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¿Cambiar Inglaterra por Catar…?

¿Cambiar Inglaterra por Catar…?

Para alcanzar la cima es imprescindible amar lo que uno hace. ¿James ama el fútbol…?

20 de septiembre 2021 , 08:02 p. m.

Si se hiciera una encuesta, quizás el 95 % de los futbolistas de todo el mundo elegiría la Premier League como destino para desarrollar su carrera. Es la liga cumbre: equipos poderosos, sueldos millonarios, estadios impactantes, público multitudinario, fútbol atractivo y máxima visibilidad. James Rodríguez está en ella y pide salir para irse al Al Rayyan de Doha (Catar). Falta confirmación, aunque, de concretarse, sería un cambio que, indudablemente, generaría asombro. El Everton no está en el big six (los seis grandes: Manchester United, Liverpool, Arsenal, Chelsea, Tottenham, Manchester City), pero es un club con profunda tradición, gruesa hinchada y que bascula normalmente entre el séptimo y el noveno puesto. Cuando juegas contra alguno de aquellos, millones te ven. Una excelente vidriera y un ámbito casi ideal de desenvolvimiento. El lugar perfecto para, a los 29 años, relanzar su carrera y volver al primer plano, no por temas extradeportivos ni por la maquinaria mediática (que funciona a destajo) sino por maravillas en el campo de juego.

Miles desearían llegar allí. Pero James se iría para recalar en el Al Rayyan, sexto de un torneo de doce, una entidad que en los últimos treinta y un años ganó dos ligas. O sea, un media tabla catarí. Nadie, en estas costas, verá nunca un partido del equipo catarí. No seamos tibios: es el destierro futbolístico. Pero él aceptará irse porque el Al Rayyan le mantendrá el fabuloso salario de alrededor de 8 millones de euros, que ya en la Premier estaba entre los más altos, incluidos los profesionales del big six.

Es entonces cuando uno se pregunta cuál es su meta deportiva, ¿hizo todo lo posible por quedarse en Inglaterra…? Su entorno, siempre presto a propalar que los técnicos no lo quieren, es hermético a informar si el jugador se acercó a Rafa Benítez para manifestarle su máxima implicación, para decirle que quiere contribuir al equipo, que está plenamente integrado al objetivo conjunto y que, a partir de sus características, intentar serle útil en todas las funciones que el míster disponga. Salvo que medie un enfrentamiento personal grave, no hemos conocido a ningún entrenador que se blinde y niegue una posibilidad a un atleta que se muestra afanoso por colaborar con el colectivo. Sobre todo, si lo sabe con condiciones técnicas como es el caso de James. Hasta Zidane, a quien se consideraba un enemigo mortal, le dio recurrentes oportunidades, luego desaprovechadas.

Por otra parte, si el futbolista no quiere, no se va, tiene un año más de contrato. Lo que debe hacer es entrenar con ahínco, mostrar disposición, entusiasmo, pedir una chance. En camino a los 31 años, cada día sin entrenar es un día menos de actividad futura. Y ya son muchos…

También puede haberse dado otro escenario: que James hubiese deseado quedarse pero el Everton, ante la certeza de que el técnico madrileño no lo utilizaría demasiado, hubiera querido desprenderse del contrato más alto del plantel. Ya la temporada anterior no fue muy fructífera, lo llevaron para intentar alcanzar un puesto de Champions o, al menos, de Europa League. No resultó. Y de los 46 cotejos disputados por el club en las tres competiciones (Liga, Copa Inglesa y Copa de la Liga), Rodríguez Rubio sumó 22,73, producto de sus 2.046 minutos en cancha. Arañó el 50 %. Pero cobró el 100 %.

El superpoderoso Jorge Mendes, agente de James, tiene una consigna inviolable: no defraudar nunca a sus jugadores, protegerlos siempre. Lo ha convertido en millonario y le ha conseguido lo máximo casi que un jugador puede aspirar: el Mónaco, el Real Madrid, el Bayern Munich, el Everton. Francia, España, Alemania, Inglaterra. Pero no es estulto: tampoco defrauda jamás a un club, no se cierra puertas. James se retirará algún día, y él seguirá colocando jugadores en el Everton y en todos los clubes con los que ha trabajado. Por ello, si lo han llamado a despacho para pedirle que le consiga destino, es que se ha movido y lo ha ofrecido en uno de los pocos mercados donde aún está abierta la ventana de pases y donde pueden acometer un salario de tal magnitud.

Una hipótesis no descartable es que Mendes lo lleve a Catar solo por esta temporada y, una vez finalizada, intente ubicarlo de nuevo en Europa. Desde luego ya no en escuadras de punta, pero sí en ligas atractivas. Si permaneciera más allá de junio en el Al Rayyan es porque definitivamente persigue un retiro de oro.

Rafa Benítez fue anunciado en el Everton el pasado 30 de junio. De modo que si James sabe desde hace dos meses y medio que no jugaría con él (lo dio como primicia en El Chiringuito un periodista muy vinculado al grupo Mendes) tuvo tiempo de buscar puertos mejores que Catar. Pero es un jugador que ya no genera alto interés deportivo. O al menos no debiéndole mantener el estratosférico contrato actual. De haberse reducido significativamente el salario, James quizás pudo haber conseguido algún club mediano en España o Italia.

Cristiano Ronaldo se fue de Juventus al Manchester United ganando prácticamente la mitad de lo que cobraba en Juventus, o sea unos 15,2 M€, pero aspiraba a un entorno más propicio en lo deportivo. Y lo consiguió. Si se plantaba en los 31 millones limpios que percibía en el club italiano tal vez no hubiese podido volver a Manchester con casi 37 años. Acertó un pleno. El resto lo conseguirá con ingresos publicitarios, pero está en un hábitat perfecto para su ambición, que luce intacta: seguir metiendo goles.

James lleva sin jugar desde el 22 de mayo. Ese día actuó 66 minutos en la derrota del Everton ante el Sheffield United por 1 a 0. Es muy difícil que Reinaldo Rueda convoque a un futbolista que, a la hora de enfrentar a Uruguay, Brasil y Ecuador, cumpla cerca de cinco meses sin un partido oficial. No es lógico y, si lo hiciera y no rindiera, le apuntarían al seleccionador por irresponsable.

Para alcanzar la cima es imprescindible amar lo que uno hace. ¿James ama el fútbol…?

JORGE BARRAZA

(Lea todas las columnas de Jorge Barraza en EL TIEMPO, aquí)

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