El conejo Uber y la tortuga Gobierno

El conejo Uber y la tortuga Gobierno

La respuesta que damos como país es incómoda, parece decir que estamos destinados al subdesarrollo.

13 de enero 2020 , 07:00 p.m.

Cerca de dos millones de usuarios lamentamos que Uber no vaya a seguir funcionando en Colombia desde el próximo 31 de enero. El pensamiento obsoleto del Gobierno queda demostrado al prohibir el funcionamiento de la aplicación, al igual que su incapacidad de enfrentar los avances tecnológicos que se nos vienen estrellando en la cara.

En este país, donde todo se puede, pasó más de un lustro y no fuimos capaces de reglamentar el uso y funcionamiento de una aplicación valorada. Dijo Uber en un comunicado: “Hace seis años fuimos los primeros en ofrecerle a Colombia una alternativa de movilidad innovadora y confiable. Hoy, Colombia es también el primer país del continente en cerrarle las puertas a la tecnología”.

Es una pena que esto haya pasado, sin duda. Y lo es también para la actual bandera estatal de impulsar la economía naranja al tiempo que frena iniciativas que han beneficiado a los usuarios. Sería injusto aquí no nombrar la responsabilidad del gobierno de Juan Manuel Santos, que tampoco le hizo frente al asunto. En defensa de muchos, claro, se puede decir que la decisión de prohibir Uber la tomó la Superintendencia de Industria y Comercio, pero al final la sensación que queda es que el Estado fue literalmente inútil para promover una salida al problema.

En este país, donde todo se puede, pasó más de un lustro y no fuimos capaces de reglamentar el uso y funcionamiento de una aplicación valorada

Como sea, celebra por ahora en esta carrera el gremio taxista, ante una clara desventaja competitiva que veía al compás de nuevas ideas, modelos de negocio y alternativas que permiten el entorno digital. Las personas, mientras tanto, nos quedamos con el sinsabor de no poder contar con un servicio confiable y más seguro y, lo peor, en una pelea que no es nuestra. Porque si en su generalidad el servicio de los taxistas fuera bueno, no tendríamos ningún problema o reclamo que hacer en estos momentos.

Por otra parte, ante el desempleo creciente que se viene registrando en Colombia, no deja de ser inquietante que 88.000 personas que ganaban su sustento por medio de esta aplicación vean obstaculizado su derecho a trabajar. Ellos migrarán naturalmente a otras aplicaciones aún válidas, pero de nuevo la sensación que nos deja esto es que estamos en un país que no entiende lo que pasa en el mundo. Regular es mejor que prohibir, y algo tan básico no ha tenido eco.

Uber, entonces, seguirá corriendo su carrera en otros países, lo cual no quiere decir que la aplicación sea una panacea, porque aquí en Colombia, por ejemplo, se registraron graves casos de inseguridad hacia los pasajeros. El punto es que estas faltas –responsabilizadas en la gente más que en la tecnología– no son comparables en número con todas los que suceden a diario en los taxis. Los usuarios lo sabemos, lo tenemos claro, y anuncios como que no llegarán más taxis de esos llamados ‘zapaticos’ son muy pobres ante las necesidades de los ciudadanos.

El negocio debe ser para todos y no puede ser tan desigual. Pero la respuesta que damos ahora como país es incómoda, parece decir que estamos destinados al subdesarrollo. Caminamos como tortugas a la vez que la tecnología avanza como un rayo que nos enceguece.

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