La posesión en el banquillo: ¡inocente…!

La posesión en el banquillo: ¡inocente…!

Lo que mostró Barcelona ante el Granada, el Valencia o el Ibiza no es el mejor ejemplo de posesión.

10 de febrero 2020 , 01:02 a.m.

La soporífera actuación del FC Barcelona en los tres primeros partidos del ciclo de Quique Setién disparó el debate. Porque Setién es un apóstol de la posesión y la esgrime como pilar sacrosanto de su pensamiento. Los 1.005 pases frente al Granada con apenas un gol y el 82,6% de posesión de balón con solo 6 remates entre los tres palos resultaron algo insoportable a los ojos. Se le contaron 807 pases atrás o a los costados. Semejante improductividad disparó un comentario universal: “¿Y eso para qué sirve…?”.

Incluso se desataron muchas burlas, sobre todo desde el madridismo, que genera tendencia de opinión en el mundo. Desde luego con la intención de tirar abajo la afirmación de que el Barcelona de Guardiola (2008-2012) fue el mejor equipo de todos los tiempos. La posesión de balón, el credo indiscutible de la última década, fue sentada en el banquillo durante dos semanas acusada de inútil. Agravado porque Guardiola no pasa sus mejores días en el Manchester City y en cambio es la hora de Jurgen Klopp, un técnico que ha hecho de la practicidad una iglesia llena de fieles.

A mediados de los 60, Helenio Herrera, el creador de “la Grande Inter”, campeón europeo y mundial 1964 y 1965, acuñó una frase simple, pero rotunda: “Si yo tengo la pelota no me pueden hacer gol”. El rey del pragmatismo ya estaba destacando la importancia de poseer la herramienta para, como mínimo, no sufrir al rival. Si un equipo dominara los 90 minutos –algo imposible, claro– se aseguraría al menos salir 0 a 0. Salvo que se haga un gol en contra.

Está demostrado que en la enorme mayoría de los partidos donde hay un ganador, este es quien domina más, aunque dominar no sea exactamente sinónimo de ganar. En el 'box' ocurre algo similar, el púgil que más ataca y más iniciativa tiene, por lo general, vence.

Habrá a quien le guste ser dominado durante 85 minutos y luego ganar en una escapada. Hasta sonríen, se sienten los más pillos de la cuadra. Allá ellos. Como hincha, si me dan a elegir entre que mi equipo domine o sea dominado, elijo lo primero, sin un ápice de duda.

Incluso ese que atacó una sola vez en el partido y ganó 1 a 0 en un contraataque, ¿qué necesito para hacer el gol…? La pelota. Sin ella no se puede.

De manera que la tenencia del balón no puede ser perjudicial en sí misma. El mencionado Barcelona de Guardiola fue el equipo con mayor porcentaje de posesión que hayamos conocido, el más preciosista y a la vez el más ganador de la historia, el que más goles hizo, el que menos recibió. El único en ganar los 6 títulos posibles en una temporada. Fue un deleite verlo. Y se basaba en eso, en tener el esférico la mayor cantidad de tiempo posible. Para ello, cuando lo perdía, accionaba un dispositivo de presión asfixiante: tres y hasta cuatro hombres acorralaban al rival que llevaba la bola para recuperarla y volver a tenerla. Tenerla para nuevamente intentar lastimar al adversario. Contaba con un plantel maravilloso, es verdad, pero el sistema los potenciaba. Y todos estaban muy implicados en la idea.

Desde luego, la posesión inocua, estéril es un lastre que no sirve para ganar y sí para darle tranquilidad al contrincante, que encuentra tiempo para acomodarse defensivamente. La tenencia debe tener sentido; los pases, igual; todo debe ser con sentido, un centro, un intento de desborde, un despeje, un remate al arco, toda acción debe tenerlo. Eso que mostró el Barcelona ante el Granada, el Valencia o el Ibiza no es el mejor ejemplo de posesión, es un adefesio futbolístico, una desfiguración del estilo. Dar 807 pases atrás o a los costados en un partido es una calamidad. El pase atrás es sinónimo de impotencia, de falta de ideas y de incapacidad individual y colectiva, pero eso no puede ser achacado al estilo. Aparte, el Barcelona de Guardiola fue una maquinaria letal que daba cientos de toques y dominaba todos los partidos, ante el rival que fuera y en todos los campos. En cuatro años, ningún equipo logró el balón en propiedad por más tiempo frente al Barcelona. Era fulminante en el juego y en los números. Una iluminación.

En el libro 'Herr Pep', de Martí Perarnau, Guardiola le explica al autor el objeto de poseer el útil la mayor parte del tiempo: “Tener el balón es importante si vas a dar quince pases seguidos en el centro del campo a fin de ordenarte tú y, paralelamente, desordenar al contrario. ¿Cómo lo desordenas? A base de dar esos pases con velocidad, con intención y con un sentido concreto. Con esa secuencia de quince pases, juntas a la mayoría de tus hombres, aunque también tienes que dejar a algunos de ellos muy separados y alejados entre sí para ensanchar al equipo contrario. Mientras das esos quince pases y te ordenas, el rival te persigue por todas partes, buscando quitarte el balón y, sin darse cuenta, se ha desorganizado por completo”. Aunque no hiciera falta que lo aclarara (lo hacen las estadísticas), allí mismo Guardiola confiesa que utilizaba el tiqui taca para ganar, no para gustar.

Está demostrado que con todas las tácticas y los estilos es posible llegar al éxito, lo que no se debe es desprestigiar una forma magnífica de jugar solo porque otros equipos no saben implementarla. Y estos, muchas veces, se defienden tratando de desacreditar la tenencia.

Fernando Santos, DT de Portugal, un hombre inteligente (es, además, ingeniero electrónico) sostiene: “A veces se exagera con la posesión”. Desde luego, especialmente cuando se la lleva a límites de fundamentalismo, como si no existiera otro sistema. Pero mala no es. Muchos no la ejercen porque no saben tenerla, les falta manejo, condiciones, pero, especialmente, personalidad. Querer la pelota, llevarla, requiere de una mentalidad firme, no tener miedo de perderla. Cuando le preguntaron a Alex Ferguson cuál era su criterio para elegir jugadores, respondió: “El carácter, si veo que no tiene miedo de perder el balón, puede jugar en el Manchester United”. El tronco, el inseguro, se la saca de encima rápido.

Ningún equipo entra a un partido con la intención de que el otro tenga siempre la pelota porque él es más vivo y en algún momento aprovechará un descuido del rival. Por eso los entrenadores enfatizan todo el tiempo ante sus jugadores la importancia de presionar y recuperar: porque sin la pelota no funciona ningún esquema.

Estas últimas versiones del Barcelona son la desfiguración del cruyffismo o del guardiolismo, no son el mejor ejemplo de tenencia. Pero, bien ejecutada, la posesión es inigualable. Ricardo Bochini, pensador del juego como pocos, sentenció: “Cuando yo tengo la pelota nadie sabe lo que estoy pensando hacer”. Es la gran ventaja de la posesión.

JORGE BARRAZA

Empodera tu conocimiento

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.