayern, Dortmund, Stuttgart, Schalke, Frankfurt, Núremberg… ¡Es una pena que descienda el Núremberg!”, agrega Völkner. Conste que este récord de público se da sin varios equipos de honda tradición y legiones de seguidores como el Colonia, el Hamburgo, el St. Pauli. El Hamburgo, que seguirá otro año en segunda, congrega habitualmente 60.000 personas en sus partidos de local. “Mirá, el Mainz ha registrado un promedio de ocupación del 80 % en su estadio, y ya están preocupados. Seguro van a tomar medidas para mejorar eso”, dice Hernán, un argentino que vive allí, en la ciudad de Gutenberg.

“Para que tengas una idea —vuelve Abel—, en mi pueblo hay un club, el FC Giessen, que acaba de subir de quinta a cuarta categoría. Maneja un presupuesto de 2 millones de euros anuales. Los jugadores son casi 'amateurs', aunque cobran salarios de entre 3.000 y 4.000 euros, como un buen empleado medio. Hace poco, vinieron unos amigos peruanos y los invité a ver un partido del Giessen; se quedaron asombrados del estadio —pequeño pero impecable, con sectores VIP—, de la organización, de que hubiera conferencia de prensa al final del juego. Y en un partido de la Copa Alemana, que es muy importante, al comienzo, cuando luchan por clasificar los equipos regionales, son capaces de reunir 4.000 o 5.000 personas. Y si avanzan de ronda y les toca luego un bundesliguero, bueno, es la locura. Imagínate si a un pueblo como este le toca recibir a un Bayern o a un Dortmund…”.

JORGE BARRAZA

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