De la Calle y los cultivos ilícitos

De la Calle y los cultivos ilícitos

Le vendría muy bien al exvicepresidente tener autocrítica.

13 de octubre 2019 , 10:55 p.m.

Hace días, Humberto de la Calle escribió un artículo para EL TIEMPO en el que examinó de manera ‘objetiva’ las experiencias que influyeron en la posición del Gobierno en La Habana en materia de drogas y cultivos ilícitos. Agregó que, a la luz de su revisión, la “agresiva descalificación de lo acordado es injustificada”. No sé a quiénes se refiere. Si a los que cuestionan toda la negociación con las Farc o a quienes la apoyamos, pero nos parece un desastre el punto de las drogas, por lo cual comenzamos a controvertirlo desde octubre de 2014.

No puede pretender De la Calle gozar de inmunidad frente a semejante daño para el futuro de la nación, que tomará lustros, tal vez décadas, en reversarse. Le vendría muy bien al exvicepresidente tener algo de autocrítica, como la que le faltó cuando, con su beneplácito, se aprobó el viejo artículo 108 constitucional que produjo el descalabro de los partidos políticos y la gobernabilidad en los años 90. O como cuando, siendo embajador en la OEA, en el 2001, anunció que la aprobación de la Carta Democrática Interamericana sería el antídoto contra cualquier dictadura en el hemisferio. De nuevo, se equivocó, como lo mostraron más tarde los casos de Honduras, Venezuela o Nicaragua.

En el caso de los cultivos ilícitos, comete numerosos errores que decepcionan y reflejan gran improvisación. En primer lugar, el documento que cita de la Universidad de los Andes, ‘Una evaluación del plan de consolidación integral de La Macarena’, era un examen apenas parcial. En segundo lugar, el documento realmente no es una evaluación, sino una descripción de la estrategia que siguió el Gobierno para la región de La Macarena, en la que el componente de drogas no alcanza a sumar seis páginas. ¡No puede ser que la estrategia de drogas hubiera estado soportada fundamentalmente en seis páginas!

Como tercer punto, y aunque dice que para 2008 La Macarena mostraba una importante reducción de los cultivos ilícitos, olvida subrayar que no hay comparación porque la estrategia antidrogas para entonces combinaba la aspersión aérea, la erradicación manual y la sustitución voluntaria. En el acuerdo de La Habana, la aspersión quedó prácticamente proscrita.

En cuarto lugar, aunque la metodología y el análisis hubieran sido correctos —que no lo fue—, no significaba el éxito de la fórmula al trasplantarla a otro contexto. En otras palabras, salta a la vista que no se pueden comparar los recursos del Estado para un plan piloto de 29.200 kilómetros cuadrados, en una época además de bonanza petrolera, con lo que se necesita para atender 600.000 o 700.000 kilómetros cuadrados.

En quinto lugar, aunque cita la conclusión de Daniel Rico, una persona seria, en el sentido de que “el papel del cultivo en toda la cadena del narcotráfico no tiene la mayor incidencia”, están equivocados los defensores de tales posturas. Pensar que en la lucha contra el narcotráfico se puede atacar solo un eslabón de la cadena es no comprender el fenómeno. Con esa perspectiva, se le está quitando al Estado su capacidad disuasoria, se lo expone al chantaje y se lo coloca, a nivel del campesinado, a competir contra los narcotraficantes que hacen ‘una mejor asignación de recursos’.

Los argumentos son innumerables y los resultados están a la vista de todo el mundo. Lo que falta es espacio para abundar en ellos porque, aunque sigan insistiendo, la sustitución voluntaria de cultivos ilícitos es un fracaso anunciado, como lo dije hace más de dos años. Hubiera bastado con preguntarle a Enrique Santos por lo que le contó el ‘Mono Jojoy’, que “cuando les propusieron [a los campesinos] cambiar de cultivo ‘casi se sublevan’… por lo que las Farc no iban a echarse encima a la gente”. Se hubieran ahorrado la retórica del acuerdo del teatro Colón, en la página 102, según la cual “las Farc contribuirán a la solución de los problemas de los cultivos ilícitos”.

JOHN MARIO GONZÁLEZ

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