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Hacia un Congreso ingobernable

Hacia un Congreso ingobernable

En contraste con el Pacto Histórico, salta a la vista la apuesta de alcurnia del Nuevo Liberalismo.

13 de enero 2022 , 08:00 p. m.

Aunque sería un desatino concebir un Congreso subordinado al Poder Ejecutivo, pues sería acabar de tajo con la teoría de división de los poderes y la democracia misma, la naturaleza de su función es la de cooperar, incluso, en arreglos tan particulares como el de Perú. Es que la voz cantante del Estado en el sistema presidencial la lleva el presidente.

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Pero esa historia de obligado entendimiento, o la preponderancia del 'partido del Presidente' o del consociacionalismo, como lo definiera Jonathan Hartlyn para el caso colombiano, puede estar a punto de terminar. Puede estar por inaugurarse una relación traumática, llena de incertidumbre, posiblemente hasta de bloqueo o parálisis, en el caso de elegirse un gobierno de centroizquierda y, especialmente, de derecha.

Si de cerca de 15 o 18 senadores radicales o comunistas, como Iván Cepeda, Wilson Arias y compañía, se pasa a 35 o más, jalonados por el Pacto Histórico, Fuerza Ciudadana, Comunes y algunos ‘verdes’, el Gobierno entrante la va a tener muy difícil. Sobre todo, porque el próximo Congreso puede ser el más fracturado y fragmentado de la historia, sin mayorías; un mosaico de fuerzas para un complejo espectro de alianzas.

Claro, no es fácil proyectar el arcoíris de fuerzas del próximo Congreso, tal vez como nunca antes, y por eso hay que aproximarse con cautela. En particular, porque colisionan fuerzas emergentes con un Congreso que suele ser poco permisivo a los cambios, dada la presencia de un importante voto rural y campesino o de arraigadas estructuras clientelistas y de politiquería. También, por razones del pequeño tamaño de algunas circunscripciones electorales en la Cámara de Representantes o hasta porque dependerá de si el nivel de participación en las elecciones del 13 de marzo supera el 48 o 50 por ciento. A mayor participación, menores posibilidades del voto amarrado.

A menos que ocurra un milagro y la opinión pública reaccione a tiempo, el Congreso va camino de convertirse en un monumental desafío o una mula muerta en el camino de la gobernabilidad.

Sin embargo, es posible advertir algunas tendencias que pueden favorecer a las listas de la izquierda radical, en particular el Pacto Histórico, y el castigo a los partidos de Gobierno. En primer lugar, Gustavo Petro intentará trasladar su favorabilidad en las encuestas hacia las listas del Pacto impulsado por la presidencialización de las elecciones de Congreso que se celebran el mismo día de las consultas. En segundo lugar, porque es la primera vez en la historia contemporánea del país que una coalición de fuerzas de izquierda radical tiene listas competitivas al Senado y en la mayoría de las cámaras de los departamentos del país. Por ejemplo, en Cundinamarca, donde los partidos tradicionales han mandado, el Pacto Histórico podría hacerse con dos curules a la Cámara, mientras se evidencia un riesgo claro de pérdida de curules para el Centro Democrático, el Partido Liberal o Conservador.

En tercer lugar, es muy posible que la alta desfavorabilidad del gobierno Duque termine por castigar a los partidos de Gobierno y beneficiar el frenesí de los partidos de izquierda radical, incluida Fuerza Ciudadana, que se ven cada vez más cerca del poder.

En contraste, partidos como el Nuevo Liberalismo, que estaría llamado a recoger deseos de cambio y sentimientos de desilusión del electorado, con posturas sensatas o moderadas, incurren en un arriesgado cálculo de basar todas sus apuestas en la marca Galán. Con contadas excepciones, conformaron una lista bogotana, de alcurnia y casi sin ningún diálogo político con las regiones. De sus 12 listas territoriales de Cámara, solo en Bogotá se refleja una lista competitiva.

A menos que ocurra un milagro y la opinión pública reaccione a tiempo, el Congreso va camino de convertirse en un monumental desafío o una mula muerta en el camino de la gobernabilidad. No es que el cambio de signo ideológico del Congreso o una importante representación de izquierda sea a priori nocivo. Incluso, el sistema político necesita que los partidos que sobreviven en la modorra clientelista sufran un cimbronazo. El problema, en este caso, es que las listas de la izquierda radical parecen inspiradas poco en los partidos de izquierda europeos y más en las lógicas autoritarias de los comités centrales del Partido Comunista.

JOHN MARIO GONZÁLEZ

(Lea todas las columnas de John Mario González en EL TIEMPO, aquí)

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