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¡No obliguen a la gente al trabajo presencial!

¡No obliguen a la gente al trabajo presencial!

Lo más acertado en este momento es la flexibilidad, y lo más equivocado, la imposición.

28 de septiembre 2021 , 08:00 p. m.

El trabajo es bastante pesado para dos community manager que laboran actualmente para una entidad pública, pero lo han logrado sobrellevar desde su casa durante la pandemia. Ahora, sin embargo, se preguntan por qué las obligan a volver a la oficina si han demostrado durante un año y medio que pueden trabajar perfectamente de forma remota.
(Lea además: Un nuevo verbo en Colombia)

Ellas no quieren montarse a un sistema de transporte masivo cada vez más lleno; saben que ir a la oficina les supone casi dos horas de viaje al día y que van a gastar más dinero, no solo en transporte sino en almuerzo. ¡Y no hay razón para tener que regresar a la oficina, dicen! Es la gana de verlas sentadas allí, como antes, mejor dicho, como siempre.

¿Por qué se está imponiendo ese regreso del personal público –también privado– a los puestos de trabajo? Esa no es la mentalidad de un país que, según su presidente, va en el camino correcto “para convertirnos en el Silicon Valley de América Latina”. La respuesta más segura es que con el trabajo presencial vuelve a circular dinero en la calle, se ayuda a las personas que ganan el sustento de manera informal y se apoya a todos aquellos que viven del comercio. Esa premisa, empero, dista mucho de la renovación mental que todos nos deberíamos proponer. El cambio no se da regresando al pasado. En Bogotá y Medellín, por ejemplo, se respira mugre y un tráfico que enfurece; entonces: ¿por qué no permitirles, a los que pueden, seguir trabajando bajo su techo?

Lo más acertado en este momento es la flexibilidad, y lo más equivocado, la imposición. Aunque con un número menor de víctimas diarias, el covid-19 sigue enfermando y matando, y la batalla está lejos de ser superada. Aumentar la productividad y promover el bienestar del trabajador es el estado ideal que deberíamos buscar en la actualidad. Los modelos híbridos para el trabajo en casa y presencial son bienvenidos.

Un título reciente de El Universal de México llamó la atención: “Regreso a la oficina hace subir el precio de los perfumes: todos quieren oler rico”. Y sí, muchos seguramente quieran regresar a su cubículo porque extrañan ese contacto físico con los compañeros, porque el trabajo en casa ha sido muy duro, pero oler rico no es el punto: sí lo es convencerse de que este mundo ya es otro, y que la gente y las empresas comprobaron, a las malas quizás, una nueva forma de funcionar.

P. D.: Las community manager de las que hablo al comienzo son contratistas y solo por esa razón no pueden ser obligadas a acudir diariamente a un puesto de trabajo. Mejor no mencionar sus nombres. La violación a las condiciones laborales de los contratistas colombianos es historia patria.

JAVIER BORDA
Twitter: @javieraborda

(Lea todas las columnas de Javier Borda en EL TIEMPO, aquí)

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