Secciones
Síguenos en:
El linchamiento y el riesgo para Estados Unidos

El linchamiento y el riesgo para Estados Unidos

El papel de los medios debe ser más cuidadoso en un estado de cuasi guerra permanente.

13 de mayo 2021 , 09:25 p. m.

Entreverado con la protesta, con la frustración ciudadana, lo presenciado en las dos últimas semanas ha sido un linchamiento al Gobierno sin precedentes y, de paso, a la Policía para que no quede piedra sobre piedra. Al mismo se han sumado la ONU, la Unión Europea y ladeadas ONG, comandadas por Human Rights Watch y Wola, para condenar los excesos contra los manifestantes. Y claro que los ha habido y hay que castigar a sus responsables, pero no se puede llegar al extremo de que arraigados odios a Uribe o a Duque terminen por destruir los pocos restos institucionales que quedan

Insisto, no defiendo al gobierno Duque; he sido muy crítico de este. De un gobierno arrogante; un presidente que por sus palos de ciego, inseguridades e incapacidad de relacionamiento político está atrincherado en la Casa de Nariño en una soledad absoluta, con apenas una corte de logreros.

Pero otra cosa es ignorar que los policías son seres humanos, que son padres, hermanos o hijos, que su servicio al país lo están prestando en condiciones incluso de temor y les sería preferible no tener que actuar. ¿Alguien creía que, con miles de policías azuzados por activistas profesionales y millones de ciudadanos entre la mano de dios y el reino de los vándalos, no habría víctimas? El mero intento de toma del Capitolio de Estados Unidos dejó cinco muertos.

Se ha llegado al límite de argumentos sofísticos para condenar sin juicio al policía que lamentablemente disparó contra un joven en Cali. Se afirma con ligereza que la vida del agente no estaba en peligro, que la turba que lo perseguía no era una turba, sino personas en el lugar. ¿Qué habría pasado si al policía lo derriban, si hubiera dudado en usar su arma? ¿Qué hacía una turba de jóvenes persiguiendo a un solo policía?

Pero la inquina antigubernamental y de opositores es tal que se perdió cualquier atisbo de sensatez. Cuántas veces, por ejemplo, esos mismos opositores no acusan a las élites de reaccionarias, que las hay, aunque algunos grupos económicos financian periódicos que pudieran confundirse con Voz Proletaria, con el riesgo de ser meros amplificadores de organizaciones sesgadas que no regatean en conducir al país a un callejón sin salida.

Ese es el caso de temas como la paz o el asesinato de líderes sociales, en los que se pone contra las cuerdas a un gobierno de por sí confundido. Pero brilla por su ausencia la misma determinación contra el narcotráfico, el combustible primario de esas máquinas de guerra y de la muerte de esos líderes.

Es muy curioso que el narcotráfico haya asesinado a directores de diarios y ahora se asuma posiciones ciertamente muy flexibles. El papel de los medios tal vez debe ser un poco más cuidadoso en un país en estado de cuasi guerra permanente. Porque se confunden los sueños de millones de jóvenes y colombianos con los cálculos de opositores semileales o de quienes proponen elegir una ‘junta del pueblo’ para reemplazar a Duque, como, me dicen, han sostenido algunos en el Comité del Paro.

Hoy Colombia sufre de hambre y llora de angustia, y por eso se pide salidas, pero al mismo tiempo se bloquea el país, se lo destruye y se quiere arrodillar al Gobierno y al Estado de derecho. Estados Unidos debe prestar mucha atención a una situación explosiva y cuidar de no caer en los juegos de sus propios atizadores petristas, como los representantes Gregory Meeks o Jim McGovern. Ya se equivocó al avalar sin chistar el lobby progresista de la coca en los acuerdos de paz, aunque no lo reconozca. También con el reciente documento ‘Western Hemisphere Drug Policy Commission’, que está plagado de ingenuidades sobre Colombia y su gobernabilidad. Ahora no puede volver a fallar. Si Colombia se degrada en un conflicto civil de alta intensidad o en manos de tiranos en potencia, el desastre será continental. No serían solo unos cuantos miles de migrantes que llegarían al río Bravo, sino millones, y el peligro de desestabilización de toda Centroamérica. Todo un riesgo para la seguridad nacional de Estados Unidos.

John Mario González

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.