"En Múnich alucinan con Coutinho"

"En Múnich alucinan con Coutinho"

Lisa y claramente, una ‘fake new’. Coutinho es el rostro visible de una trama en torno a él.

02 de diciembre 2019 , 10:56 a.m.

El titular salió a mediados de septiembre en un importante diario deportivo español. Con mínima variación, se repitió en otros medios: ‘El Bayern alucina con Coutinho’, ‘La Bundesliga alucina…’. Una noticia falsa. Nadie alucina con Coutinho en Alemania, es el mismo jugador frágil y lánguido que pasó por el Barcelona, no tiene influencia en el juego del Bayern Múnich. Lo alinearon en los primeros partidos, lo sostuvieron lo más que pudieron por una cuestión de cartel y por su precio elevado, hasta que lentamente se fue sacando solo del equipo por su propia intrascendencia. Y porque los entrenadores también deben respaldar sus decisiones. En su caso, no había cómo. Primero lo sentó Niko Kovac, ahora Hans-Dieter Flick.

Si uno leía bien el informe de prensa (‘En Múnich alucinan con Coutinho’), notaba que el contenido del artículo no tenía relación con el pomposo título, estaba basado en que es un buen chico, muy educado y cosas como esas. No estaba sustentado por testimonios de técnicos u observadores que ponderaran al jugador. Un texto forzado para tratar de instalar que el muchacho estaba siendo gran figura en Alemania. Lisa y claramente, una ‘fake new’. Que además salió en varios medios, curiosamente con el mismo verbo —alucinan— en todos los casos. Olía a gacetilla de prensa emanada de algún sitio interesado.

La verdad la dijo Dietmar Hamann, exinternacional del Bayern y del Liverpool, hoy comentarista de Sky Sports: “Coutinho es invisible” y “No vale ni la mitad de su precio”.

Coutinho es el rostro visible de una trama en torno a él. Nunca fue una estrella por juego; sin embargo, motivado por el técnico Jürgen Klopp y cobijado por el excelente funcionamiento del Liverpool, alcanzó cierto brillo y presentó una excelente tarjeta en la temporada 2016-2017: 14 goles y 9 asistencias. Pero la figura era el equipo, y las luminarias se llamaban Salah, Firmino y Mané. Ellos lo ayudaron mucho a alcanzar esos números. Allí, en una operación en la que es mejor no ahondar, pasó en 160 millones de euros al Barcelona. Un precio alocado y sin justificación. Pero es brasileño, compañero de Neymar en la selección, llegaba para ser el reemplazante de Iniesta, ya vivió en la ciudad pues jugó unos meses en el Espanyol... Cerraba.

Para suavizar el impacto de los números se dijo: “En verdad son 120 más 40 en variables”. Una manera de decir, “esos 40 se los tiene que ganar”. También irreal: esos objetivos eran fáciles de conseguir: 5 millones al disputar 25 partidos con la camiseta azulgrana, 5 más por cada una de las dos primeras temporadas que el Barça clasificara a la Champions (clasifica todos los años), etcétera. Todo ello engrosado por las comisiones de los agentes, que a veces alcanzan cifras obscenas, muy superiores al 10 o 15 por ciento de la transacción.

Como el Liverpool no es un club vendedor, sobra dinero en la Premier League y se persiguen fines deportivos, se opuso tenazmente a la transferencia. Entonces el representante de Coutinho empezó a presionar al Barcelona: “Hay que aumentar la oferta”. Y al jugador: “Debes hacer la mayor presión posible para que te liberen”. Coutinho dejó de entrenar y se declaró en rebeldía hasta que lo dejaran ir. Lo hicieron. Y el pase se concretó: el fichaje más caro de la historia del Barcelona y el segundo más alto del fútbol después de Neymar. Coutinho tuvo su premio económico: hasta junio de 2023 embolsará 74,5 millones, a razón de 13,5 M€ por temporada. Aseguró su futuro, el de sus hijos y nietos. No es víctima de nada.

