Copa América 2020: montar la fiesta que el torneo merece

Copa América 2020: montar la fiesta que el torneo merece

Solo con la pasión por el fútbol, Colombia y Argentina superarán a esta desangelada edición 2019.

14 de julio 2019 , 11:50 p.m.

Pasaron siete días, parecen siete años. La Copa América de Brasil ya fue a parar a un baúl lleno de olvidos. ‘A pior Copa América da historia’, tituló Paulo César Lima en su columna de 'O Globo'. El Paulo César que se inició en Unión Magdalena en 1965 jugó en el Junior y luego volvió a Brasil para ser campeón mundial en México 70 al lado de Pelé, Tostao y toda la orquesta. Él lo analizaba desde el prisma futbolístico. Sí, fue regular tirando a pobre. Que un marcador de punta de 36 años resultara la única luminaria revela lo que fue el torneo. Brasil mismo fue un campeón justo y eficiente, aunque olvidable. Y apenas un puñadito de partidos se salvan del ostracismo: Uruguay 1 - Chile 0 (el mejor), Brasil 5 - Perú 0, Colombia 2 – Argentina 0, Perú 3 - Chile 0…

Acaso el único éxito remarcable sea el de recaudación: se obtuvieron 55’968.014 dólares por venta de entradas en los 26 partidos. Pero también eso tiene explicación: las boletas eran carísimas. Un ingreso medio para ver Paraguay-Catar o Bolivia-Venezuela costaba alrededor de 70 dólares. De allí que el portal Globoesporte abordara el tema de manera crítica con un gran titular: ‘Fracaso de público, suceso de renta’. Hablaba de la exorbitancia de los precios: “Un tiquete medio para el juego Chile-Ecuador costaba 202 reales (52,47 dólares), casi el doble que un boleto de la final del Campeonato Paulista, que salía 106”. El Maracaná tiene capacidad para 78.838 espectadores, pero en la final Brasil 3 - Perú 1 se vendieron 58.584. Veinte mil menos, y eso que asistieron varios miles de peruanos llegados desde su país y desde otros puntos. Si la final era con Catar tal vez no llegaban a cuarenta mil. Así fue todo: estadios enormes, público pequeño.

Los argentinos y colombianos, y en orden decreciente peruanos y chilenos, en menor medida uruguayos, salvaron la ropa, le pusieron unas pizcas de sal a esta Copa América sin calor, cero en entusiasmo, el hincha brasileño fue completamente ajeno al torneo. Si llegaba un turista europeo y no le avisaban, ni se hubiese enterado de que ahí se estaba jugando una Copa América. Nulo clima de copa, la euforia fue importada. En cualquier otro país, incluido Venezuela, donde el fútbol durante un siglo estuvo debajo del béisbol, el box o el básquet, un Sudamericano Sub-20 tendría mayor repercusión que esto. En toda la Copa, diarios gigantes como 'Folha de São Paulo' y 'O Globo' dedicaron media paginita al torneo. Diarios que pesan medio kilo. Como contrapartida, vale agregar que EL TIEMPO, el día que Colombia enfrentaba a Chile, lanzó una edición especial en San Pablo. Un esfuerzo editorial que en un medio brasileño sería impensable. Lo mismo acontece con los periodistas. Centenares venidos de afuera deambulando por aquí y allá buscando noticias para generar la información. Win Sports, el canal del deporte en Colombia, llevó 36 personas entre periodistas, técnicos y camarógrafos. Brasil encabeza el 'ranking' de jugadores más extraordinarios, de más títulos ganados y de fútbol más bonito, pero en el rubro pasión… Ni tema de conversación cotidiana es la pelota.

“Brasil es, cada vez más, el expaís del fútbol”, dice José Henrique Mariante en su artículo para 'Folha de São Paulo'. Y hace referencia justamente a la poca pasión que se nota en general. No se vio un cartel en los aeropuertos dando la bienvenida a los visitantes, ni afiches ni banderas ni eventos colaterales. Tampoco asociaron al torneo a grandes figuras, que Brasil tiene por docenas, como Ronaldo, Rivaldo, Romario, Roberto Carlos, Bebeto, Zico, Falcao, etcéteras varios. Apenas Cafú acompañó en algunos actos al presidente de la Confederación Brasileña, pero tuvo mínima visibilidad. Digamos que a Brasil le correspondía organizar la Copa América, puso los estadios y ya, no más. Hemos contado el episodio del Colombia-Catar en el que estuvimos fuera del Morumbí las dos horas previas al cotejo y vimos entrar miles de personas. Casi podríamos sostener que las 22.079 personas que pagaron su localidad ese día eran colombianas. O sea, si la ciudad sede (en ese caso, San Pablo, de 22 millones de habitantes) no aporta un hincha neutral, ¿qué sentido tiene realizar un torneo allí…? Es como si un amigo organiza una fiesta en su casa y cuando llegan los invitados él se va a dormir al cuarto de atrás.

“La indiferencia hacia la Copa fue total –dice Fernando Jiménez, director del diario deportivo 'Todosport', de Lima–. Los brasileños no se involucraron. Ni para comprar un 'souvenir' había. No hubo efervescencia. Es mi octava Copa América, no he visto una organización tan opaca. Y los precios, terribles. El colega Carlos Navarro me decía que gastó 2.600 dólares en pasajes de vuelos internos siguiendo a la selección peruana”.

La Copa América toca cada muchos años a un país; una vez que empiece la rueda cuatrienal –a partir de 2020– será cada cuarenta. Merece ser bienvenida y atendida, vivida y gozada con intensidad. Y organizada no con mero afán comercial sino con el objeto de mostrarse como nación. El local debe asumir el rol de anfitrión, con lo que ello implica. Colombia y Argentina tendrán en 2020 la ocasión de montar una copa extra. No hay duda de que solo con la pasión de ambos pueblos por el fútbol superarán de largo a esta desangelada edición 2019. Tienen once meses para prepararse. Bajar el costo de las entradas, mejorar los campos de juego (muy criticados en Brasil hasta por el mismo técnico Tite, quien catalogó de absurdo su estado) y realizar muestras, festivales, exposiciones en combinación con las alcaldías. Aunar lo cultural con lo deportivo. El fútbol no puede ir a exprimir el bolsillo de la gente solamente. Debe dar algo más que partidos.

La Copa América siempre fue una fiesta en cada país que la albergó. Debe volver a serlo.

JORGE BARRAZA

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