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Neymar: ¿qué pasó con este fenómeno…?

Neymar: ¿qué pasó con este fenómeno…?

Ningún jugador se termina a los 29. Hay que esperar y desear que vuelva a niveles de excelencia.

31 de octubre 2021 , 09:50 p. m.

“Es un exjugador”… “Está quemado físicamente”… “Está gordo”… “Ya es ultramillonario y no le interesa más el fútbol”… “Un juerguero”… “Lo inflaron”… “La pasa peleando con los rivales”… “Exagera cualquier golpe”… “Es un niñato”… “Puro marketing”… “Vive para las fiestas, no para el fútbol”… “No está ni entre los primeros cien 'cracks' de todos los tiempos”… “Nunca ganará el Balón de Oro”…

Además de los millones que recoge por sus contratos varios, Neymar cosecha animadversión en iguales proporciones de muchos hinchas en todo el mundo, un caso insólito por tratarse de un jugador fascinante que, efectivamente, no ha logrado las cotas que se esperaban de él dadas sus extraordinarias habilidades futbolísticas. Lo increíble es que la inmensa mayoría de esas críticas provengan de Brasil, su país, y de Francia, donde acomete su quinta temporada y donde semana a semana tiene roces con rivales y árbitros. ¿Cuál es la razón de tanta animosidad contra él…? Posiblemente el exceso de prensa del personaje y su propia altísima exposición. Pasa con James Rodríguez. Es tanta la propalación de noticias sobre su figura que luego termina jugándole en contra. Porque no puede devolver con fútbol y éxitos el nivel de expectativa que genera. Aunque, al menos, Neymar juega seguido.

Más allá de la relación público-atleta, el mundo del fútbol se pregunta qué pasa con Neymar, por qué es tan bajo su nivel. Solo Ney podría responderlo. Pero está convertido en un jugador común. Bueno, pero normalísimo. Un auténtico monstruo de la gambeta (esto es indiscutible) no puede superar una marca, lo enciman y se la quitan. Un 'crack' del pase apenas si logra meter alguna bola filtrada para dejar solo a un compañero de cara al gol (el viernes sí le dio una a Di María para el gol ante el Lille). Un muchacho velocísimo como era, acelera, pero no consigue superar la línea del rival. Y cada vez menos y menos goles. Un atacante que llegó a 43, 42, 31 anotaciones en otras temporadas, en las dos últimas sumó 19 y 17. Siete de estos 17 fueron de penal. Y en lo que va de este curso, apenas un tanto, también de penal. Lo mismo acontece con las asistencias:

Llegó a servir 27, 25, 22 goles a sus compañeros; esa cifra ha bajado dramáticamente a 13, 12, 11. Ahora lleva 3. Lo mismo acontece con el número de partidos: juega menos. En sus primeros años llegó a disputar 60, 51, 49, 47 encuentros, ahora registra 30, 28, 27, 31…

Eso, en sus distintos clubes (Santos, Barcelona, PSG). En la selección verdeamarilla es un calco. Alcanzó años de 15 y 9 goles con Brasil, luego cayó a 3, 1, 3, ahora lleva 5, tres de ellos mediante la pena máxima. Una caída de estrépito, casi inexplicable. Se fue alejando del arco rival y también fue cediendo protagonismo en el armado. A Tite le cayó del cielo el descubrimiento de Raphinha, pues entre él y Lucas Paquetá lo están ayudando a Ney en la construcción de juego.

Estamos hablando de un deportista de élite con apenas 29 años, una edad perfecta para ser el rey del fútbol. A los 29, Di Stéfano recién estaba empezando su leyenda con el Real Madrid, Pelé todavía era una máquina, Messi y Cristiano Ronaldo pasaron las 60 anotaciones. Es como que Neymar se cansó de correr detrás de Messi y Cristiano por el número uno y se echó a un costado del camino. Y es perfectamente entendible, esos dos son animales competitivos como el fútbol nunca vio, irrenunciables a la idea de seguir en lo más alto pese al almanaque. “Estuvo diez años peleando contra el mejor de la historia (Messi) y contra un individuo que tiene la cabeza de titanio (Cristiano), es lógico que pueda haber abandonado esa carrera. No le dio, pero Neymar era más que Romario, Rivaldo, Ronaldo, tenía más cosas. Incluso está como segundo goleador de la historia de la Selección Brasileña detrás de Pelé. Y lo puede pasar, solo le faltan diez goles”, nos dice Héctor, seguidor en Twitter y agudo analista del juego. También es factible que cediera a la presión que le impusieron sus propios compatriotas, ávidos de tener un sucesor a la altura de tantos fenómenos anteriores. Incluso que lo abrumaran las constantes predicciones de Pelé, Kaká, Cafú, Roberto Carlos, Thiago Silva de que sería el rey del fútbol. Durante años fue algo semanal. Ahora acallaron sus voces.