Su aportación en Cataluña fue raquítica. No se ensambló, no conectó con sus compañeros ni con la gente, su apatía y su improductividad exasperaron a todo el barcelonismo. Para que no se convirtiera en un desastre político que descabezara al presidente, había que sacarlo del foco de la opinión. Le buscaron todos los destinos posibles hasta que apareció el Bayern, que pesca en aguas bajas. Consiguieron un préstamo digamos decente: 8,5 millones de euros más el contrato, que con los impuestos es un disparate atroz. Un año de Coutinho le sale al Bayern por 38 millones de euros. Desde luego, lo devolverá en junio y allí comenzará otra vez la caza de un cliente potable, alguien que esté dispuesto no ya a pagar un pase o un préstamo, sino el contrato del jugador. Esto es lo que pasa cuando se infla a un jugador y se logra colocarle en un gran club. Luego no hay cómo deshacer el desaguisado.

Mientras, su cotización bajó de 160 a 90 (también ficticia), y cuando finalice el préstamo seguramente estará en 30 o 40. El problema es que el Barcelona, so pena de un escándalo descomunal, no puede anunciar que lo vende por 30. Encima se cerraron puertas. “Coutinho nunca será bienvenido en Liverpool. No le está yendo bien en Barcelona, pero dejó claro lo mucho que deseaba irse. Ahora tiene que vivir con ello”, afirmó en su momento el ex-Liverpool Danny Murphy. Para peor, Coutinho no pudo ser campeón con Liverpool, pero Liverpool sí pudo serlo sin él: ganó la Champions y está muy bien encaminado para conquistar la Premier actual.

¿A qué nos lleva esta telenovela de Coutinho? Hacia un tópico inquietante: hay un periodismo promocional, propagandístico, al servicio de grandes intereses. Los futbolistas de élite ya no son apenas deportistas con un buen pasar, son unidades de negocios, en algunos casos, como Neymar y Cristiano Ronaldo, multinacionales que generan cientos de millones al año. Hay que sostener el negocio y la prensa, como las redes sociales, son aliados estratégicos. Es preciso mantener en alto la imagen. Si no juegan o lo hacen mal o viven lesionados, que se hable igual. Que inunden Instagram los abdominales de Ronaldo, las modelos que salen con Neymar, las noticias de futuros fichajes (esto muestra que siempre hay interés por ellos).

En el caso de Coutinho, tras su transatlántico fracaso en Barcelona se hicieron operaciones de prensa para direccionar la culpa hacia Ernesto Valverde, el entrenador: “No lo supo aprovechar”, “Nunca le dio su posición adecuada en el campo”, “Lo pone de punta y es volante ofensivo”. El tema es no desmerecer jamás el producto. Para ello es necesario tener una nómina de periodistas que puedan publicar notas del tipo ‘En Múnich alucinan con Coutinho’. Los astros del deporte se han convertido en marcas que pueden facturar lo mismo o más que un banco de nivel medio en un país en desarrollo. Y generan ingresos fabulosos durante 15 años, incluso después. Y los ingresos más bajos son los del fútbol. Ejemplo: Cristiano Ronaldo tiene 191 millones de seguidores en Instagram. Un posteo suyo en la red con un reloj, una marca de perfumes o de calzoncillos le reporta un millón de euros.

Los agentes no son, como antes, un individuo bohemio que hacía contactos en un bar o cenando con el presidente. Son empresas con 40 o 50 empleados y ejecutivos de alta capacitación, como Gestifute, la compañía de Jorge Mendes, representante de Cristiano Ronaldo, que sabe que ganar un Balón de Oro, merecido o no, representa cientos de millones en contratos colaterales. Pero eso a nosotros no debe importarnos, sino lo otro, lo de ‘En Múnich alucinan…’. Eso sí es grave.

JORGE BARRAZA

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