Cinismo

Le faltó decir al senador Marulanda que prepararán compotas y gelatinas de coca.

03 de agosto 2020 , 09:25 p. m.

Tiene razón la Farc cuando reclama por el asesinato de más de 200 desmovilizados. Es una tragedia que enluta el presente y el futuro del país, con la que se solidarizan no solo los fundamentalistas de la paz, sino también todos los colombianos que la defendemos. Lo que es insultante es que la Farc, que le hace conejo al acuerdo de paz en cuanto a las drogas, que presionó por un arreglo en la materia que sabía iba a fracasar, ahora no tenga el valor de reconocer que son víctimas de su propio invento. Es que son las venganzas y las disputas de narcotráfico las razones detrás de muchos de sus muertos.

¿O acaso no es esa la razón del traslado de los excombatientes de la Farc de Ituango a Mutatá? ¿No fue en eso que estuvieron involucrados desde los años 80 en la combinación de todas las formas de lucha? ¿No era a eso a lo que se refería el ‘Mono Jojoy’ cuando le decía a Enrique Santos que no iban a echarse encima a los campesinos porque les propusieron cambiar de cultivo y casi se sublevan? Está bien que Timochenko y su camarilla quieran engordar y vivir tranquilos, pero también basta de tanto cinismo.

Es la misma desfachatez de quienes metieron al país en ese fracaso que se llama sustitución voluntaria de cultivos ilícitos, a cuyo nombre pierden sus piernas y la vida decenas de nuestros soldados, policías y civiles. Un señor de esos, muy orondo, confesaba el otro día, entre líneas, que seis páginas de una evaluación de la Universidad de los Andes, en realidad una descripción, apenas parcial, sobre el plan de consolidación de La Macarena fue el soporte del cálculo para la negociación del capítulo de drogas en La Habana. Ahora, cuando la guerra del narcotráfico arrecia de nuevo en La Macarena, seguro no dirán nada. Solo se les escucha reclamar por el asesinato de desmovilizados y líderes sociales, cuando debieran denunciarse a sí mismos.

Pero como el cinismo se da silvestre y es proporcional a la sociedad que lo tolera, ahora el senador Iván Marulanda anuncia un proyecto dizque para legalizar la cocaína. Es increíble. Es de una ingenuidad sin límites cuando argumenta que el Estado comprará toda la hoja de coca, que calcula cuesta unos 2,3 billones de pesos. ¿Acaso quiere el senador competir con los narcos para elevar el precio de la coca y que los campesinos sean sus víctimas porque prefieren vender al Estado? ¿Ya calculó el incremento de hectáreas de coca y el impacto en el desplazamiento de los cultivos tradicionales?

Debería saber el senador Marulanda que el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones y que, aunque aduzca que se comprará la hoja de coca de los cultivos georreferenciados por las Naciones Unidas, su iniciativa contraviene la convención contra el tráfico de estupefacientes de 1988. Debería saber también que Perú intentó empadronar a los cultivadores de coca desde los años 50 y fracasó estruendosamente.

Es muy curioso que el senador sea tan presuroso al citar ejemplos de Uruguay, Canadá o Portugal como casos de éxito de legalización, pero a la vez sea tan impreciso. Se le olvida mencionar que Uruguay ha terminado por crear un turismo cannábico, que la tal legalización creó, paradójicamente, un segundo mercado ilegal, que los cultivadores desvían parte de su producción hacia el mercado negro, pero, sobre todo, que ninguno de los tres países se hubiera atrevido a mencionar la palabra legalización si tuviera los problemas de ilegalidad y orden público de Colombia. El colmo de Marulanda es que diga que parte de la hoja se dedicará a la elaboración de galletas, harinas, tortas y sopas; solo le faltó compotas y gelatinas de coca.

Está bien que el senador sea soñador y hasta vaporoso, pero debiera algún día aterrizar, al menos en Bogotá. Para que sepa, allí gobierna su partido. En una ciudad infestada de narcotráfico y microtráfico, pero sin narcotraficantes, porque no los capturan o ni los persiguen.

John Mario González

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