Hoy está en el puesto 16 entre los favoritos al Balón de Oro, y eso que juega en Francia, donde entregan el premio. Claro que ahí lo ven semana a semana y pueden palpar su rendimiento de primera mano, que es menos que discreto.

Este declive lleva ya demasiado tiempo como para denominarlo “un bajón momentáneo”. Y se entiende que, rumbo a los 30 calendarios, puede alcanzar todavía una óptima condición atlética, pero ya no tendrá la velocidad ni el deslizamiento de los 19 o 20. Siempre decimos que, cuando él tenía 21 o 22 años, enfrentaba zagueros de 29, ahora se invirtió: él tiene 29 y debe cuerpear y desnivelar a zagueros de 21 o 22. Y no lo consigue. Al momento de llegar al Barcelona, a mediados de 2013, Ney era un avión, una gacela, parecía andar en patines, tiraba el balón hacia adelante y pasaba como un rayo entre tres, ahora lo adelanta y no puede sacar ese medio metro que necesita el atacante para desnivelar. Por eso mismo se fue retrasando en el campo. Manuel Pellegrini nos dijo en una entrevista en 2002: “Hay dos cosas que un delantero no puede ser: lento y cobarde. Sino no desequilibra nunca”.

“Se me falta el respeto”, declaró al llegar a París tras la triple fecha eliminatoria de septiembre, en la que sus actuaciones fueron tan pobres que le llovieron palos en Brasil, incluso de exjugadores hoy dedicados a comentaristas, siempre muy benévolos entre colegas. Walter Casagrande, centrodelantero corintiano de los ‘80, muy escuchado en TV, es particularmente duro con Ney: “No es el jugador que precisamos para la Copa del Mundo”.

Jérôme Rothen, exfutbolista del PSG entre 2004 y 2009, ahora analista en Radio Montecarlo, fue crudo con la actualidad del brasileño: "No hace falta haber jugado al más alto nivel para darse cuenta de que Neymar a día de hoy no es decisivo. Es menos impactante, menos creativo, incluso menos altruista. En todos los niveles, está por debajo de lo que hizo en sus mejores momentos en el club".

El público colombiano lo vio 'in situ': la sombra de Neymar deambuló por Barranquilla. No pesó en absoluto, los volantes y defensores de Colombia le quitaban la pelota con facilidad de asombro. Dos días antes había anunciado en su propia cuenta de Twitter que quizá el de Catar sea su último Mundial. Olió a retiro cercano.

No será fácil que se repita un futbolista de virtudes tan infrecuentes: técnica suprema, gambeta frontal, velocidad, excelente disparo de derecha, vocación ofensiva, fantasía, gol, alegría para jugar y combinar. Pero está escrito que con las condiciones solas no se llega a la cima, hay que acompañarlas con actitud, mentalidad, constancia. El mejor parámetro de comparación es Cristiano: siendo muchísimo menos dotado futbolísticamente ha logrado diez veces más.

Ningún jugador se termina a los 29. Hay que esperar –y desear– que vuelva a niveles de excelencia. No obstante, ya es un crimen de lesa fútbol, un desperdicio. Debutó en 2009, por aptitudes podría haber alcanzado niveles estratosféricos. Parece insólito que no haya ganado aunque sea un Balón de Oro. Pero le fueron pasando los años y no se le dio. Y ahora está irreconocible. Quizás logre coronar en el Mundial del año que viene. Está a tiempo

JORGE BARRAZA

(Lea todas las columnas de Jorge Barraza en EL TIEMPO aquí).

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